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ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA

ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA Unas veces, salen sin pedir permiso y te piden que las pongas en algún lugar, como si estuvieras hablando y a las palabras se las llevara el blog. Otras veces, las encontrás en borradores que habías descartado y las ponés así, revueltas, desordenadas, como la ropa vieja que se cocina con lo que quedó de la noche anterior. Palabras que desean tocar, pellizcar, acariciar, poner la oreja y encontrarse con otras que al igual que ellas desean salir de alguna garganta.

sábado, 21 de mayo de 2011

LAS SIESTAS DE BELINDA

Shhhhh….es la hora de la siesta!! ….no hagas ruido. Ya sabés que tu padre tiene que descansar.
Esa hora duraba siglos para Belinda. Siglos haciendo el menor ruido en la cocina mientras esperaba a que sus padres se despertaran.  En el tiempo en el que ella era niña, sólo se podía jugar a unas pocas cosas en el espacio reducido de aquella cocina. Sin embargo esos juegos quedaron grabados en su memoria como una lista de almacén:

El juego de la leprosa, el médico y Jesús:

En esa época, Belinda había ido con su madre a ver la película Ben Hur y le había impresionado hasta el punto de querer volver a ver, una y otra vez,  la escena en que la madre y la hija del protagonista están en una cueva llena de leprosos; los que, al final se salvan por el milagro de Dios y vuelven a sus pieles lúcidas y rozagantes en tan sólo un abrir y cerrar de ojos. A Belinda le encantaban los milagros. Entonces, cuando jugaba  volcaba una vela encendida sobre su mano y dejaba que se formaran lamparones, de un lado y del otro. Cuando su mano estaba cubierta, ella se transformaba, a  veces en médico y pacientemente sacaba, uno por uno, los pedazos de vela que la curaban. Otras veces era el mismísimo Cristo y sacaba  los restos de cera mientras decía cosas como: “he venido a salvarte”. También lo hacía con plasticola y entonces utilizaba una pinza de depilar para extraer la piel.

(Demás está decir que, cuando Belinda creció y vio el documental de Michel Moore en el que cuenta que Charlton Heston – que era el protagonista del Ben Hur de su infancia, era el presidente de la Asociación del Rifle en EEUU, quedó por demás shokeada y entró en una desilusión profunda, sospechando así de cada ídolo de su infancia. Pero eso es otra historia)

El juego de la vendedora y el pinche:

 Había veces que de algún vuelto que le quedaba a Belinda cuando su madre la obligaba a hacer los mandados, se compraba talonarios de facturas. Y también tenía un pinche, de esos de metal que había en los negocios.
Y se sentaba y vendía y vendía no sé qué cosas, pero la cuestión era poner en las facturas, un nombre imaginario, una dirección y un precio con un firulete hacia abajo; luego,  arrancarlas e incrustarlas con fuerza sobre el pinche, como si estuviera muy apurada y ocupada. Ah!, también las firmaba. La firma la hacía sentir que ya era grande.

Debido a ese juego, la madre de Belinda se había entusiasmado con su futuro profesional e insistía en que tenía que estudiar Ciencias Económicas o en  que fuera Contadora y, aunque Belinda quería ser actriz, eligió lo más cercano que pudo al deseo de sus padres y su propio deseo: ser profesora de matemática.
Menos mal que sus padres nunca la vieron jugar a los leprosos; de lo contrario, Belinda se hubiera visto presionada a estudiar Medicina o a ingresar en un convento.  

martes, 17 de mayo de 2011

Belinda y el vendedor de globos 2

Confieso que no sé por qué caprichosa idea hice que Beatriz lo conozca a Alfredo. Supongo que por este costado infantil que no puedo callar. Por eso es posible que esta novela jamás llegue a publicarse. No tendría mercado editorial;  no sabrían en qué estante de las librerías ubicarla. ¿En el rincón destinado a la literatura “infanto – juvenil” (¡vaya título para mencionar a los que no están ni en una etapa ni en la otra!)?; ¿en el sector de folletines o novelas para mujeres enamoradas?; o lo que es peor, ¿en la mesa de saldos, conviviendo con cuanto  género sea posible? Lo cierto es que Alfredo es un personaje que me cae más que bien y para mí, ya es como de la familia. Veamos cómo se produce el encuentro con Beatriz:


Una mañana, Beatriz salió de su casa, como siempre, en bicicleta. Dejó el portafolios con sus exámenes corregidos, en el canastito de atrás y emprendió el recorrido  que una y otra vez realizaba hasta el colegio. Los semáforos estaban sincronizados y eso la hacía sentir resplandeciente. La puntualidad se lograba con tenacidad y esfuerzo. ¡Si lo sabrían los funcionarios de la Municipalidad, a los que les había enviado cientos de cartas documento instigándolos a que solucionen el mal funcionamiento del tránsito!
Si todo marchaba como debía, en ocho minutos estaría entrando a su trabajo. Esa era la manera en que la vida la sonreía; con una sonrisa justa, de cinco centímetros de ancho. No hacía falta más.
Pero, lamentablemente, Beatriz Linares Dambrosio no era el centro del mundo y a su alrededor, las cosas sucedían sin pedirle permiso. De pronto, cuando estaba parada en un semáforo y a punto de arrancar, se le cruzó un peatón, al que le tapaban la visión un conjunto de siete globos que al impactar, se soltaron por el aire subiendo libres ante la mirada de quienes estaban alrededor.
Y Beatriz estalló al ver que los ocho minutos de su viaje se convertirían en quince o tal vez más cambiando su día, indefectiblemente.
El hombre flacuchento, de pantalones azules a lunares blancos y su nariz roja y regordeta pegada quién sabe con qué tipo de pegamento a fuerza de caídas, se le aparecía ahí, como un conjunto de huesos tirado por un carruaje de globos. Un hombre insignificante que retrasaba su recorrido; un infeliz que no tenía otra cosa que hacer que la de ser ridículo. Y Beatriz reaccionó, con una voz que no salió precisamente de su cabeza, sino de su más puro instinto de mujer. A  partir de ahí, el reloj comenzaría a contar minutos extras que Beatriz no tenía previstos esa mañana:

-                             ¿QUÉEEEEEE ESTÁAAAA HACIENDOOOOOO? ¿NO VE QUE LLEGO TARDE PEDAZO DE ……PAYAAASO?”
-                             Y a  mucha honra. – contestó Alfredo, dejando salir suavemente de su boca un: - disculpe  señorita, ¿no querría aprovechar usted uno para su niño?- mientras que extendía su mano con un globo azul que se le había quedado enganchado en el pantalón.
-                             ¿Pero usted tiene idea de que con esos…. Uno, dos, tres... siete globos  pudo haberme matado?
-                             ¿No cree exagerar un poco…?...eeeh… ¿.perdón cuál es su nombre?
-                             Beatriz Linares Dambrosio, pero eso no viene al caso. No acostumbro a dar mis datos identificatorios a desconocidos.
-                             Alfredo Alcornoque, encantado.
-                             ¿Alcornoque? Mire señor, no estoy para bromas. Ya con su aspecto tengo suficiente como para que también su nombre sea una ridiculez.
-                             Epa, señora, la noto un tanto agresiva. ¿Qué tal si ese es mi verdadero apellido? Se dará cuenta usted de que no ha sido quien le habla el que lo eligió.  Que  yo sepa, cuando uno llega inocentemente a este mundo, ya hay un apellido esperándolo en el mismo momento del primer doloroso respiro.
-                             Sandeces, señor Alcornoque; la  Constitución Nacional, respalda a todo aquel ciudadano que desee cambiar su apellido cuando el mismo lo ridiculice. Sin ir más lejos, tengo una amiga de apellido REPOLLO que se hace llamar por el apellido de su madre. Simplemente Gómez.  Está visto que su oficio no son las leyes. 
-                             Sin embargo yo, tengo un amigo que se llama BOTE y no sólo no lo ha cambiado, sino que toda su vida ha quedado marcada por ese apellido. Demás está decirle, que hoy se dedica al remo. Y respondiendo a su hipótesis, está visto que mi oficio no son las leyes, sino las leyendas, las fábulas, las fantasías, en fin…..la imaginación.
-                             Hermoso lo suyo. Pero lo único que hasta ahora ha conseguido con todas esas cuestiones, es retrasarme en mis obligaciones.
-                             Disculpe señora que disienta nuevamente. Según los usos y buenas costumbres es obligación moral de una ciudadana como usted, el pedir disculpas a los transeúntes  que  circulan correctamente por la franja permitida de la calle, mientras intentan cruzar para llegar a su destino.
-                             No me hable de destino. Esto no estaba calculado en mi agenda.
-                             Hablando de agenda, tengo desocupado el jueves por la tarde ¿no quisiera usted salir a tomar un helado conmigo para terminar esta conversación que está siendo obstaculizada por el tránsito?
-                             Impertinente había sido el payaso.
-                             Más que impertinente, yo le diría atrevido. ¿Y? aún no me ha respondido
-                             No tengo en mis planes conocer a nadie más en lo que va del año. Ya el cupo está cubierto.
-                             Sin embargo, habrá oído usted decir que la excepción confirma la regla. Por lo tanto, para que sus reglas se cumplan siempre debe haber una excepción.
-                             Es matemáticamente correcto. No lo había pensado de ese modo. Sólo para no retrasarme unos minutos más, contesto que este es mi número de teléfono y que daré mi respuesta esta noche a las 21 hs., luego de consultar la agenda.  
-                             A las 21hs. estaré. Ni un minuto más, ni un minuto menos. Tal como intuyo  que a usted le gusta.

El vendedor de globos se fue intentando reconstruir en su memoria el nombre de la tan bella señora:

 - Beatriz……Lin… ¿ares?..... ¿Damasco?... ¿Dombresio?..... ¡Da…mbrosio!....Be…Lin…Da… ¡BELINDA! ¡SÍ! ¡BEEELIIINDAAA! 

Y Beatriz Linares Dambrosio se fue pensando que Alcornoque era el nombre que se le atribuía al árbol de donde se extrae el corcho, pero que científicamente se llama Quercus Suber.

-Así que el señor Alfredo Quercus Suber se ha cruzado en mi camino. Es cierto que la excepción hace a la regla. Tan sólo por eso, le di mi número de teléfono; para no retrasarme más. Alfredo Quercus Suber…no queda nada mal…


Continuará…no sé cómo…pero continuará…

domingo, 15 de mayo de 2011

Mirada fragmentada

Bajo del subte en la estación Pueyrredón.
Hora pico.
Subimos la escalera mecánica cientos de cientos.
 Apretados, callados, quietos.  
Y otra vez, lo mismo.

Somos montones de marañas de pelos para hacer colchones,
inmensos ríos de sangre envasada en contenedores de distintas formas y tamaños,
un mar de tripas rellenas de excremento,
pilas de huesos con las que se podría construir una gran torre,
miles de agujeros de los que entran y salen cosas de distintos tamaños,
una montaña de corazones moviéndose al compás de los latidos,
montones de uñas con las que llenaríamos frascos de vidrio para decorar;
cantidades de bolas de ojos húmedas y silenciosas.

Salgo, me alejo de gente y  los fragmentos se juntan. Vuelven a aparecer las personas.
Así de deshumanizante es la escalera mecánica del subte, en una hora pico.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Las voces que nos habitan

¿Quién habla cuando habla un niño?
¿quién habla cuando habla un escritor?
¿quién habla cuando habla una suegra, cuando habla un marido, cuando habla un padre…?
¿quién habla cuando habla un jefe, cuando habla un director, cuando habla un alumno…?
¿quién habla cuando habla un político, cuando habla un militante, cuando habla un taxista…?

Estamos habitados por las voces de nuestra propia historia,
por las voces de las  historia de los otros,
por nuestros miedos y los de los demás,
por nuestros juicios y prejuicios,
por nuestros deseos;
por las voces de quienes hemos querido y de quienes hemos temido;
por las voces de quienes hemos conocido y de quienes imaginamos….

Somos una gran multitud que vive en soledad….

martes, 10 de mayo de 2011

Sinfonía inconclusa de los vientres


Una muchacha alquila el vientre.
Su voz suena metálica y desesperada
hijos con hambre esperan en silencio
la dulce música de un pan crujiente

La sinfonía está por comenzar.

La campana de la iglesia se horroriza,
otras muchachas venden sus  hijos
mientras los compradores la escuchan orgullosos
antes de almorzar, cada domingo de misa

escuchen con atención la sinfonía, no la dejen de escuchar

Parejas de mirada triste y manos abiertas
llenan papeles y deambulan perdidos
por una ruta incierta  de biromes y de sellos
que los atrapa siempre ante la misma puerta.

cuatro compases de llanto sostenido, piano piano

Vientres vacíos cantan su dolor
Vientres sin útero murmuran estériles su agonía
Vientres jóvenes se llenan sin hacer el más mínimo ruido
Vientres con historias perdidas, recitan su pasado

Se entremezclan todos en una melodía que suena caprichosa,

Corazones desgarrados laten casi sin aliento
Corazones recién llegados se apuran por vibrar 
Corazones apagados antes de nacer gritan auxilio sin respuesta
 Y luego pasos, y más pasos y más pasos

Todos formando un ritmo sincopado
base de una melodía que tarareamos sin pensar
Bajo continuo de llantos encadenados entre  pianos y fortes que se ceden el turno
Música cotidiana que no deja de sonar

Sinfonía inconclusa

domingo, 8 de mayo de 2011

Tirar al aire...



Una mañana, cuando el sol recién se esté asomando en el horizonte...
vendrá una nave a buscarme.
Una nave fina como la chapita de una gaseosa.
Y voy a irme sin decir nada.
Y cada vez que alguien abra una botella se acordará de mí.

sábado, 7 de mayo de 2011

Acerca del vicio de etiquetar

Hoy etiqueté una foto en el Facebook; creo que fue la primera vez. Intento comprender de dónde me viene la fobia de etiquetar fotos en el Facebook. Siempre lo he sentido como una imposición en el espacio de otro; hay algo que me incomoda cuando veo esa opción y es que siento que “etiquetar” es “molestar”.
Quizás sea porque, el de las etiquetas, es un concepto que atraviesa los temas sobre los que hablo en las clases. Las conocidas teorías del etiquetado, que dicen algo así como que, al mismo tiempo en el que estás etiquetando a un niño, lo estás construyendo: “malo, eso no se hace”; “siempre el mismo torpe”; “tenía que ser él, el que tiró la leche”; “¿quién es la más bonita y/o la más inteligente?”. Y los niñ@s responden a esas etiquetas porque es el pincel que los va visibilizando. En el mundo de los adultos ocurre lo mismo; en cualquier grupo, nunca faltan: el obsesivo, la colgada, el trepador, la envidiosa, la charlatana, etc.
Pareciera que no encontramos otra manera de interpretar el mundo si no es clasificando, categorizando. No se trata más que de utilizar las herramientas que nos brinda el sentido común para hacer más sencilla nuestra visión de la realidad. Y en eso sí que se nos va la mano, porque en la sencillez se esconde el riesgo de teñir tan sólo con un trazo a la totalidad de la persona.
En ese riesgo de la clasificación hay una gran mayoría que responden al parámetro de la normalidad. Concepto que hemos creado con unas pocas herramientas a mano; digamos que las estándar. Con “bueno”, “responsable”, “digno”. “coherente”, “honesto”, “agradable”, “trabajador”, “creativo”….y algunas otras, completamos el perfil. La otra parte, se subdivide en minorías que han sido organizadas, en general, desde la carencia o la superioridad. Aquellos que no son como el estándar.
Minorías destacadas, minorías aplastadas, minorías señaladas, minorías sospechadas, minorías alabadas, minorías postergadas, minorías inaccesibles…
Y aquellos que estamos dentro del parámetro estándar, cada vez que queremos salirnos para ver el mundo desde otros lugares, en general, no se nos tiene permitido: “te estás volviendo loco”; “¿qué te pasa, te drogaste?”; “me parece que tanta terapia te está haciendo mal”; “¿pensaste bien lo que estás haciendo?”.
Por eso no me gustan las etiquetas; ni las del Facebook, ni las de la vida. E intento cada día: comprender, para conocer más; abrir hasta donde se pueda; abarcar con la mirada nuevos horizontes; llegar donde cada minoría me permita estar.
Porque creo que sólo así, crecemos; que sólo así, nos enriquecemos; que sólo así, nos hacemos cada día, un poco mejor.
Es un camino posible que me he propuesto; lo ensayo, me equivoco, vuelvo a probar; me equivoco de nuevo, vuelvo a intentarlo…..y así, siempre…

viernes, 6 de mayo de 2011

Los últimos nuncas


Nunca voy a poder maquillarme bien.
Nunca voy a tener las uñas largas y prolijas.
Nunca voy a dejar de tirar el mate cuando estoy en la cama.
Nunca me voy a olvidar algo luego de salir de casa.
Nunca voy a resignarme a que mi marido deje el toallón húmedo sobre la cama.
Nunca voy a dejar de hablar hasta por los codos.
Nunca voy a decir la palabra justa en el momento indicado.
Nunca voy a dejar de estar callada en un ambiente hostil.
Nunca voy a dejar de ser explicativa a la hora de poner límites.
Nunca voy a dejar de ser romántica.
Nunca voy a dejar de ver la vida de colores intensos, aunque sé que hay pasteles.
Nunca voy a dejar de asombrarme por la obviedad.
Nunca voy a decir no, sin dar cien vueltas antes.
Nunca voy a dejar de amar y odiar la tecnología, al mismo tiempo.
Nunca voy a salir a la calle sin peso en la mochila.
Nunca voy a viajar tan sólo con un abrigo.
Nunca voy a lucrar con lo que debería.
Nunca voy a dejar de sentirme alumna.
Nunca voy a dejar de ser una hija obediente.
Nunca voy a dejar de sentir culpa, por si hice algo indebido.
Nunca voy a dejar de necesitar afecto y reconocimiento.
Nunca voy a dejar de amar casi irracionalmente.
Nunca voy a dejar de simular lo tanto que amo, para no apabullar.

Parece que me lo hubiera propuesto, pero no son premisas, ni promesas, ni propósitos.
Son sólo imposibilidades.
Hoy empieza la lista de “quizás” y mañana la de “siempre”.

martes, 3 de mayo de 2011

Belinda y el vendedor de globos

La encontré entre mis archivos. En realidad, la daba por muerta. Le di vida hace unos años y recuerdo que durante ese tiempo me llenó de satisfacciones. Hasta que tuve que ponerme seriamente a encontrarle un final. Y no pude. No pude hacerla feliz, ni prometerle que las cosas iban a mejorar. Habíamos llegado al punto del éxtasis cuando la casé con Alfredo, el vendedor de globos. Pero si la historia quedaba ahí, no iba a ser más que otro de los tantos cuentos de colorines y colorados con dibujos para pintar.

Me encontré en una encrucijada que había nacido el mismo día que pensé en ella y en los posibles lectores: niños y niñas. Sin embargo, cuando después del feliz casamiento empezaba la convivencia entre Beatriz y Alfredo, las cosas se complicaban. Y como le sucedía a Pirandello con sus seis personajes en busca de un autor, esta pareja no hacía nada para facilitar mi escritura. Porque los verdaderos problemas hacían foco en la intimidad, a pesar de mí y de mis intenciones.

Recuerdo que lo que más me asustó en ese momento, fue el extraño poder que cobraba mi “pluma”. Y cuando me dí cuenta que podía matar a alguno de lo personajes o quizás, a los dos, de una muerte trágica, si así lo quisiera, abandoné los ocho capítulos que los habían hecho felices, impresos en un cajón y guardados en un archivo digital. Pero tanto el uno como el otro vivieron estos años, de riesgo en riesgo. Hasta me parece que quería que el azar tomara las decisiones y que de una vez por todas, se perdieran.
No fue eso lo que sucedió. Al igual que en una Mamuschka, encontré el archivo en una carpeta, que estaba guardada dentro de otra carpeta, en la que había otra carpeta, que tenía otra carpeta, la que guardaba este archivo.

Quizás hoy, desde este blog, pueda ir reconstruyendo la vida de estos dos personajes que aún no sé bien a qué mundo pertenecen. Si es que hay un mundo categorizado, al que se puede entrar sólo mostrando el documento.

Bosquejo del personaje principal:

Nombre: Beatriz Linares Dambrosio.
Edad: 38 años.
Origen: Argentina, de padres italianos.
Estado civil: soltera
Profesión: Profesora de matemática.

Algunos rasgos: Beatriz no toleraba las sorpresas, ni los imprevistos, por lo que siempre tenía todo calculado. Horarios de salida y llegada a cualquier parte, recorrido de colectivos y trenes, días de atención en consultorios y negocios, costo de los insumos mensuales. Y como no le gustaban las impuntualidades, rechazaba todo programa televisivo que se retrasara, así que sólo se limitaba a ver los Discovery, los History o los National.

También tenía previstos los días en los que le tocaba llorar, porque consideraba que las lágrimas la depuraban. Eran los jueves por la noche. A la tardecita, cuando salía del colegio pasaba por el video club y se alquilaba películas románticas, de esas en las que el muchacho está enfermo de un cáncer irreparable; o de alguna muchacha abandonada por su amado, quien la deja por su mejor y más querida amiga. Tampoco faltaban los personajes con infancias terribles o aquellos que viajaban en el tiempo, se enamoraban y luego de encontrar la felicidad debían volver a su vida actual. Desgarros amorosos, penas incurables que la dejaban exhausta y finalmente dormida con los ojos hinchados pero a la vez, gozosos.

Beatriz Linares Dambrosio era, además, previsora. Dije que odiaba las sorpresas y los sobresaltos. Por lo tanto, también tenía la costumbre de preparar, desde el inicio del año, cada uno de los regalos que haría para los cumpleaños de sus más allegados, que no eran muchos, pero con quienes la unían algunos compromisos. A saber:
la única tía que le quedaba viva;
dos vecinas, viudas y solícitas, siempre alertas para cubrir cualquier necesidad o urgencia;
su madre con la que tenía algunos problemillas de la infancia;
la secretaria del colegio que era casi tan eficiente y abnegada como ella;
el profesor Departieu que daba esas clases de biología tan interesantes desde hacía más de cuarenta años y sin equivocarse, como si la ciencia jamás hubiera avanzado ni retrocedido.
Y algún que otro ex alumno agradecido por lo útil que había sido para él la trigonometría – un arte al que a Beatriz le apasionaba -, o la raíz cuadrada – que casi la hacía entrar en éxtasis los días que la enseñaba.

Para Beatriz la vida era como una operación matemática. Si las cuentas se resolvían con inteligencia, nada podía quedar librado al azar. Sin embargo, cada mañana, luego de su estricta rutina, acomodaba, arriba de la mesa en la que se tomaba su tazón de café con leche, las migas de las tostadas, en forma de corazón.

Continuará……¿?

sábado, 30 de abril de 2011

viernes, 29 de abril de 2011

MEMORIA Y OLVIDO

Entré al bosque.
Llevaba la capa roja que dejaría en la casa abandonada; había llegado la hora de hacerlo.
Los ruidos y la oscuridad que me rodeaban ya no significaban un peligro para mí. Y el lobo acechándome detrás del árbol me traía sólo los viejos recuerdos de aquella primera vez en la que apenas pude huir con la capa maltrecha.
De todos modos, intenté imaginarlo y no podía verlo más que como un niño ansioso y juguetón….¡con el terror que me había provocado dentro de la lujuriosa y solitaria cabaña!
Los aromas del bosque me despertaron una imagen que durante mucho tiempo amenazó mis noches de adolescente. Era la culpa de haber desobedecido los lógicos, únicos y adecuados consejos de mi madre.
¡Pobre mi madre!; ella, que sólo quería protegerme hasta de los peligros más tontos. ¡Cómo no entenderla hoy! Cuando una es madre, siempre encuentra peligros acechando alrededor. Casi siempre con cara de lobo, pocas veces con forma de canasta.
Sin embargo, ella jamás pudo advertir el peligro de mi capa; le había llevado tiempo confeccionarla y lucía tan bien en mi cuerpo sin formas.
Como pude, la conservé conmigo hasta aquel día, pero ya era tiempo de dejarla.
Las capas son para quienes sienten el acecho inminente de bocas que te tragan.
Las capas son para quienes ven en el bosque, un misterio a descubrir.
Yo preferí quedarme con la canasta que me acompaña desde hace tanto tiempo, porque cuando uno mete su mano dentro, siempre hay algo esperando sorprender.
Gracias a la memoria y el olvido.
Y así seguirá siendo hasta mi eternidad.

lunes, 25 de abril de 2011

Me presento


Me presento.
Soy mi padre y mi madre.
Soy mis hijos y mis sueños.
Soy un poco vos, un poco los otros.
Soy mis fobias y mis miedos.
Soy el abuelo de mi abuelo.
Soy  mi íntimo enemigo.
Soy lo que dicen que soy y a la vez, nada de eso.

A veces soy ciudad, pero casi siempre, pueblo.
Soy gitano entre los sabios y sabio en terreno ajeno.
Soy la noche en pleno día y por eso, soy silencio.
Soy nacimiento y soy muerte, como todos, ya sabemos.
Soy unos niños perdidos entre adultos que murieron.
Soy costumbre. Soy rutina. Soy encuentro y desencuentro.

 Soy un buscador de fe y recolector de religiones.
Soy pastor de ovejas negras y lobo en bosques sin dueño.
Soy bruma, sol, viento y escarcha.
Soy héroe, víctima y nadie. Todos, al mismo tiempo.

Me presento.
Cada vez que miro, me presento.
Una y otra vez para saber quién soy.
Y no me encuentro.  

Juegos y juguetes

Palabras  - piezas para armar de grandecitos..

1 – Mis ladrillos: juguete tradicional utilizado, en este caso, para construir discurso...

  • De acuerdo con lo que quiso decir el autor.
  • Conforme a los nuevos paradigmas.
  • En el marco de la ley.
  • Dentro del contexto de la época.
  • A partir de este dispositivo.
  • El trabajo de campo realizado en esta investigación.
  • Teniendo el cuenta el objeto de estudio….

2 – El rincón de la casita: lugar cálido donde se juega la vida....

                                 
  • Hacete unos mates.
  • Estoy reventada.
  • Hoy no tengo ganas de hacer un carajo.
  • Una duchita y me despierto,
  • ¿Qué hacés hoy a la noche?,
  • ¡Justo estaba pensando en vos!
  • ¿Tenés un rato para un cafecito?

Nana para un hombre adormecido

Te invito a que me busques otra vez,
y visites mis nuevas ternuras,
a que abras mi puerta sin llaves,
y te sirvas de mí, con locura.

Te invito a quererme otras veces,
a ver en mis ojos, tu calma,
a que huelas mi nuevo perfume
Y te quedes, como te quedabas.

Sigo acurrucada donde me dejaste,
esperando sola a que me sientas tuya
a que necesites mi piel para curar tu alma
a que me digas lo que sé con tu boca en mi nuca.

El tiempo no importa, no estoy aburrida
Tengo las palabras, las notas, la vida
Te invito a que pases y te sientas dueño,
que siempre lo fuiste. Y cuides mi sueño.

p.d.: hombres como niños...entonces, nanas...

sábado, 23 de abril de 2011

Los a veces y los descubrimientos

  • A veces creés que el otro no quiere; pero cuando descubrís que, en realidad, no puede, recién empezás a verlo.
  • A veces creés que los otros no te registran; pero cuando descubrís que sos vos la que ponés distancia, te aflojás y te predisponés a recibir.
  • A veces creés que esos otros tan importantes son inalcanzables; pero cuando descubrís que también cagan, salís a comprar papel higiénico cantando en voz alta. 
  • A veces creés que esas miradas te juzgan; pero cuando descubrís que sólo te escuchan juzgando lo propio, por fin hablás sin culpas.
  • A veces creés que los que golpean fuerte sobre la mesa, tienen certezas; pero cuando descubrís que golpean sobre sus propias inseguridades, te dan ganas de abrazarlos para que se recuesten en vos.
  • A veces creés que los que no dicen nada, son callados por naturaleza; pero cuando descubrís que no paran de hablarte con la boca cerrada, rezás para que estallen de una vez por todas, sólo por su bien.
  • A veces creés que los que retan, insultan y desprecian no le tienen miedo a nada; pero cuando descubrís que eso es lo que han vivido de niños, los acunarías para que aprendan el calor de un mimo.
Me gustan los a veces y los descubrimientos, porque te ayudan a deshojar las capas de viejas certezas. Entonces siempre hay un margen de error que nos desvía de la omnipotencia de la madurez. No me gustan los siempre y los nunca porque no tienen sorpresas y todavía quiero asombrarme.
Quizás mañana reciba un huevo de pascuas de alguien que no esperaba.

viernes, 22 de abril de 2011

SER DOCENTE l


Soy un nervio vivo. Siento acá, las cosas que me pasan, me atraviesan. Me conmuevo, me asombro, me ilusiono, me proyecto, mi inundo de emociones, creo en cambiar el mundo. Mi psicoanalista me lo dijo el día que me conoció. Mi romanticismo distorsiona mi visión del mundo. Pero cuál es la visión correcta, me pregunto. Cada día que entro a dar una clase siento la ilusión de que, aunque sea un alumno, va a sentir la responsabilidad y el placer que significa ser docente. Cada vez que entro al Ministerio me conmueve pensar que estoy trabajando para mejorar la educación de nuestro QUERIDO PAÍS.
(Sé que un poco de oscuridad al relato no le vendría nada mal; un toque de desencanto, de hastío, de existencialismo. No, esta vez. Lo lamento joven lector).
Leo las evaluaciones que me llegaron desde La Pampa, cuando tuvimos tres días intensivos de talleres con docentes. Allá fui, en el mes de febrero, con mi costilla rota – producida por ese romanticismo que a veces me juega en contra -; con mis valijas a cuestas, llenas de libros y de telas, de sombreros y de cintas. Sabía que era una locura. Me lo decían, me lo dije.
Pero hoy me siento feliz de haber hecho aquel viaje, porque sé que por aquellos llanos de nuestra pampa húmeda, hay docentes que han ambientado nuevos espacios para sus niñ@s; que han utilizado ambientes antes en desuso para darle lugar a los lenguajes artísticos; que han recibido al otoño sin ese árbol de papel afiche con hojas cayéndose, amarillas y en cambio, se han sacado fotos en los árboles del lugar…con ese maravilloso Caldén que tienen por árbol; que están pensando en aquellas preguntas que quedaron resonando en el aire: ¿qué docente necesita el niño, hoy?, y ¿en qué niño piensa el docente cuando realiza una propuesta?
La docencia es un arte que no deja de maravillarme. Si. Sin dudas, la docencia es un arte. Es pasión, es amor, es entrega.
Y en respuesta a lo que muchos de los que leen deben estar pensando: me gusta ser ingenua y no haber madurado, porque, a veces, con la madurez, llegan:
el desencanto,
el reparo,
la sospecha,
el resguardo,
la tibieza,
la llovizna,
la soberbia,
la sabiduría.
Y yo no sé nada.

Cambios


Estoy sola. Me levanté tarde porque estuve con la compu chateando con amigos, escribiendo y dibujando. No almorcé; sólo unos mates y unos cereales. Caminé muchas cuadras, mochila en el hombro para hacer ejercicio y llegar a su casa sin tomar el subte. Ella me esperaba como lo hace últimamente, con sabrosa comida casera. Me saco los zapatos antes de entrar. Me sirve guiso de lentejas con arroz yamaní, torta de zanahorias y mates con semillas de hinojo. Comida calentita, sana, artesanal.
Me escucha, un poco aturdida, acerca de todo lo que tengo para contarle. Mis proyectos, mis amigas, mis dolores, mis dudas y mis miedos. También me cuenta cómo va su vida. Me encanta verla, abrazarla, admirarla. Al rato me pide que me vaya, porque es hora de ponerse a estudiar. Me encanta que me lo diga; entre nosotras todo puede decirse; en ese lugar puedo reir y llorar sin vergüenzas ni reparos. Sus masajes quedarán para otro día, en el que no nos dediquemos tanto a comer.
Cuando ella me toca sólo un poco siento cómo todo mi cuerpo se apacigua. Una mano santa, como la de este viernes.
Me voy con un generoso pedazo de torta que mañana me acompañará mientras escriba, en la cama. ¡Me olvidé el guiso de lentejas que me hubiera ahorrado tener que cocinarme algo al mediodía!
Y pienso que estoy asistiendo lentamente al cambio de roles que nos asigna la vida. Hasta hace no mucho tiempo, yo la acunaba, la amamantaba, le curaba los dolores, la retaba. Hoy es una mujer y yo, una niña. Lila, mi amor

jueves, 21 de abril de 2011

El rasgueo que aún me acompaña



 Esta es la historia de cómo una tormenta de pájaros en la cabeza pudieron fusionar a Bimbulli con Deep Purple.

En aquella época de los setenta yo tenía un jardín de infantes con mi mejor amiga, Teresita. Le habíamos puesto Bimbulli por un cuento italiano de Mira Lobe que nos había encantado en el profesorado. Y habíamos hecho con nuestras propias manos al muñeco de trapo que era el protagonista principal del cuento, bien grande, para que fuera lo primero que vieran los chicos cuando entraban. Si bien nuestro entusiasmo era enorme, el proyecto de Bimbulli no duró mucho tiempo, dada nuestra joven edad y los pajaritos que en ese año rondaron por nuestras cabezas.
Vivíamos con mi amiga en una habitación de la parte de arriba y por las noches yo ensayaba una obra de teatro para niños, por lo que el jardín se transformaba en una sala de ensayos en la que cantábamos una y otra vez los temas musicales de la obra “Entre pitos y flautas”, casi obsesivamente, con todo el elenco.
Una tarde de fin de semana llegó al jardín el amigo de uno de los protagonistas de la obra. Yo lo había visto una vez y sabía que muy simpático, no era. Apareció con un guitarrón de doce cuerdas que me sorprendió sobre manera; casi ni me saludó; se pusieron entre los dos a afinar el guitarrón y luego este flaco, entre engreído y soberbio, tomó la guitarra y tocó la introducción de Smoke On The Water de Deep Purple. Ese rasgueo y algunos otros que le escuché prendieron una mecha que quedó guardada en algún espacio de mi cuerpo; pero no era adecuado pensar en esos acordes, ni en su soberbia, ni en mi deslumbramiento, pues mi situación sentimental estaba ligada, en ese momento, al protagonista de la obra, que cantaba con una voz muy dulce y tenía unos ojos celestes que verdaderamente cautivaban.
Tiempo después y, luego de que el protagonista de los ojos celestes se casara con mi mejor amiga - dando cuenta de que los pajaritos cuando se ponen a revolotear, a veces, hacen mucho ruido - nos volvimos a encontrar.
Y ni bien lo vi, los acordes de Purple volvieron a mi mente inundando mis venas. Y me enamoré perdidamente. Para toda la vida. Sólo que al poco tiempo descubrí que esos acordes eran los únicos que sabía tocar, pero ya era tarde y no importaba.

martes, 19 de abril de 2011

¡¡Festejo por las 1000 visitas!!

Miles de sueños, miles de penas, miles de alegrías, miles de momentos, miles de mates, miles de miedos, miles de preocupaciones, miles de alumnos, miles de días, miles de arrugas, miles de dolores, miles de sabores, miles de aromas, miles de milanesas, miles de enojos, miles de ideas, miles de miradas, miles de chistes, miles de insomnios, miles de entusiasmos, miles de amores, miles de mascotas, miles de dedicatorias, miles de paseos, miles de miles de miles de palabras, miles de horas, miles de libros, miles de canciones, miles de enjuagadas, miles de películas, miles de espacios, miles de lugares, miles de pizzas, miles de empanadas, miles de preguntas, miles de peinados, miles de colores, miles de dudas, miles de sonrisas, miles de carcajadas, miles de duchas, miles de lágrimas, miles de panes, miles de llantos, miles de tristezas, miles de nostalgias, miles de asados, miles de diversiones, miles de iras, miles de kilómetros, miles de abrazos, miles de besos, miles de pasos, miles de esperanzas.
Todos, en una vida.
¡Gracias por compartir este espacio que me envuelve de alegría!