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ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA

ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA Unas veces, salen sin pedir permiso y te piden que las pongas en algún lugar, como si estuvieras hablando y a las palabras se las llevara el blog. Otras veces, las encontrás en borradores que habías descartado y las ponés así, revueltas, desordenadas, como la ropa vieja que se cocina con lo que quedó de la noche anterior. Palabras que desean tocar, pellizcar, acariciar, poner la oreja y encontrarse con otras que al igual que ellas desean salir de alguna garganta.

martes, 10 de mayo de 2011

Sinfonía inconclusa de los vientres


Una muchacha alquila el vientre.
Su voz suena metálica y desesperada
hijos con hambre esperan en silencio
la dulce música de un pan crujiente

La sinfonía está por comenzar.

La campana de la iglesia se horroriza,
otras muchachas venden sus  hijos
mientras los compradores la escuchan orgullosos
antes de almorzar, cada domingo de misa

escuchen con atención la sinfonía, no la dejen de escuchar

Parejas de mirada triste y manos abiertas
llenan papeles y deambulan perdidos
por una ruta incierta  de biromes y de sellos
que los atrapa siempre ante la misma puerta.

cuatro compases de llanto sostenido, piano piano

Vientres vacíos cantan su dolor
Vientres sin útero murmuran estériles su agonía
Vientres jóvenes se llenan sin hacer el más mínimo ruido
Vientres con historias perdidas, recitan su pasado

Se entremezclan todos en una melodía que suena caprichosa,

Corazones desgarrados laten casi sin aliento
Corazones recién llegados se apuran por vibrar 
Corazones apagados antes de nacer gritan auxilio sin respuesta
 Y luego pasos, y más pasos y más pasos

Todos formando un ritmo sincopado
base de una melodía que tarareamos sin pensar
Bajo continuo de llantos encadenados entre  pianos y fortes que se ceden el turno
Música cotidiana que no deja de sonar

Sinfonía inconclusa

domingo, 8 de mayo de 2011

Tirar al aire...



Una mañana, cuando el sol recién se esté asomando en el horizonte...
vendrá una nave a buscarme.
Una nave fina como la chapita de una gaseosa.
Y voy a irme sin decir nada.
Y cada vez que alguien abra una botella se acordará de mí.

sábado, 7 de mayo de 2011

Acerca del vicio de etiquetar

Hoy etiqueté una foto en el Facebook; creo que fue la primera vez. Intento comprender de dónde me viene la fobia de etiquetar fotos en el Facebook. Siempre lo he sentido como una imposición en el espacio de otro; hay algo que me incomoda cuando veo esa opción y es que siento que “etiquetar” es “molestar”.
Quizás sea porque, el de las etiquetas, es un concepto que atraviesa los temas sobre los que hablo en las clases. Las conocidas teorías del etiquetado, que dicen algo así como que, al mismo tiempo en el que estás etiquetando a un niño, lo estás construyendo: “malo, eso no se hace”; “siempre el mismo torpe”; “tenía que ser él, el que tiró la leche”; “¿quién es la más bonita y/o la más inteligente?”. Y los niñ@s responden a esas etiquetas porque es el pincel que los va visibilizando. En el mundo de los adultos ocurre lo mismo; en cualquier grupo, nunca faltan: el obsesivo, la colgada, el trepador, la envidiosa, la charlatana, etc.
Pareciera que no encontramos otra manera de interpretar el mundo si no es clasificando, categorizando. No se trata más que de utilizar las herramientas que nos brinda el sentido común para hacer más sencilla nuestra visión de la realidad. Y en eso sí que se nos va la mano, porque en la sencillez se esconde el riesgo de teñir tan sólo con un trazo a la totalidad de la persona.
En ese riesgo de la clasificación hay una gran mayoría que responden al parámetro de la normalidad. Concepto que hemos creado con unas pocas herramientas a mano; digamos que las estándar. Con “bueno”, “responsable”, “digno”. “coherente”, “honesto”, “agradable”, “trabajador”, “creativo”….y algunas otras, completamos el perfil. La otra parte, se subdivide en minorías que han sido organizadas, en general, desde la carencia o la superioridad. Aquellos que no son como el estándar.
Minorías destacadas, minorías aplastadas, minorías señaladas, minorías sospechadas, minorías alabadas, minorías postergadas, minorías inaccesibles…
Y aquellos que estamos dentro del parámetro estándar, cada vez que queremos salirnos para ver el mundo desde otros lugares, en general, no se nos tiene permitido: “te estás volviendo loco”; “¿qué te pasa, te drogaste?”; “me parece que tanta terapia te está haciendo mal”; “¿pensaste bien lo que estás haciendo?”.
Por eso no me gustan las etiquetas; ni las del Facebook, ni las de la vida. E intento cada día: comprender, para conocer más; abrir hasta donde se pueda; abarcar con la mirada nuevos horizontes; llegar donde cada minoría me permita estar.
Porque creo que sólo así, crecemos; que sólo así, nos enriquecemos; que sólo así, nos hacemos cada día, un poco mejor.
Es un camino posible que me he propuesto; lo ensayo, me equivoco, vuelvo a probar; me equivoco de nuevo, vuelvo a intentarlo…..y así, siempre…

viernes, 6 de mayo de 2011

Los últimos nuncas


Nunca voy a poder maquillarme bien.
Nunca voy a tener las uñas largas y prolijas.
Nunca voy a dejar de tirar el mate cuando estoy en la cama.
Nunca me voy a olvidar algo luego de salir de casa.
Nunca voy a resignarme a que mi marido deje el toallón húmedo sobre la cama.
Nunca voy a dejar de hablar hasta por los codos.
Nunca voy a decir la palabra justa en el momento indicado.
Nunca voy a dejar de estar callada en un ambiente hostil.
Nunca voy a dejar de ser explicativa a la hora de poner límites.
Nunca voy a dejar de ser romántica.
Nunca voy a dejar de ver la vida de colores intensos, aunque sé que hay pasteles.
Nunca voy a dejar de asombrarme por la obviedad.
Nunca voy a decir no, sin dar cien vueltas antes.
Nunca voy a dejar de amar y odiar la tecnología, al mismo tiempo.
Nunca voy a salir a la calle sin peso en la mochila.
Nunca voy a viajar tan sólo con un abrigo.
Nunca voy a lucrar con lo que debería.
Nunca voy a dejar de sentirme alumna.
Nunca voy a dejar de ser una hija obediente.
Nunca voy a dejar de sentir culpa, por si hice algo indebido.
Nunca voy a dejar de necesitar afecto y reconocimiento.
Nunca voy a dejar de amar casi irracionalmente.
Nunca voy a dejar de simular lo tanto que amo, para no apabullar.

Parece que me lo hubiera propuesto, pero no son premisas, ni promesas, ni propósitos.
Son sólo imposibilidades.
Hoy empieza la lista de “quizás” y mañana la de “siempre”.

martes, 3 de mayo de 2011

Belinda y el vendedor de globos

La encontré entre mis archivos. En realidad, la daba por muerta. Le di vida hace unos años y recuerdo que durante ese tiempo me llenó de satisfacciones. Hasta que tuve que ponerme seriamente a encontrarle un final. Y no pude. No pude hacerla feliz, ni prometerle que las cosas iban a mejorar. Habíamos llegado al punto del éxtasis cuando la casé con Alfredo, el vendedor de globos. Pero si la historia quedaba ahí, no iba a ser más que otro de los tantos cuentos de colorines y colorados con dibujos para pintar.

Me encontré en una encrucijada que había nacido el mismo día que pensé en ella y en los posibles lectores: niños y niñas. Sin embargo, cuando después del feliz casamiento empezaba la convivencia entre Beatriz y Alfredo, las cosas se complicaban. Y como le sucedía a Pirandello con sus seis personajes en busca de un autor, esta pareja no hacía nada para facilitar mi escritura. Porque los verdaderos problemas hacían foco en la intimidad, a pesar de mí y de mis intenciones.

Recuerdo que lo que más me asustó en ese momento, fue el extraño poder que cobraba mi “pluma”. Y cuando me dí cuenta que podía matar a alguno de lo personajes o quizás, a los dos, de una muerte trágica, si así lo quisiera, abandoné los ocho capítulos que los habían hecho felices, impresos en un cajón y guardados en un archivo digital. Pero tanto el uno como el otro vivieron estos años, de riesgo en riesgo. Hasta me parece que quería que el azar tomara las decisiones y que de una vez por todas, se perdieran.
No fue eso lo que sucedió. Al igual que en una Mamuschka, encontré el archivo en una carpeta, que estaba guardada dentro de otra carpeta, en la que había otra carpeta, que tenía otra carpeta, la que guardaba este archivo.

Quizás hoy, desde este blog, pueda ir reconstruyendo la vida de estos dos personajes que aún no sé bien a qué mundo pertenecen. Si es que hay un mundo categorizado, al que se puede entrar sólo mostrando el documento.

Bosquejo del personaje principal:

Nombre: Beatriz Linares Dambrosio.
Edad: 38 años.
Origen: Argentina, de padres italianos.
Estado civil: soltera
Profesión: Profesora de matemática.

Algunos rasgos: Beatriz no toleraba las sorpresas, ni los imprevistos, por lo que siempre tenía todo calculado. Horarios de salida y llegada a cualquier parte, recorrido de colectivos y trenes, días de atención en consultorios y negocios, costo de los insumos mensuales. Y como no le gustaban las impuntualidades, rechazaba todo programa televisivo que se retrasara, así que sólo se limitaba a ver los Discovery, los History o los National.

También tenía previstos los días en los que le tocaba llorar, porque consideraba que las lágrimas la depuraban. Eran los jueves por la noche. A la tardecita, cuando salía del colegio pasaba por el video club y se alquilaba películas románticas, de esas en las que el muchacho está enfermo de un cáncer irreparable; o de alguna muchacha abandonada por su amado, quien la deja por su mejor y más querida amiga. Tampoco faltaban los personajes con infancias terribles o aquellos que viajaban en el tiempo, se enamoraban y luego de encontrar la felicidad debían volver a su vida actual. Desgarros amorosos, penas incurables que la dejaban exhausta y finalmente dormida con los ojos hinchados pero a la vez, gozosos.

Beatriz Linares Dambrosio era, además, previsora. Dije que odiaba las sorpresas y los sobresaltos. Por lo tanto, también tenía la costumbre de preparar, desde el inicio del año, cada uno de los regalos que haría para los cumpleaños de sus más allegados, que no eran muchos, pero con quienes la unían algunos compromisos. A saber:
la única tía que le quedaba viva;
dos vecinas, viudas y solícitas, siempre alertas para cubrir cualquier necesidad o urgencia;
su madre con la que tenía algunos problemillas de la infancia;
la secretaria del colegio que era casi tan eficiente y abnegada como ella;
el profesor Departieu que daba esas clases de biología tan interesantes desde hacía más de cuarenta años y sin equivocarse, como si la ciencia jamás hubiera avanzado ni retrocedido.
Y algún que otro ex alumno agradecido por lo útil que había sido para él la trigonometría – un arte al que a Beatriz le apasionaba -, o la raíz cuadrada – que casi la hacía entrar en éxtasis los días que la enseñaba.

Para Beatriz la vida era como una operación matemática. Si las cuentas se resolvían con inteligencia, nada podía quedar librado al azar. Sin embargo, cada mañana, luego de su estricta rutina, acomodaba, arriba de la mesa en la que se tomaba su tazón de café con leche, las migas de las tostadas, en forma de corazón.

Continuará……¿?

sábado, 30 de abril de 2011

viernes, 29 de abril de 2011

MEMORIA Y OLVIDO

Entré al bosque.
Llevaba la capa roja que dejaría en la casa abandonada; había llegado la hora de hacerlo.
Los ruidos y la oscuridad que me rodeaban ya no significaban un peligro para mí. Y el lobo acechándome detrás del árbol me traía sólo los viejos recuerdos de aquella primera vez en la que apenas pude huir con la capa maltrecha.
De todos modos, intenté imaginarlo y no podía verlo más que como un niño ansioso y juguetón….¡con el terror que me había provocado dentro de la lujuriosa y solitaria cabaña!
Los aromas del bosque me despertaron una imagen que durante mucho tiempo amenazó mis noches de adolescente. Era la culpa de haber desobedecido los lógicos, únicos y adecuados consejos de mi madre.
¡Pobre mi madre!; ella, que sólo quería protegerme hasta de los peligros más tontos. ¡Cómo no entenderla hoy! Cuando una es madre, siempre encuentra peligros acechando alrededor. Casi siempre con cara de lobo, pocas veces con forma de canasta.
Sin embargo, ella jamás pudo advertir el peligro de mi capa; le había llevado tiempo confeccionarla y lucía tan bien en mi cuerpo sin formas.
Como pude, la conservé conmigo hasta aquel día, pero ya era tiempo de dejarla.
Las capas son para quienes sienten el acecho inminente de bocas que te tragan.
Las capas son para quienes ven en el bosque, un misterio a descubrir.
Yo preferí quedarme con la canasta que me acompaña desde hace tanto tiempo, porque cuando uno mete su mano dentro, siempre hay algo esperando sorprender.
Gracias a la memoria y el olvido.
Y así seguirá siendo hasta mi eternidad.

lunes, 25 de abril de 2011

Me presento


Me presento.
Soy mi padre y mi madre.
Soy mis hijos y mis sueños.
Soy un poco vos, un poco los otros.
Soy mis fobias y mis miedos.
Soy el abuelo de mi abuelo.
Soy  mi íntimo enemigo.
Soy lo que dicen que soy y a la vez, nada de eso.

A veces soy ciudad, pero casi siempre, pueblo.
Soy gitano entre los sabios y sabio en terreno ajeno.
Soy la noche en pleno día y por eso, soy silencio.
Soy nacimiento y soy muerte, como todos, ya sabemos.
Soy unos niños perdidos entre adultos que murieron.
Soy costumbre. Soy rutina. Soy encuentro y desencuentro.

 Soy un buscador de fe y recolector de religiones.
Soy pastor de ovejas negras y lobo en bosques sin dueño.
Soy bruma, sol, viento y escarcha.
Soy héroe, víctima y nadie. Todos, al mismo tiempo.

Me presento.
Cada vez que miro, me presento.
Una y otra vez para saber quién soy.
Y no me encuentro.  

Juegos y juguetes

Palabras  - piezas para armar de grandecitos..

1 – Mis ladrillos: juguete tradicional utilizado, en este caso, para construir discurso...

  • De acuerdo con lo que quiso decir el autor.
  • Conforme a los nuevos paradigmas.
  • En el marco de la ley.
  • Dentro del contexto de la época.
  • A partir de este dispositivo.
  • El trabajo de campo realizado en esta investigación.
  • Teniendo el cuenta el objeto de estudio….

2 – El rincón de la casita: lugar cálido donde se juega la vida....

                                 
  • Hacete unos mates.
  • Estoy reventada.
  • Hoy no tengo ganas de hacer un carajo.
  • Una duchita y me despierto,
  • ¿Qué hacés hoy a la noche?,
  • ¡Justo estaba pensando en vos!
  • ¿Tenés un rato para un cafecito?

Nana para un hombre adormecido

Te invito a que me busques otra vez,
y visites mis nuevas ternuras,
a que abras mi puerta sin llaves,
y te sirvas de mí, con locura.

Te invito a quererme otras veces,
a ver en mis ojos, tu calma,
a que huelas mi nuevo perfume
Y te quedes, como te quedabas.

Sigo acurrucada donde me dejaste,
esperando sola a que me sientas tuya
a que necesites mi piel para curar tu alma
a que me digas lo que sé con tu boca en mi nuca.

El tiempo no importa, no estoy aburrida
Tengo las palabras, las notas, la vida
Te invito a que pases y te sientas dueño,
que siempre lo fuiste. Y cuides mi sueño.

p.d.: hombres como niños...entonces, nanas...

sábado, 23 de abril de 2011

Los a veces y los descubrimientos

  • A veces creés que el otro no quiere; pero cuando descubrís que, en realidad, no puede, recién empezás a verlo.
  • A veces creés que los otros no te registran; pero cuando descubrís que sos vos la que ponés distancia, te aflojás y te predisponés a recibir.
  • A veces creés que esos otros tan importantes son inalcanzables; pero cuando descubrís que también cagan, salís a comprar papel higiénico cantando en voz alta. 
  • A veces creés que esas miradas te juzgan; pero cuando descubrís que sólo te escuchan juzgando lo propio, por fin hablás sin culpas.
  • A veces creés que los que golpean fuerte sobre la mesa, tienen certezas; pero cuando descubrís que golpean sobre sus propias inseguridades, te dan ganas de abrazarlos para que se recuesten en vos.
  • A veces creés que los que no dicen nada, son callados por naturaleza; pero cuando descubrís que no paran de hablarte con la boca cerrada, rezás para que estallen de una vez por todas, sólo por su bien.
  • A veces creés que los que retan, insultan y desprecian no le tienen miedo a nada; pero cuando descubrís que eso es lo que han vivido de niños, los acunarías para que aprendan el calor de un mimo.
Me gustan los a veces y los descubrimientos, porque te ayudan a deshojar las capas de viejas certezas. Entonces siempre hay un margen de error que nos desvía de la omnipotencia de la madurez. No me gustan los siempre y los nunca porque no tienen sorpresas y todavía quiero asombrarme.
Quizás mañana reciba un huevo de pascuas de alguien que no esperaba.

viernes, 22 de abril de 2011

SER DOCENTE l


Soy un nervio vivo. Siento acá, las cosas que me pasan, me atraviesan. Me conmuevo, me asombro, me ilusiono, me proyecto, mi inundo de emociones, creo en cambiar el mundo. Mi psicoanalista me lo dijo el día que me conoció. Mi romanticismo distorsiona mi visión del mundo. Pero cuál es la visión correcta, me pregunto. Cada día que entro a dar una clase siento la ilusión de que, aunque sea un alumno, va a sentir la responsabilidad y el placer que significa ser docente. Cada vez que entro al Ministerio me conmueve pensar que estoy trabajando para mejorar la educación de nuestro QUERIDO PAÍS.
(Sé que un poco de oscuridad al relato no le vendría nada mal; un toque de desencanto, de hastío, de existencialismo. No, esta vez. Lo lamento joven lector).
Leo las evaluaciones que me llegaron desde La Pampa, cuando tuvimos tres días intensivos de talleres con docentes. Allá fui, en el mes de febrero, con mi costilla rota – producida por ese romanticismo que a veces me juega en contra -; con mis valijas a cuestas, llenas de libros y de telas, de sombreros y de cintas. Sabía que era una locura. Me lo decían, me lo dije.
Pero hoy me siento feliz de haber hecho aquel viaje, porque sé que por aquellos llanos de nuestra pampa húmeda, hay docentes que han ambientado nuevos espacios para sus niñ@s; que han utilizado ambientes antes en desuso para darle lugar a los lenguajes artísticos; que han recibido al otoño sin ese árbol de papel afiche con hojas cayéndose, amarillas y en cambio, se han sacado fotos en los árboles del lugar…con ese maravilloso Caldén que tienen por árbol; que están pensando en aquellas preguntas que quedaron resonando en el aire: ¿qué docente necesita el niño, hoy?, y ¿en qué niño piensa el docente cuando realiza una propuesta?
La docencia es un arte que no deja de maravillarme. Si. Sin dudas, la docencia es un arte. Es pasión, es amor, es entrega.
Y en respuesta a lo que muchos de los que leen deben estar pensando: me gusta ser ingenua y no haber madurado, porque, a veces, con la madurez, llegan:
el desencanto,
el reparo,
la sospecha,
el resguardo,
la tibieza,
la llovizna,
la soberbia,
la sabiduría.
Y yo no sé nada.

Cambios


Estoy sola. Me levanté tarde porque estuve con la compu chateando con amigos, escribiendo y dibujando. No almorcé; sólo unos mates y unos cereales. Caminé muchas cuadras, mochila en el hombro para hacer ejercicio y llegar a su casa sin tomar el subte. Ella me esperaba como lo hace últimamente, con sabrosa comida casera. Me saco los zapatos antes de entrar. Me sirve guiso de lentejas con arroz yamaní, torta de zanahorias y mates con semillas de hinojo. Comida calentita, sana, artesanal.
Me escucha, un poco aturdida, acerca de todo lo que tengo para contarle. Mis proyectos, mis amigas, mis dolores, mis dudas y mis miedos. También me cuenta cómo va su vida. Me encanta verla, abrazarla, admirarla. Al rato me pide que me vaya, porque es hora de ponerse a estudiar. Me encanta que me lo diga; entre nosotras todo puede decirse; en ese lugar puedo reir y llorar sin vergüenzas ni reparos. Sus masajes quedarán para otro día, en el que no nos dediquemos tanto a comer.
Cuando ella me toca sólo un poco siento cómo todo mi cuerpo se apacigua. Una mano santa, como la de este viernes.
Me voy con un generoso pedazo de torta que mañana me acompañará mientras escriba, en la cama. ¡Me olvidé el guiso de lentejas que me hubiera ahorrado tener que cocinarme algo al mediodía!
Y pienso que estoy asistiendo lentamente al cambio de roles que nos asigna la vida. Hasta hace no mucho tiempo, yo la acunaba, la amamantaba, le curaba los dolores, la retaba. Hoy es una mujer y yo, una niña. Lila, mi amor

jueves, 21 de abril de 2011

El rasgueo que aún me acompaña



 Esta es la historia de cómo una tormenta de pájaros en la cabeza pudieron fusionar a Bimbulli con Deep Purple.

En aquella época de los setenta yo tenía un jardín de infantes con mi mejor amiga, Teresita. Le habíamos puesto Bimbulli por un cuento italiano de Mira Lobe que nos había encantado en el profesorado. Y habíamos hecho con nuestras propias manos al muñeco de trapo que era el protagonista principal del cuento, bien grande, para que fuera lo primero que vieran los chicos cuando entraban. Si bien nuestro entusiasmo era enorme, el proyecto de Bimbulli no duró mucho tiempo, dada nuestra joven edad y los pajaritos que en ese año rondaron por nuestras cabezas.
Vivíamos con mi amiga en una habitación de la parte de arriba y por las noches yo ensayaba una obra de teatro para niños, por lo que el jardín se transformaba en una sala de ensayos en la que cantábamos una y otra vez los temas musicales de la obra “Entre pitos y flautas”, casi obsesivamente, con todo el elenco.
Una tarde de fin de semana llegó al jardín el amigo de uno de los protagonistas de la obra. Yo lo había visto una vez y sabía que muy simpático, no era. Apareció con un guitarrón de doce cuerdas que me sorprendió sobre manera; casi ni me saludó; se pusieron entre los dos a afinar el guitarrón y luego este flaco, entre engreído y soberbio, tomó la guitarra y tocó la introducción de Smoke On The Water de Deep Purple. Ese rasgueo y algunos otros que le escuché prendieron una mecha que quedó guardada en algún espacio de mi cuerpo; pero no era adecuado pensar en esos acordes, ni en su soberbia, ni en mi deslumbramiento, pues mi situación sentimental estaba ligada, en ese momento, al protagonista de la obra, que cantaba con una voz muy dulce y tenía unos ojos celestes que verdaderamente cautivaban.
Tiempo después y, luego de que el protagonista de los ojos celestes se casara con mi mejor amiga - dando cuenta de que los pajaritos cuando se ponen a revolotear, a veces, hacen mucho ruido - nos volvimos a encontrar.
Y ni bien lo vi, los acordes de Purple volvieron a mi mente inundando mis venas. Y me enamoré perdidamente. Para toda la vida. Sólo que al poco tiempo descubrí que esos acordes eran los únicos que sabía tocar, pero ya era tarde y no importaba.

martes, 19 de abril de 2011

¡¡Festejo por las 1000 visitas!!

Miles de sueños, miles de penas, miles de alegrías, miles de momentos, miles de mates, miles de miedos, miles de preocupaciones, miles de alumnos, miles de días, miles de arrugas, miles de dolores, miles de sabores, miles de aromas, miles de milanesas, miles de enojos, miles de ideas, miles de miradas, miles de chistes, miles de insomnios, miles de entusiasmos, miles de amores, miles de mascotas, miles de dedicatorias, miles de paseos, miles de miles de miles de palabras, miles de horas, miles de libros, miles de canciones, miles de enjuagadas, miles de películas, miles de espacios, miles de lugares, miles de pizzas, miles de empanadas, miles de preguntas, miles de peinados, miles de colores, miles de dudas, miles de sonrisas, miles de carcajadas, miles de duchas, miles de lágrimas, miles de panes, miles de llantos, miles de tristezas, miles de nostalgias, miles de asados, miles de diversiones, miles de iras, miles de kilómetros, miles de abrazos, miles de besos, miles de pasos, miles de esperanzas.
Todos, en una vida.
¡Gracias por compartir este espacio que me envuelve de alegría!

lunes, 18 de abril de 2011

DOSIFICAR LA GULA


Hay objetos perdidos que por algún motivo se instalan en la memoria caprichosamente visitándonos ante la más mínima provocación. Y si nos dieran la propiedad de recuperarlos a cambio de alguna otra cosa, seguramente nos encontraríamos negociando lo inesperado.
Recuperar aquel par de botas blancas de charlol, abiertas atrás y con tiras que se cruzaban; aquella túnica hindú de la década del setenta; el piano que me regalaron a los ocho años; el pullover gordo turquesa, lleno de ochos que me tejió mi madre; el mini short y el maxi saco que llevé a Bariloche en viaje de egresados; “mis ladrillos” de goma; todos y cada uno me producirían un enorme placer.
Pero jamás, jamás, podría sentir la profunda emoción que me invadiría se pudiera recuperar aquellas planchas con figuritas abrillantadas que me compró mamá en una casa mayorista y que guardó en el sótano del edificio para dármelas dosificadamente, así no me empachaba de ellas y podría ir disfrutándolas de a poco, sin gula. Y nunca más volví a verlas porque cuando las fuimos a buscar se habían humedecido y pegado formando una sola pieza.
Si lo lograra, volvería al preciso instante en que las tuve sobre la mesa, las admiraría en su conjunto, plancha por plancha y luego las comenzaría a desprender unas de otras y las acomodaría en el libro de poesías que utilizaba para cantar canciones cada vez que iba al baño. Dos en cada hoja, o tres, depende del tamaño. Y las miraría cada noche y no jugaría con nadie ese juego de apostar si están para arriba o están para abajo, porque no podría arriesgar tan siquiera una.

domingo, 17 de abril de 2011

Domingo lluvioso



Tomar mate con facturas
Ver películas,
Calentar un poco el agua y cambiar algo de yerba
Tomar mate y retomar la película.
Ver Friends mientras tomás envión para levantarte,
Engancharte con una película empezada que retrasa tus decisiones.
Dejar que los ojos vayan cayendo al sueño de media mañana.
Despertarte con la tele prendida, apagarla.
Levantar correos, ver qué pasó en Facebook.
Escribir ciento treinta y nueve caracteres en Twitter.
Ver Friends mientras tomás envión para levantarte.
Llenar la pava con agua y calentarte unos mates con yerba nueva.
Volver a la cama a esperar que pare la lluvia un poco.
Acurrucarte ante el sonido y echar una siestita de diez minutos.
Ver una película en Cuevana.
Dejarla cargando, mientras lees algunas páginas del libro.
Chatear con alguno que está igual que vos.
Calentar el agua de nuevo. Ir al baño.
Comer algo de lo que quedó de ayer. Pensar en cocinar.
Seguir pensando en otras cosas.
Ver Friends y ponerte el límite de que cuando termine, vas a hacer algo.
Trabajar un poco en la cama, dibujar.
Recordar cuando los chicos no te permitían esas licencias y acurrucarte aún más.
Pensar en los días agitados de la semana y hundirte en el colchón rodeada de almohadones.
Hacer zapping, apagar la tele.
Hacer programa para la tarde, unos llamados telefónicos sin mucho entusiasmo.
Dibujar, escribir, dar vueltas y encontrar otras posiciones aún más cómodas.
Prender la tele, ver Friends y ahora sí, cuando termine la escena en la que Chandler se casa con Mónica y Rachel se queda pensando en que está embarazada de Ross, te levantás para calentar el agua y hacerte unos ricos mates.

viernes, 15 de abril de 2011

De juicios y de rubias

De pronto conformás un nuevo grupo de gente con quienes compartir algunas horas por semana para realizar una actividad determinada. No las conocés. No te conocen. Conversás sólo en el tiempo del recreo. Intercambiás unas frases, unos pareceres.
Opinás acerca de los hombres y las mujeres, cositas sencillas mientras compartís unos mates, unas primeras miradas y algunos decires, como quien habla con un desconocido en el ascensor. Comentarios que van haciendo que el otro vaya construyendo sobre vos, alguna idea. Y de pronto te encontrás con alguien que juzga tu opinión como si te conociera de toda la vida y te dice que tenés preconceptos; y lo dice con seguridad. A diferencia de vos, esa persona es conocida, importante, por lo que su palabra tiene una ventaja: la de haber demostrado a lo largo de su obra, sus desprejuicios. Ella es transgresora en todo lo que hace; no respeta consignas, le gusta desafiar hasta la más mínima acción. Y sentís su juicio como una sentencia.
Y como conocés acerca de algunas teorías que hacen a las relaciones interpersonales, adivinás que tu etiqueta se ha comenzado a construir. Y en un momento determinado, casi intentás revertir la situación y explicar que el concepto de ella sobre vos, también está construido en base a sus preconceptos. Y que no hay mayores preconceptos que aquellos que nos brindan las certezas. Y que la certeza nos enquista, nos endurece. Y que si siempre transgredís las normas, estás bajo las garras de otra norma que es la de transgredir.
Pero te das cuenta que no vale la pena. Que estás sólo en el recreo de una actividad. Y que tu aspecto de rubia tonta es un problema que no te pertenece.

miércoles, 13 de abril de 2011

Irrupciones de la vida cotidiana

En los días intensos y emocionantes que nos recuerdan el privilegio de los buenos lugares a los que hemos llegado, la vida cotidiana suele meterse irreverente, sin pedir permiso ni respetar horarios, aunque estés en medio de un encuentro nacional con doscientas maestras de todo el país y a instantes de que el Ministro ingrese en el salón.
Suena el celular en medio del encuentro y desde la inmobiliaria me dicen que tengo que realizar un trámite urgente porque si no me cortan la luz. Me piden que envíe con urgencia mi documento escaneado antes de que cierre Edenor, o sea, “ya”. El Ministro está por entrar.
Pienso “no tenemos escáner en la oficina, estoy en el encuentro, no puedo salir a buscar un lugar”.
Una amiga tecnológica y joven me dice “le sacamos una foto con el ipod y lo enviamos por mail desde mi netbook”.
Ella comienza a realizar la operación, pero la llaman porque tiene que preparar su presentación. Me pide que termine yo, que es muy sencillo.
Entro en Hotmail, voy a “adjuntar archivos”; veo las fotos en miniatura; diviso mi documento. Le doy clic y lo envío con pocas explicaciones.
Un poco más tranquila, abro el archivo de la foto para ver si salió clara y me doy cuenta de que envié el documento de mi amiga, que tiene la mitad de mi edad, no se me parece físicamente y lo que es aún peor “tiene otro nombre”; la situación es irremediable. En el momento que estoy por corregir el error, mi amiga me pide el módem. Me quedo sin internet.
Está entrando el Ministro, la gente aplaude, comienzan las palabras. Yo pienso en la de la inmobiliaria recibiendo el documento equivocado. Me voy a quedar sin luz si no lo soluciono. Las maestras emocionadas con las palabras del Ministro… la entrega de ludotecas, de bibliotecas, “esta casa es de todos”, “todas las escuelas son de la Nación”, “lo que queremos es que vengan a discutir, a disentir, a llamarnos la atención por lo que deberíamos corregir”, “sabemos que hay muchas cosas para hacer, pero lo que más me duele es que digan que no hay salida en Educación, porque es un mensaje de desesperanza”, “sabemos que no estamos en el Paraíso, pero tampoco estamos en el infierno”. Y habla de las escuelas que se hicieron, de los materiales que se entregaron, de todas las cosas que faltan por hacer. Pienso en la biblioteca que estamos por entregar a los docentes del norte argentino y reflexiono acerca de la importancia de estar allí, en ese instante.
El Ministro termina. Todas quieren sacarse una foto con él. Las miro intercambiar sonrisas, risas, la alegría de estar con colegas de la otra punta del país cambiando ideas.
Me van a cortar la luz. Ya no me importa.

domingo, 10 de abril de 2011

La dificultad de ser. De Jean Cocteau

Capítulo: de la lectura
Libro de Jean Cocteau: La dificultad del ser. Ediciones Siruela
Año: 1998
Página 57

Comparto algunos pensamientos de este libro en el que Cocteau, cerca de su muerte y con la guerra en ciernes, reflexiona acerca de los universales de la vida:

"No sé si se leer ni escribir. Y cuando me lo pregunta la hoja del censo, me dan ganas de contestar que no.
¿Quién sabe escribir? Es luchar con la tinta para intentar que nos oigan y nos entiendan.
O cuidamos demasiado la tarea o no la cuidamos lo suficiente. Pocas veces damos con el intermedio que cojee con gracia. Leer es harina de otro costal. Leo. Creo que leo. Cada vez que vuelvo a leer, caigo en la cuenta de que no había leído. Es lo malo de una carta. Encontramos lo que buscábamos. Y con ello nos contentamos. La guardamos. Si la volvemos a encontrar, leemos otra carta que no habíamos leído antes.
Los libros nos hacen las mismas jugarretas. No nos parecen bien si no encajan en nuestro humor del momento. Si nos molestan, los criticamos, y esa crítica se superpone y nos impide leerlos lealmente.
Lo que el lector quiere es leerse. Al leer aquello con lo que está de acuerdo, opina que podría haberlo escrito él. Puede incluso guardarle rencor al libro por quitarle ese sitio, por decir lo que no supo decir él y que, en opinión propia, diría mejor"