Intentás poner la mente en blanco y para eso utilizás los números de uno en uno, de diez en diez hasta que te perdés en alguna imagen que te invade a pesar de tus esfuerzos por contar.
Entonces, en vez de números, pensás en ovejas que saltan una y otra vez aquella verja que te enseñaron de niña. Aceptás la imagen con tal de que las ovejas salten rítmicamente al uno, dos, tres, cuatro. Pero de pronto una de las ovejas es de otro color, otra se tropieza y cae en el barro, otra se transforma en lobo y se ríe como hiena a carcajadas. Y te das cuenta de que tu mente está repleta de colores y el blanco es tan sólo una ilusión y no podrás lograrlo.
Dada la imposibilidad, pensás en sostener una imagen tranquila y agradable y te imaginás flotando en el mar en un día de sol. Y te aferrás a esa imagen lo más que podés, pero de pronto, el sol te quema la piel rabiosamente y la colchoneta se pincha y te comenzás a ahogar.
Intentás reponer la imagen, pero se te filtra la cuenta de gas que no recordás si pagaste y la contadora a la que no fuiste y que no entregaste el informe que te pidieron hoy a la mañana y que tal vez la felicidad que tenés se vea amenazada por alguna desgracia y que puedas quedarte sin trabajo y que el mundo pueda entrar en guerra y la tierra comience a temblar. Y te tranquiliza saber que ya todo está perdido. Y respirás profundo y te quedás dormida.
En los pequeños actos de la vida cotidiana suceden las cosas que verdaderamente nos importan. Las rupturas y discontinuidades que irrumpen cada día son las que hacen que los recordemos a unos, más que a otros. Mi intención en este blog, es la de acopiar historias, relatos, reflexiones, anécdotas, sensaciones que privilegien el día a día, para que alguna vez puedan ser contados.
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ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA
ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA
Unas veces, salen sin pedir permiso y te piden que las pongas en algún lugar, como si estuvieras hablando y a las palabras se las llevara el blog. Otras veces, las encontrás en borradores que habías descartado y las ponés así, revueltas, desordenadas, como la ropa vieja que se cocina con lo que quedó de la noche anterior. Palabras que desean tocar, pellizcar, acariciar, poner la oreja y encontrarse con otras que al igual que ellas desean salir de alguna garganta.
sábado, 9 de abril de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
Quiero ver, quiero ser, quiero entrar
Era una casa vieja que ni se adivinaba desde la vereda. Su pasillo largo y finito hasta el punto de ir contra las medidas reglamentarias estaba repleto de plantas, árboles y enredaderas que hacían que de a tramos hubiera que caminar torcido para llegar, por fin, hasta la puerta. Quizás por eso, nunca se usaban llaves y los que nos conocían entraban por la ventana o, en caso de que la categoría de “conocidos” no fuera tan cercana, tiraban una piedrita al vidrio de la habitación del primer piso, dado que tampoco había timbre.
De muchas habitaciones contiguas que se comunicaban a través de puertas siempre abiertas; de un patio al que se podía salir desde cualquier sector; y con muchas escaleras que, en cada habitación prometían privacidad, la casa era el refugio que habíamos elegido para vivir un largo tiempo y al que soñábamos convertir alguna vez, en algo como ¿dios manda?
Una mañana de domingo, desprolija, repleta de críos que correteaban por ahí sin importarles los proyectos de una casa mejor, ni mis humores de tener que buscar la vajilla en cajas apoyadas en lo que era la base de una futura e incierta mesada, sucedió el milagro.
Mi marido, al verme haciendo malabares en la cocina y adivinando el asomo de un desborde en mi mirada, se dirigió a la habitación de atrás en la que guardábamos muebles quién sabe para qué; y transformó un enorme ropero - ayudado por algunas herramientas, muchísimo ingenio y la misma enorme buena voluntad - en una mesada de cocina, con puertas y cajones, alta como para nosotros y particularmente diferente a cualquier otra que se vendiera en las casas especializadas.
Y en un momento de esa tarde, en la que yo le cebaba unos mates con poca azúcar y mucha culpa, escuché por la radio una canción que desde mis tiempos de soltera, sólo cantaba por dentro. Durante años habían estado prohibidas y aunque ya llevábamos un considerable tiempo en democracia, sería por motivos puramente comerciales que ni se pasaba por la radio, ni se vendía en las disquerías.
Y en el medio de la arquitectura de una vida construida sin instructivos, lloré por los años prohibidos, por los críos que seguían jugando alrededor y por ese hombre que era capaz de hacer cualquier cosa por verme feliz. Mi Cyrano de Bergerac que ataba todo con alambres.
Ensoñaciones
Con las manos en el teclado y la razón en el bolsillo.
Salvajemente bestia de formas y de luces
Entraba enmarañada por las fauces del león
Llevaba calcetines pujantes. Y violines.
Hacía rojas bocas con lápiz de neón.
Mínimamente dulce decía preocupada
Que las estrellas rosas se fueron del colchón
Quedaron nubecitas pegadas en el techo
Lentejuelas que no fueron, antorchas que no son.
Se trata de palabras y redes clandestinas
Que plasman y vomitan con desesperación
Se rizan onduladas en nieblas y tinieblas
Vuelan atormentadas en manos de un gorrión.
Salvajemente bestia de formas y de luces
Entraba enmarañada por las fauces del león
Llevaba calcetines pujantes. Y violines.
Hacía rojas bocas con lápiz de neón.
Mínimamente dulce decía preocupada
Que las estrellas rosas se fueron del colchón
Quedaron nubecitas pegadas en el techo
Lentejuelas que no fueron, antorchas que no son.
Se trata de palabras y redes clandestinas
Que plasman y vomitan con desesperación
Se rizan onduladas en nieblas y tinieblas
Vuelan atormentadas en manos de un gorrión.
jueves, 7 de abril de 2011
Mirada urbana
Cabezas y pies; camperas, gorros y bolsos. Todos subiendo como uno, la marea. Nadie mira, nadie habla, nadie se mueve por sí. Ojos muertos, cuerpos inermes, pies bailando al son de una música interior. Acercamiento lejano de otros cuerpos, muchedumbre solitaria en el hedor. Sin embargo, adivino en esa masa, singulares que piensan en amores y penurias, que tienen hijos, madres, malas sangres, alegrías que piden una cumbia.
miércoles, 6 de abril de 2011
Hoy definimos ojos:
1. Bolitas acuosas que se desactivan al entrar al subte
2. Dispositivos que se utilizan para desarmar mentiras.
3. Joyas que se guardan en cajitas al caer la noche
4. Globos que se desorbitan cuando ruedan las pelotas.
5. Parejas que casi siempre acuerdan en hacer lo mismo.
6. Baldes que aunque se rebalsan siempre siguen llenos.
7. Lanzas que cuando apuntan, no fallan jamás.
8. Par de llaves infalibles para la educación y la crianza.
martes, 5 de abril de 2011
Todos somos artistas
Todos somos artistas.
Cuando tenemos una presión en el pecho a punto de estallar, somos artistas.
Cuando necesitamos decir más cosas a más personas, somos artistas.
Cuando fijamos la mirada en un punto incierto y nuestra imaginación da vida a algo nuevo, somos artistas.
Cuando sentimos, nos conmovemos y necesitamos comunicarlo, somos artistas.
Cuando nuestro cuerpo está inquieto, dubitativo, ansioso, queriendo hacer algo que trascienda, somos artistas.
Sólo que muchos, no lo sabemos.
Y el mercado es un muro. Y los prejuicios, otro. Y los miedos, y la autoestima. Y el qué dirán.
El secreto está en encontrar la herramienta adecuada. Y hasta que ese día llegue, habrá que buscarla denodadamente. Y jugar. Y equivocarse. Y soportar lo feo. Y aceptar la mirada de los otros.
Cuando tenemos una presión en el pecho a punto de estallar, somos artistas.
Cuando necesitamos decir más cosas a más personas, somos artistas.
Cuando fijamos la mirada en un punto incierto y nuestra imaginación da vida a algo nuevo, somos artistas.
Cuando sentimos, nos conmovemos y necesitamos comunicarlo, somos artistas.
Cuando nuestro cuerpo está inquieto, dubitativo, ansioso, queriendo hacer algo que trascienda, somos artistas.
Sólo que muchos, no lo sabemos.
Y el mercado es un muro. Y los prejuicios, otro. Y los miedos, y la autoestima. Y el qué dirán.
El secreto está en encontrar la herramienta adecuada. Y hasta que ese día llegue, habrá que buscarla denodadamente. Y jugar. Y equivocarse. Y soportar lo feo. Y aceptar la mirada de los otros.
domingo, 3 de abril de 2011
Una mancha más al tigre
Holaaa arruguita!! Bienvenida a mi cara; dejá las cosas por ahí y ponete cómoda. Te presento a tus vecinas: las de los ojos, las de la frente y a tus nuevas compañeras, las de los labios. Mirá, en cuanto lleguen unas más va a quedar listo el acordeón, así que mientras tanto andá practicando las actividades cotidianas; sólo un poco de gimnasia a la hora de los besos y los mates.
No…no tengas miedo, nadie te va a hacer daño; fijate qué bien cuidadas están las demás; nada de laser, ni de botox; mucho menos de bisturí. Pero eso sí, andá habituándote a las humedades de las cremas y muuuy de vez en cuando al barro de las termas de Copahue o al de San Marcos Sierra. Vas a tener que disculparme la falta de rutina en la que vivimos; si sos un poco obsesiva tendrás que acostumbrarte a las irregularidades de mi humor. Algunas veces habré de quererte, como hoy, que recién entrás en mi vida y justo estaba recordando lo que mi hijo mayor dice siempre acerca de “las arrugas de la experiencia”; otras, tendrás que soportar las sequedades climáticas a las que te someteré porque no siempre confío en los tratamientos y cada tanto me cuelgo; sobre todo a la noche, cuando el sueño me empieza a fastidiar y todavía no me decidí a buscar los frascos que te disimulan (perdón…no es que sienta vergüenza de vos, pero…los hombres...¿viste como son?)
Como verás, no tenés que preocuparte por tu lenta desaparición. Vas a conocer algunos productos que te ataquen con todas sus fuerzas, pero no pierdas las esperanzas, no tengo la paciencia suficiente para mantenerlos; ni el dinero, ¡que hay tantas otras cosas en qué gastar! Lo más seguro es que te topes con cremas de esos libritos que te dejan en tu casa; a veces se los compro a alguna compañera de trabajo o a la nieta de la señora que cuida a mi papá y no es que no los use, pero lo cierto es que casi siempre aparecen vencidos en el placard del baño y termino tirándolos a la basura.
Dentro de todo sos una privilegiada, porque desde hace mucho tiempo me empecé a preparar para recibirte. Siempre escuchaba que las de los labios, son las arrugas más difíciles de sacar y paso seguido, también me decía que, a pesar de eso, no iba a dejar de tomar mate, ni de dar besos con ruido; o de pronunciar las “u”, que, aunque no te creas son bastante usuales. Mirá….¿no te digo?…¡usuales!, ahí ya tenés dos.
Ni ahí podría dejar de decir: cuento, mucho, tú, puta, puchero, nunca.
Así que, bienvenida a mi cara arruguita, que hoy me encontraste de buen humor y con la firme intención de no perder mi dignidad
No…no tengas miedo, nadie te va a hacer daño; fijate qué bien cuidadas están las demás; nada de laser, ni de botox; mucho menos de bisturí. Pero eso sí, andá habituándote a las humedades de las cremas y muuuy de vez en cuando al barro de las termas de Copahue o al de San Marcos Sierra. Vas a tener que disculparme la falta de rutina en la que vivimos; si sos un poco obsesiva tendrás que acostumbrarte a las irregularidades de mi humor. Algunas veces habré de quererte, como hoy, que recién entrás en mi vida y justo estaba recordando lo que mi hijo mayor dice siempre acerca de “las arrugas de la experiencia”; otras, tendrás que soportar las sequedades climáticas a las que te someteré porque no siempre confío en los tratamientos y cada tanto me cuelgo; sobre todo a la noche, cuando el sueño me empieza a fastidiar y todavía no me decidí a buscar los frascos que te disimulan (perdón…no es que sienta vergüenza de vos, pero…los hombres...¿viste como son?)
Como verás, no tenés que preocuparte por tu lenta desaparición. Vas a conocer algunos productos que te ataquen con todas sus fuerzas, pero no pierdas las esperanzas, no tengo la paciencia suficiente para mantenerlos; ni el dinero, ¡que hay tantas otras cosas en qué gastar! Lo más seguro es que te topes con cremas de esos libritos que te dejan en tu casa; a veces se los compro a alguna compañera de trabajo o a la nieta de la señora que cuida a mi papá y no es que no los use, pero lo cierto es que casi siempre aparecen vencidos en el placard del baño y termino tirándolos a la basura.
Dentro de todo sos una privilegiada, porque desde hace mucho tiempo me empecé a preparar para recibirte. Siempre escuchaba que las de los labios, son las arrugas más difíciles de sacar y paso seguido, también me decía que, a pesar de eso, no iba a dejar de tomar mate, ni de dar besos con ruido; o de pronunciar las “u”, que, aunque no te creas son bastante usuales. Mirá….¿no te digo?…¡usuales!, ahí ya tenés dos.
Ni ahí podría dejar de decir: cuento, mucho, tú, puta, puchero, nunca.
Así que, bienvenida a mi cara arruguita, que hoy me encontraste de buen humor y con la firme intención de no perder mi dignidad
sábado, 2 de abril de 2011
REGLA NEMOTÉCNICA PARA NO OLVIDAR A CARLOS
Lo escribí el día que mataron al maestro neuquino que aún sigue en mi memoria. ¡Cuántas cosas ocurrieron en este corto tiempo que ha tomado la bandera de la justicia para reafirmar el "nunca más!"
Hoy, Carlos.
Mañana, el profesor de Neuquén que protestó por un sueldo.
Pasado, aquel maestro, - ¿de qué provincia era?
Tras pasado, - creo que fue en Neuquén que se armó quilombo con un maestro, ¿no?
Y Carlos se diluirá en nuestras venas, hasta que lo eliminemos con la orina.
Y Carlos sólo será Carlos para quienes sentirán su ausencia en los cuerpos.
El resto, será ficción a la hora de la cena, mientras hacemos zapping con Susana.
Habrá quien tenga el honor de tomar su lugar; aunque casi sin percibirlo, borrará en cada trazo sus restos de tiza y cambiará su olor por otro hasta que ya no se huela a Carlos en el aula.
Habrá chicos que lo lloren y se rían nerviosos, confundidos, por este incómodo tema de la muerte en la adolescencia.
Y nada, nada va a cambiar.
También fuimos Soledad, fuimos Cabeza, aunque finalmente, somos quienes somos una vez que el ruido acaba.
Todo vuelve a su lugar, y Carlos, esta vez sí con apellido, desaparecerá en el bullicio de un lenguaje que es silencio, para unirse a aquel “nunca jamás” que sólo es un quizás, un tal vez, un siempre o casi siempre.
Carlos Fuentealba: me ilusiona pensar que voy a trabajar para que lo antes dicho sea borrado por mis propias manos, e intentaré jugar con tu apellido para que quede sellado en mi recuerdo:
Y serás la Fuente de donde beber ese bendito remedio para la memoria.
Y serás el Alba que me recordará que hubo un profesor que luchó por sus derechos guiando mi tiza, cada mañana, a la hora de la clase.
Mis respetos y mi compromiso para preservarte en mi memoria.
viernes, 1 de abril de 2011
Ella me lo había prometido
Estábamos en un pasillo del colegio de monjas. Yo tenía cinco años y la hermana Crecencia me explicaba que Dios podía aparecerse ante mí, cuando lo quisiera. Y a pesar del miedo que eso me producía, la idea me resultaba atractiva. Ella también me decía que podía hacer los milagros que le pidiera si rezaba suficientemente y fueran absolutamente necesarios.
Me fascinaba la hermana Crecencia porque era como la misma Virgen; muy superior a aquellas que se encontraban colgadas en los cuadros o en las estampillas. De carne, hueso y perfume a violetas, tenía la tez blanca y una piel suave como jamás he vuelto a ver. Hermosa hasta el punto en que uno pensaba que no era cierta. Yo creía en todo lo que me contaba, ciegamente.
Una noche de otoño, le pedí a Dios mi primer y último milagro. Estaba por cumplir los seis años y nunca había podido tener el cabello largo. Recé lo que para mí fue casi toda la noche pidiéndole despertarme con el cabello hasta la cintura. Y tenía la certeza de que así iba a suceder. Ella me lo había prometido.
Y el milagro sucedió. Aunque cincuenta años después, cuando fui a la peluquería y encontré en el mostrador un hermoso mechón de cabellos rubio natural que una tal Lucrecia había dejado, seguro, para mí. Y salí con el cabello largo y rubio, tal como lo había pedido cuando tenía cinco años. La hermana tenía razón, sólo que no reparó en el detalle de explicarme que Dios mide el tiempo con distinta vara.
Me fascinaba la hermana Crecencia porque era como la misma Virgen; muy superior a aquellas que se encontraban colgadas en los cuadros o en las estampillas. De carne, hueso y perfume a violetas, tenía la tez blanca y una piel suave como jamás he vuelto a ver. Hermosa hasta el punto en que uno pensaba que no era cierta. Yo creía en todo lo que me contaba, ciegamente.
Una noche de otoño, le pedí a Dios mi primer y último milagro. Estaba por cumplir los seis años y nunca había podido tener el cabello largo. Recé lo que para mí fue casi toda la noche pidiéndole despertarme con el cabello hasta la cintura. Y tenía la certeza de que así iba a suceder. Ella me lo había prometido.
Y el milagro sucedió. Aunque cincuenta años después, cuando fui a la peluquería y encontré en el mostrador un hermoso mechón de cabellos rubio natural que una tal Lucrecia había dejado, seguro, para mí. Y salí con el cabello largo y rubio, tal como lo había pedido cuando tenía cinco años. La hermana tenía razón, sólo que no reparó en el detalle de explicarme que Dios mide el tiempo con distinta vara.
martes, 29 de marzo de 2011
Somos como dioses
Me gusta pensar las relaciones entre las personas como fenómenos climáticos.
Como proveedores de aire fresco o causales de tormentas.
Como lloviznas que no dejan de molestar, porque son finitas como las agujas.
Como huracanes que te dejan sin respiro cuando te anuncian algo que no esperabas.
Como tsunamis que te devastan y de los que te reconstruís sólo con el tiempo.
Como el sol calentito de la mañana que te hace sentir confortable y segura.
Como un nubarrón negro y cargado de llanto que ves que se avecina y no podés evitar.
Como un viento tibio que te despierta del sopor.
Como una nevada repentina que te deja sorprendida y helada.
Como una lluvia incesante que te obliga a quedarte en el lugar.
Como un terremoto que te hace temblar hasta el alma.
Los climas se provocan, se construyen. Podemos vivir en la tibieza de un invierno caribeño o en un terremoto con réplicas constantes. Sentir la lluvia como una amenaza, prevenirla a fuerza de paraguas o dejar que nos inunde. De alguna manera, somos como dioses que dirigen los piolines.
Como proveedores de aire fresco o causales de tormentas.
Como lloviznas que no dejan de molestar, porque son finitas como las agujas.
Como huracanes que te dejan sin respiro cuando te anuncian algo que no esperabas.
Como tsunamis que te devastan y de los que te reconstruís sólo con el tiempo.
Como el sol calentito de la mañana que te hace sentir confortable y segura.
Como un nubarrón negro y cargado de llanto que ves que se avecina y no podés evitar.
Como un viento tibio que te despierta del sopor.
Como una nevada repentina que te deja sorprendida y helada.
Como una lluvia incesante que te obliga a quedarte en el lugar.
Como un terremoto que te hace temblar hasta el alma.
Los climas se provocan, se construyen. Podemos vivir en la tibieza de un invierno caribeño o en un terremoto con réplicas constantes. Sentir la lluvia como una amenaza, prevenirla a fuerza de paraguas o dejar que nos inunde. De alguna manera, somos como dioses que dirigen los piolines.
lunes, 28 de marzo de 2011
Se trata de palabras
No se trata de adaptarse o no a los nuevos escenarios que se nos aparecen; se trata, algunas veces, de la nostalgia del lenguaje. De querer decir “botella de leche”, “bidón de kerosene”, “figuritas abrillantadas” en algún momento del día. No es que no pueda adaptarme a “dar un toque en el Facebook”, a “retwittear a alguien” o a descargar “codecs de audio y video gratis”. Sólo que a veces uno desearía decir cotidianamente otras palabras porque resuenan en otros lados que acarician la memoria.
El lenguaje pone brechas entre generaciones y hay que remar día a día para no asemejarse al Yavhev de la torre de Babel. Ya casi no digo “fósforo” o “radio grabador” y está bien que no necesite hacerlo. Pero las palabras; a veces, extraño las palabras.
El lenguaje pone brechas entre generaciones y hay que remar día a día para no asemejarse al Yavhev de la torre de Babel. Ya casi no digo “fósforo” o “radio grabador” y está bien que no necesite hacerlo. Pero las palabras; a veces, extraño las palabras.
domingo, 27 de marzo de 2011
Entrevista a uno mismo
Silvia: ¿Por qué escribís?, ¿creés que alguien te va a leer y te va a proponer editar un libro?
Carlota: Escribo como una manera de escupir lo que tengo dentro.
S: ¿Y por qué lo colgás en un blog?, ¿no te parecería mejor depurarlo o guardarlo en alguna carpeta; seguir procesándolo?
C: No. Ya no tengo ni tiempo ni ganas.
S: Pero, siendo una persona relativamente conocida y de alguna manera respetada. ¿No tenés miedo de perder lo que durante tantos años sembraste?
C: No, ya no tengo miedo. Puedo vivir sin el permiso de algunos.
S: ¿No es algo infantil creer que porque escribas un blog, sos escritora?
C: Yo no digo que soy escritora. Simplemente, socializo lo que escribo inmediatamente después de hacerlo. Si espero a colgarlo una vez corregido, no lo hago más.
S: ¿O sea que es como tirar mier….?
C: En este tono no me interesa seguir hablando. Si no te gusta lo que escribo no tenés por qué leerlo.
S: Lo que pasa es que si linkeás lo que escribís en el Facebook y en el Twitter, de alguna manera, estás imponiéndolo.
C: Si te etiquetara podría ser. Pero yo simplemente lo cuelgo. Tenés la opción de quitarme de tu lista de amigos.
Suspiria: Perdón, ¿no les parece que están yendo un poco lejos con la discusión?
S: Lo único que nos faltaba era la intervención de un tercero.
Suspiria: Yo opino desde mi concepción del Arte en general, ¿o acaso no sabés que hoy los límites entre escritores y lectores, entre artistas y espectadores se desdibuja cada día más? ¿No creés que ella tiene derecho a expresarse?
S: Para terminar como tantos ridículos funcionales al mercado. Ir hacia donde va la marea de la venta.
C: Bueno, se terminó. No aguanto ni a una ni a otra. Dije que escupo lo que escribo y en ese trayecto no hay tiempo para reflexionar. Fin. Se edita como está.
Carlota: Escribo como una manera de escupir lo que tengo dentro.
S: ¿Y por qué lo colgás en un blog?, ¿no te parecería mejor depurarlo o guardarlo en alguna carpeta; seguir procesándolo?
C: No. Ya no tengo ni tiempo ni ganas.
S: Pero, siendo una persona relativamente conocida y de alguna manera respetada. ¿No tenés miedo de perder lo que durante tantos años sembraste?
C: No, ya no tengo miedo. Puedo vivir sin el permiso de algunos.
S: ¿No es algo infantil creer que porque escribas un blog, sos escritora?
C: Yo no digo que soy escritora. Simplemente, socializo lo que escribo inmediatamente después de hacerlo. Si espero a colgarlo una vez corregido, no lo hago más.
S: ¿O sea que es como tirar mier….?
C: En este tono no me interesa seguir hablando. Si no te gusta lo que escribo no tenés por qué leerlo.
S: Lo que pasa es que si linkeás lo que escribís en el Facebook y en el Twitter, de alguna manera, estás imponiéndolo.
C: Si te etiquetara podría ser. Pero yo simplemente lo cuelgo. Tenés la opción de quitarme de tu lista de amigos.
Suspiria: Perdón, ¿no les parece que están yendo un poco lejos con la discusión?
S: Lo único que nos faltaba era la intervención de un tercero.
Suspiria: Yo opino desde mi concepción del Arte en general, ¿o acaso no sabés que hoy los límites entre escritores y lectores, entre artistas y espectadores se desdibuja cada día más? ¿No creés que ella tiene derecho a expresarse?
S: Para terminar como tantos ridículos funcionales al mercado. Ir hacia donde va la marea de la venta.
C: Bueno, se terminó. No aguanto ni a una ni a otra. Dije que escupo lo que escribo y en ese trayecto no hay tiempo para reflexionar. Fin. Se edita como está.
sábado, 26 de marzo de 2011
La Plaza
Más allá de las expresiones que se visibilizan en las plazas, sobre todo en eventos tan significativos como los de mantener viva la memoria, hay quienes también atraviesan esa euforia de volver a creer, pero en su plaza de adentro. Esa que pertenece al país interior que hemos ido construyendo en nuestros deseos. Por distintos motivos y porque somos un país complejo y diverso, algunos compartimos a veces esa euforia cuerpo a cuerpo, entre la multitud y la muchedumbre y otras, levantamos carteles y pancartas desde nuestra plaza interior, expectantes al día en que seremos protagonistas de un voto que nos mantenga en este proyecto, en esta ilusión que poco a poco se concreta. Todo sirve, menos la indiferencia.
La plaza de adentro
Verso escolar para recitar en la escuela de la memoria.
Llevo la plaza por dentro, habitada de palomas
y de gritos y de madres; y de niños y de aromas
Llevo la plaza por dentro, cada vez que estoy hablando,
porque la plaza es mi idea de lo bueno y de lo malo
La plaza que está en mi alma, tiene árboles frondosos
y banderas que flamean y colores que son todos
la plaza que está en mi alma está en plena ebullición
casi nunca está callada esperando la función.
La plaza de mi país soporta vientos y lluvias,
es tiempo, historia, penurias y alegrías encontradas
la plaza de mi país tiene un clima soberano,
son minutos de silencio tomaditos de la mano.
En mi plaza se adivinan palabras y melodías
de voces que no han prohibido, porque han quedado sin vida
En mi plaza se adivina todo lo que pudo ser
Y por eso la memoria nos obliga a renacer.
viernes, 25 de marzo de 2011
THE MYSTERY'S SOCKS.
O... Esas locas, locas medias.
Las medias se divierten, saben que son medias y casi siempre son leales a su condición. Todo lo que va “de a dos” a veces se separa para aislarse en algún rincón e intentar ser uno mismo. Otras veces, se amucha en comunidad y se mezcla hasta que viene alguien y la asifixia anudándola con la esperanza de que recapacite y vuelva con su compañera.
Saben que hacen enojar, que fastidian; y, sin embargo insisten en el principio de individualidad que las conforma.
A diferencia de nosotros, aman la diversidad y les gusta juntarse con las más chicas para gastarles bromas o con las más grandes para sentirse más importantes. Les encantaría salir con otras de diferentes colores y cuando alguien les brinda esa posibilidad, aunque sea agujereadas, salen felices porque se liberan del nudo – cárcel al que habían estado confinadas por libertinas y caprichosas.
A pesar de conocer los riesgos de andar sueltas, son osadas, aunque conscientes que pueden terminar siendo ropa para las muñecas o títeres para captar la atención de los más pequeños; y eso no sería nada a comparación de quedar embadurnadas de cera, cara al piso, humilladas y duras.
La libertad tiene sus riesgos y esto depende del sistema al que ellas hayan adscripto. Presas de las obsesiones de algunos, quizás tengan una vida tranquila y feliz, siempre de a dos, lavaditas, cosiditas y sin sobresaltos. Pero si les toca vivir en la anarquía y el desenfado, conocerán verdaderamente todos los climas y paisajes posibles.: estar debajo de la cama haraganeando quién sabe cuánto tiempo; o aún mejor, pasarse días adentro de las sábanas en los inviernos más crudos; quedar en algún bolso y salir a recorrer el mundo; o en la casa de otro y esperar a que alguna vez el dueño se acerque a buscarlas.
Como no tienen nariz, les es más fácil hacer amistades y se compadecen de quienes tiene que tapar sus orificios para tomarlas.
Más allá de la suerte que cada una corra al salir de las tiendas, les fascina ser “misterio” y que sus dueños hablen de ellas, más que por el calorcito que les dan, por sus insubordinaciones..
Como sucede con los pueblos, desconocen el poder que tendrían si se juntaran todas las que perdieron su par.
Y echaran a volar
y cubrieran el cielo de texturas y colores
y nos dejaran sin sol.
Las medias se divierten, saben que son medias y casi siempre son leales a su condición. Todo lo que va “de a dos” a veces se separa para aislarse en algún rincón e intentar ser uno mismo. Otras veces, se amucha en comunidad y se mezcla hasta que viene alguien y la asifixia anudándola con la esperanza de que recapacite y vuelva con su compañera.
Saben que hacen enojar, que fastidian; y, sin embargo insisten en el principio de individualidad que las conforma.
A diferencia de nosotros, aman la diversidad y les gusta juntarse con las más chicas para gastarles bromas o con las más grandes para sentirse más importantes. Les encantaría salir con otras de diferentes colores y cuando alguien les brinda esa posibilidad, aunque sea agujereadas, salen felices porque se liberan del nudo – cárcel al que habían estado confinadas por libertinas y caprichosas.
A pesar de conocer los riesgos de andar sueltas, son osadas, aunque conscientes que pueden terminar siendo ropa para las muñecas o títeres para captar la atención de los más pequeños; y eso no sería nada a comparación de quedar embadurnadas de cera, cara al piso, humilladas y duras.
La libertad tiene sus riesgos y esto depende del sistema al que ellas hayan adscripto. Presas de las obsesiones de algunos, quizás tengan una vida tranquila y feliz, siempre de a dos, lavaditas, cosiditas y sin sobresaltos. Pero si les toca vivir en la anarquía y el desenfado, conocerán verdaderamente todos los climas y paisajes posibles.: estar debajo de la cama haraganeando quién sabe cuánto tiempo; o aún mejor, pasarse días adentro de las sábanas en los inviernos más crudos; quedar en algún bolso y salir a recorrer el mundo; o en la casa de otro y esperar a que alguna vez el dueño se acerque a buscarlas.
Como no tienen nariz, les es más fácil hacer amistades y se compadecen de quienes tiene que tapar sus orificios para tomarlas.
Más allá de la suerte que cada una corra al salir de las tiendas, les fascina ser “misterio” y que sus dueños hablen de ellas, más que por el calorcito que les dan, por sus insubordinaciones..
Como sucede con los pueblos, desconocen el poder que tendrían si se juntaran todas las que perdieron su par.
Y echaran a volar
y cubrieran el cielo de texturas y colores
y nos dejaran sin sol.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Juegos en el subte mirando una foto
Instrucciones: hacer el esfuerzo de imaginar como un cuadro lo que está entre paréntesis (pensar el marco con total libertad, de acuerdo con el estilo de sus muebles, si así lo desea).
Si lo logra, usted es pintor/a y yo escritora. Hacemos un librito y después, vamo y vamo…
Una novia con cola (mujer con un hermoso vestido de corte tradicional con una tela de dos metros de largo)
Una cola sin novia (parte del vestido apoyado en una silla mientras espera a ser cocido al resto, en la casa de la modista)
Una cola con novia (ella esperando en el laboratorio de análisis prenupciales, ansiosa aunque un poco dormida)
Una novia sin cola (mujer delgada mirándose al espejo e imaginándose cómo va a quedar el vestido bien abuchonado detrás)
Una cola con cola (padrinos, testigos, parientes detrás de la novia, ya en la iglesia)
Una novia con novia (bueno…la nueva Ley)
Un cola sin cola (novia ya en el hotel mostrándose a su media naranja tal cual vino al mundo)
Una novia sin novia (una vez consumado el hecho: las dos esposas)
Si lo logra, usted es pintor/a y yo escritora. Hacemos un librito y después, vamo y vamo…
Una novia con cola (mujer con un hermoso vestido de corte tradicional con una tela de dos metros de largo)
Una cola sin novia (parte del vestido apoyado en una silla mientras espera a ser cocido al resto, en la casa de la modista)
Una cola con novia (ella esperando en el laboratorio de análisis prenupciales, ansiosa aunque un poco dormida)
Una novia sin cola (mujer delgada mirándose al espejo e imaginándose cómo va a quedar el vestido bien abuchonado detrás)
Una cola con cola (padrinos, testigos, parientes detrás de la novia, ya en la iglesia)
Una novia con novia (bueno…la nueva Ley)
Un cola sin cola (novia ya en el hotel mostrándose a su media naranja tal cual vino al mundo)
Una novia sin novia (una vez consumado el hecho: las dos esposas)
martes, 22 de marzo de 2011
IMÁGENES
De la Ropa vieja que quedó guardada en un cajón, hoy la comparto:
Flecos de un sillón cortado con tijeras fraternas, confabuladas por la ausencia de los padres;
ríos de aceite conteniendo un bajito ávido de exploración,
automóviles de arena fabricados con paciencia de padre veinteañero;
sutura de cabeza y pedido de auxilio que inunda los pasillos de la clínica;
fealdad que sale de mi cuerpo y promete ser belleza;
tetas que al fin tienen un sentido;
gordura hecha de ternura y silencio, inteligencia y humor;
siesta que anuncia la llegada de un rubio desconcierto,
desafío de desafíos que aún nos mantiene interrogando.
Borges, Cortazar, Kundera y tantos otros metiéndose en la casa para compartir el fuego.
Juego de números y cintas rojas que sacan chispas de eso que es amor, así de simple, así de sonso, así de sincero.
Llantos secretos a los que no tuve acceso, llantos silenciosos y solitarios que no pude acompañar, tampoco comprender;
llantos de los que hubiera bebido hasta la última gota con tal de que no mojen esos ojos;
carcajadas de Fabianes que ya no aplastan, pero son como el buen vino al recordar.
Amor a borbotones a la hora del chat.
Dedos que no alcanzan a abrazar. Deseo ridículo de no soltarlos.
Desubicado orgullo de boletines rojos pegados en la heladera. Miedo a lo que vendrá si no reprimo. Y no reprimo.
Admiración de los fragmentos de padre que llevan encima.
Esperanza de lo que no pude ser y está encendido en cada uno.
Sueños de asados compartidos, de amigos que no paran de llegar porque los aman.
Confirmación de que algo bueno hemos hecho.
Descarado desorden que preserva mi maternidad.
Tango, circo, pesca, música, guión.
Litertatura, computadora, inglés, alcohol.
Tenis, tesis, Hipótesis.
Millones de Tamys rosas, juguetes tirados con enojo, duendes de maestra jardinera que se fueron para siempre, bicicletas navideñas, papá noel con sábanas de padres;
el último sonido de un tren que nos confirma que todo pasa, que la niñez tiene un tiempo.
Laguna de los padres, pasteles de membrillo y de batata, lista del abuelo para no olvidarse;
La Florida, las nueces, los higos, pelopincho que Picha llenó de nietos a fuerza de quiniela.
Truco, carioca, trampa y risas tan groseras como simples.
La Rioja 3742, pasillo largo, fino, selvático; puertas y ventanas abiertas para quien quiera entrar.
Arreglos tras arreglos que no arreglan nada; juego de arquitecto con alambre;
puertas de menos, techos de más que no abastecen;
Tristezas y angustias de agua fría e inviernos de salamandra.
Neumonía de quien proteje sin ser héroe.
Pizzas, empanadas, deliverys que denuncian la falta de un ama de casa.
Torta de cuacker, culposa y rendidora.
Fideos caseros que preservan la historia.
Ravioles que intentan resucitarla y no lo logran.
Helado de dulce de leche que no vuelve.
Y Catamarca 3342, rancho – palacio siempre cercado por la felicidad.
Salsas, cuentos y poesías que superan a la madre.
Música que nos enreda y nos teje.
Vecino oso que iverna con amigos y cada tanto nos saluda,
pero que no es más que un “tivo más”, un “taxi más”; un almohadón para besar hasta el cansancio.
Arrugas que se estrenan cada día;
Calores y raquetas que no encajan;
Pino pong de tenis y filosofía de infancia; partido aún sin terminar;
Todo eso me sucede, atraviesa y avasalla. Sin cronologías, sin argumentos, sin justificaciones. Sólo imágenes. De eso se trata.
Flecos de un sillón cortado con tijeras fraternas, confabuladas por la ausencia de los padres;
ríos de aceite conteniendo un bajito ávido de exploración,
automóviles de arena fabricados con paciencia de padre veinteañero;
sutura de cabeza y pedido de auxilio que inunda los pasillos de la clínica;
fealdad que sale de mi cuerpo y promete ser belleza;
tetas que al fin tienen un sentido;
gordura hecha de ternura y silencio, inteligencia y humor;
siesta que anuncia la llegada de un rubio desconcierto,
desafío de desafíos que aún nos mantiene interrogando.
Borges, Cortazar, Kundera y tantos otros metiéndose en la casa para compartir el fuego.
Juego de números y cintas rojas que sacan chispas de eso que es amor, así de simple, así de sonso, así de sincero.
Llantos secretos a los que no tuve acceso, llantos silenciosos y solitarios que no pude acompañar, tampoco comprender;
llantos de los que hubiera bebido hasta la última gota con tal de que no mojen esos ojos;
carcajadas de Fabianes que ya no aplastan, pero son como el buen vino al recordar.
Amor a borbotones a la hora del chat.
Dedos que no alcanzan a abrazar. Deseo ridículo de no soltarlos.
Desubicado orgullo de boletines rojos pegados en la heladera. Miedo a lo que vendrá si no reprimo. Y no reprimo.
Admiración de los fragmentos de padre que llevan encima.
Esperanza de lo que no pude ser y está encendido en cada uno.
Sueños de asados compartidos, de amigos que no paran de llegar porque los aman.
Confirmación de que algo bueno hemos hecho.
Descarado desorden que preserva mi maternidad.
Tango, circo, pesca, música, guión.
Litertatura, computadora, inglés, alcohol.
Tenis, tesis, Hipótesis.
Millones de Tamys rosas, juguetes tirados con enojo, duendes de maestra jardinera que se fueron para siempre, bicicletas navideñas, papá noel con sábanas de padres;
el último sonido de un tren que nos confirma que todo pasa, que la niñez tiene un tiempo.
Laguna de los padres, pasteles de membrillo y de batata, lista del abuelo para no olvidarse;
La Florida, las nueces, los higos, pelopincho que Picha llenó de nietos a fuerza de quiniela.
Truco, carioca, trampa y risas tan groseras como simples.
La Rioja 3742, pasillo largo, fino, selvático; puertas y ventanas abiertas para quien quiera entrar.
Arreglos tras arreglos que no arreglan nada; juego de arquitecto con alambre;
puertas de menos, techos de más que no abastecen;
Tristezas y angustias de agua fría e inviernos de salamandra.
Neumonía de quien proteje sin ser héroe.
Pizzas, empanadas, deliverys que denuncian la falta de un ama de casa.
Torta de cuacker, culposa y rendidora.
Fideos caseros que preservan la historia.
Ravioles que intentan resucitarla y no lo logran.
Helado de dulce de leche que no vuelve.
Y Catamarca 3342, rancho – palacio siempre cercado por la felicidad.
Salsas, cuentos y poesías que superan a la madre.
Música que nos enreda y nos teje.
Vecino oso que iverna con amigos y cada tanto nos saluda,
pero que no es más que un “tivo más”, un “taxi más”; un almohadón para besar hasta el cansancio.
Arrugas que se estrenan cada día;
Calores y raquetas que no encajan;
Pino pong de tenis y filosofía de infancia; partido aún sin terminar;
Todo eso me sucede, atraviesa y avasalla. Sin cronologías, sin argumentos, sin justificaciones. Sólo imágenes. De eso se trata.
lunes, 21 de marzo de 2011
EXPERIMENDO: UN ROSCAZO AL CORAZÓN
Querido lector: sabrás que la palabra “experimento” significa para el diccionario: “probar prácticamente la eficacia y propiedades de una cosa; sentir algo como un cambio o un sentimiento”
Pero si te tomás el atrevimiento de cambiar tan solo la letra “t” por la “d” - ¡mirá qué poquito te estoy pidiendo! - observarás cómo te cambia la geografía. Y de pronto, sin saber por qué, te encontrás en San Luis preguntándote cómo una sola letra puede provocar tanto alboroto.
Experimendo no está en el diccionario ni en los libros; no te da puntaje, ni otorga premios. No se propone objetivos, ni se plantea metas; no tiene prólogo ni epílogo.
Experimendo es simplemente:
el sol adelante, la luna detrás;
abrir y cerrar la tranquera;
nutrir los duraznos;
descubrir el uvasal;
la plaza del pueblo;
una casa que rueda sorteando curvas al compás de la cumbia;
un réquiem, un madrigal;
una amo con tres perros hablando en alemán;
un estallido de carcajadas que acaba con tus mandíbulas;
poesía y desparpajo, en el mismo momento;
escenarios que parecen inventados, pero que están ahí aunque no lo creas;
un bombón con motor de cosechadora;
un puchero dividido en dos;
una palabra que te llega hasta la médula y te deja las orejas más grandes que la lengua;
un silencio profundo a la luz de la luna - llena - única;
una guerra de uno contra todos hasta que te dan el permiso de revertirla;
abrazos osos y agarradores;
una niña perfecta que parece de celulosa y sin embargo es de piel;
palabras que salen sin pedirle permiso a la Norma;
un piropo que te deja colorada;
un niño fastidioso que quiere comer puchero;
siete acertijos que encuentran respuesta y allá ellos lo que harán con ese hallazgo;
una fórmula secreta para practicar cada mañana.
Experimendo… ¡es un roscazo al corazón!
¡Gracias, Casero!
Pero si te tomás el atrevimiento de cambiar tan solo la letra “t” por la “d” - ¡mirá qué poquito te estoy pidiendo! - observarás cómo te cambia la geografía. Y de pronto, sin saber por qué, te encontrás en San Luis preguntándote cómo una sola letra puede provocar tanto alboroto.
Experimendo no está en el diccionario ni en los libros; no te da puntaje, ni otorga premios. No se propone objetivos, ni se plantea metas; no tiene prólogo ni epílogo.
Experimendo es simplemente:
el sol adelante, la luna detrás;
abrir y cerrar la tranquera;
nutrir los duraznos;
descubrir el uvasal;
la plaza del pueblo;
una casa que rueda sorteando curvas al compás de la cumbia;
un réquiem, un madrigal;
una amo con tres perros hablando en alemán;
un estallido de carcajadas que acaba con tus mandíbulas;
poesía y desparpajo, en el mismo momento;
escenarios que parecen inventados, pero que están ahí aunque no lo creas;
un bombón con motor de cosechadora;
un puchero dividido en dos;
una palabra que te llega hasta la médula y te deja las orejas más grandes que la lengua;
un silencio profundo a la luz de la luna - llena - única;
una guerra de uno contra todos hasta que te dan el permiso de revertirla;
abrazos osos y agarradores;
una niña perfecta que parece de celulosa y sin embargo es de piel;
palabras que salen sin pedirle permiso a la Norma;
un piropo que te deja colorada;
un niño fastidioso que quiere comer puchero;
siete acertijos que encuentran respuesta y allá ellos lo que harán con ese hallazgo;
una fórmula secreta para practicar cada mañana.
Experimendo… ¡es un roscazo al corazón!
¡Gracias, Casero!
jueves, 17 de marzo de 2011
El lado oscuro
Más allá de los nuevos paradigmas que intentan complejizar la realidad, los dualismos existen y cada día, se hacen carne en nosotros. Porque es una simplificación que nos sirve para comprender el mundo. ¿Voy o no voy?, ¿me conviene o no me conviene?, “nada de grises, las cosas son blanco o negro”, “se me acaba de ocurrir una idea genial…no, es una porquería”; por no mencionar todo lo que “de a dos” nos define: zurdo o facho; macanudo o pelotudo; linda o inteligente.
Las exageraciones nos ayudan a posicionarnos como si un viento huracanado quisiera llevarnos quién sabe a dónde y nos aferráramos con brazos y piernas al tronco de un árbol. No me lleves hacia donde no quiero ir; éste es mi árbol, éste es mi lugar. Si me suelto, quién sabe dónde terminaré, el viento puede hacerme chocar con las paredes o llevarme tan lejos donde no me reconozca.
Dios y el Diablo; el bien y el mal.
En El Cisne negro se puede ver claramente esa dualidad, que es en definitiva lo que todos llevamos dentro. Es fácil protagonizar al Cisne blanco; la técnica y el esfuerzo de toda una vida pueden lograrlo; pero para encarnar al Cisne negro, hay que descontrolarse, dejarse llevar, sufrir las contradicciones, encontrar las pasiones ocultas que hemos aprendido a reprimir.
Alguna vez leí los primeros capítulos de Mujeres que corren con los lobos y la fórmula se repite, dejar salir lo salvaje que tenemos dentro.
El lado oscuro de la luna a veces se aparece en la vida cotidiana, frente a alguna situación límite; otras veces se asoma cuando queremos expresarnos y nos asusta. Dentro de las tantas cosas escritas y guardadas, alguna vez construí el personaje de una mujer que era mala con una niña y me asusté. Los personajes nos piden vidas que no todos estamos dispuestos a ofrecerles.
Por eso, a muchos de nosotros, las instituciones que nos enmarcan, nos alivian; nos restringen al universo acotado de lo correcto. Pero si abrimos esas puertas y quedamos a la intemperie, vaya a saber con quiénes de nosotros mismos nos encontramos.
Abrir puertas y ventanas,
dejarse atrapar por el cielo,
perderse en una tormenta sin piloto ni paraguas,
dejar la brújula,
olvidarse el reloj,
soltarse el pelo.
Y renacer, aunque lo creamos tarde.
Las exageraciones nos ayudan a posicionarnos como si un viento huracanado quisiera llevarnos quién sabe a dónde y nos aferráramos con brazos y piernas al tronco de un árbol. No me lleves hacia donde no quiero ir; éste es mi árbol, éste es mi lugar. Si me suelto, quién sabe dónde terminaré, el viento puede hacerme chocar con las paredes o llevarme tan lejos donde no me reconozca.
Dios y el Diablo; el bien y el mal.
En El Cisne negro se puede ver claramente esa dualidad, que es en definitiva lo que todos llevamos dentro. Es fácil protagonizar al Cisne blanco; la técnica y el esfuerzo de toda una vida pueden lograrlo; pero para encarnar al Cisne negro, hay que descontrolarse, dejarse llevar, sufrir las contradicciones, encontrar las pasiones ocultas que hemos aprendido a reprimir.
Alguna vez leí los primeros capítulos de Mujeres que corren con los lobos y la fórmula se repite, dejar salir lo salvaje que tenemos dentro.
El lado oscuro de la luna a veces se aparece en la vida cotidiana, frente a alguna situación límite; otras veces se asoma cuando queremos expresarnos y nos asusta. Dentro de las tantas cosas escritas y guardadas, alguna vez construí el personaje de una mujer que era mala con una niña y me asusté. Los personajes nos piden vidas que no todos estamos dispuestos a ofrecerles.
Por eso, a muchos de nosotros, las instituciones que nos enmarcan, nos alivian; nos restringen al universo acotado de lo correcto. Pero si abrimos esas puertas y quedamos a la intemperie, vaya a saber con quiénes de nosotros mismos nos encontramos.
Abrir puertas y ventanas,
dejarse atrapar por el cielo,
perderse en una tormenta sin piloto ni paraguas,
dejar la brújula,
olvidarse el reloj,
soltarse el pelo.
Y renacer, aunque lo creamos tarde.
martes, 15 de marzo de 2011
Lágrimas en pequeñas dosis
Dicen que somos, en gran parte, líquido.
Ese líquido es un mar de lágrimas.
Lágrimas contenidas por un cuerpo que las abarca y dosifica. Cuerpo filtro que se abre cada tanto para que salten inesperadamente y te vacíen tan sólo un poco.
Si las lloráramos todas juntas, nos secaríamos y no quedaría nada. Por eso, la distancia cotidiana con el otro, la simulación, el respeto, la ubicación, el recato, la diplomacia, los rituales.
Tengo lágrimas que estallan por salir, pero este aparato dosificador que es el carácter, las suelta sólo en el momento adecuado.
Lágrimas de agradecimiento, de admiración, de compasión, de pena, de alegría, de ternura, de tristeza, de incertidumbre y de miedo.
Todo nosotros somos lágrimas guardadas.
Ese líquido es un mar de lágrimas.
Lágrimas contenidas por un cuerpo que las abarca y dosifica. Cuerpo filtro que se abre cada tanto para que salten inesperadamente y te vacíen tan sólo un poco.
Si las lloráramos todas juntas, nos secaríamos y no quedaría nada. Por eso, la distancia cotidiana con el otro, la simulación, el respeto, la ubicación, el recato, la diplomacia, los rituales.
Tengo lágrimas que estallan por salir, pero este aparato dosificador que es el carácter, las suelta sólo en el momento adecuado.
Lágrimas de agradecimiento, de admiración, de compasión, de pena, de alegría, de ternura, de tristeza, de incertidumbre y de miedo.
Todo nosotros somos lágrimas guardadas.
lunes, 14 de marzo de 2011
No me olvides
Todo se presenta como un gran cuadro...
Un banco de madera con las patas de hierro forjado sostenidas al piso, una niña.
Varios bancos iguales a su alrededor, cada uno con una niña sentada esperando ansiosamente que le repartan la tarea.
Al frente, una maestra de primero, con su cabello y su cuerpo cubiertos por pesadas telas negras que cuelgan hasta el piso, y pecheras y binchas de telas blancas que al tocarlas, parecen de yeso.
El mes de octubre entrando sin permiso por una ventana que ha quedado abierta irrespetuosamente en el aula, moviendo atrevido, los flequillos de las niñas y casi despeinando algún pelito que escapa de las trenzas duras y compactas que con tanto esmero, obedeciendo a las reglas del colegio, han preparado sus madres a la mañana muy temprano.
El tercer día viernes del mes, que anuncia un fin de semana distinto teniendo a las niñas ocupadas en el mismo banco en el que otros viernes aprenden a sumar entusiasmadas y fruncen el seño cuando aparecen las cuentas de restar.
Y un anuncio terminante: - ¡hoy vamos a cerrar todos los cuadernos y a dejar los bancos vacíos para la siguiente actividad! –
Detrás, una explicación por demás obvia, aunque necesaria. - ¿Se acuerdan de las tarjetitas que escribieron la semana pasada en la hora de Lengua para su mamá?, me he encargado de revisar una por una para que no haya ninguna falta de ortografía – Ahora se las voy a entregar y vamos a pegarle sobre el costado derecho, unas flores de “No me olvides” que la hermana Hortensia con mucho cuidado sacó del Jardín del colegio -
Un reparto de tarjetas en el que las niñas habían escrito las mismas palabras, dictadas por la maestra para regalar a sus madres el día domingo. En lo único que diferían unas de otras, era en el nombre, que debía estar escrito justo en la parte de abajo, del lado izquierdo, para dejarle espacio a la flor.
La misma voz, mencionando uno y otro nombre, a medida que las niñas se levantaban para buscar su tarjeta. – Estela, ¿a ver qué dice acá? ¡muy bien!: “Felicidades en tu día, mamá. Te quiere mucho. Estelita “, María Inés “Felicidades en tu día, mamá. Te quiere mucho. Inesita” - .
Una sorpresa, la de la niña sentada en el banco al escuchar con voz irónica y burlona - ¿Quién es Patito? - y nadie respondiendo.
Otra vez la voz que insistente y enojada vuelve a preguntar. - ¿Me quieren decir quién es Patito? -
Y una trampa mortal que anuncia un final ineludible.
– Está bien, voy a seguir repartiendo las tarjetas y cuando todas las niñas tengan la suya en sus bancos, nos daremos cuenta indefectiblemente de quién es Patito –
Una niña, con las trenzas tan finitas como sus piernas, y la cara colorada avanzando hacia las orejas, que levanta su mano y dice con voz disfónica y casi imperceptible: - ¡esa tarjeta es la mía! -
Una maestra inquisidora que insiste en descubrir el motivo de semejante trasgresión. - ¿no sabía que tenías el nombre de un animal?, ¿se puede saber por qué, Patito? Vení, acercate al frente así le contás a todas tus compañeras - .
Un momento, que quedará en la memoria de esa niña y será el motivo de una anécdota que su madre contará años tras año, los terceros domingos del mes de octubre. – Yo puse patito, porque así es como me dice mi mamá en secreto cuando me levanta a la mañana para venir al colegio –
Unas flores “No me olvides”, que se encargan de sellar ese recuerdo para siempre.
Una caja, en la que después de tantos años sigue guardada la tarjeta, con las flores marchitas y el Patito siempre en el mismo lugar: abajo y a la izquierda.
Una mujer, que al fin descubre, por qué la S de su firma se asemeja a la de un pato. Una madre que ya no está y un Patito, que saldrá de la laguna del olvido, cada tercer domingo de octubre y volverá a ser anécdota generación, tras generación.
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