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ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA

ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA Unas veces, salen sin pedir permiso y te piden que las pongas en algún lugar, como si estuvieras hablando y a las palabras se las llevara el blog. Otras veces, las encontrás en borradores que habías descartado y las ponés así, revueltas, desordenadas, como la ropa vieja que se cocina con lo que quedó de la noche anterior. Palabras que desean tocar, pellizcar, acariciar, poner la oreja y encontrarse con otras que al igual que ellas desean salir de alguna garganta.

domingo, 7 de agosto de 2011

Los ruidos del silencio


Después de haber curioseado por distintas soluciones que te proponen las disciplinas orientales: alguien que te cuenta ejercicios de relajación, otros que te sugieren un libro o un video con algún oriental que te va llevando a estados de meditación y etcéteras, finalmente lográs poner la mente en blanco.
Y para ello encontrás el lugar perfecto y el horario específico: hora pico de cualquier lugar del centro de cualquier ciudad,  en donde los autos, subtes y colectivos tocan bocinas y vos cruzás rápido porque llegás tarde a algún lugar o hacés tiempo en librerías para tomar un subte menos ocupado.
Y en ese ruido ensordecedor encontrás el absoluto silencio. Tu mente se pone en blanco y se suspenden los duelos, los dolores, las angustias y preocupaciones.
Sos nadie y eso te hace bien.
Después, cuando llega la noche y todo se apaga comienzan, de a poco, a aparecer todas las que sos. Y cada una viene de la mano de su contexto.

Y aparece la que sos cuando estás en el laburo,
la que has construido después de años de ser esposa y madre,
la que perdió a su padre,
la que no sabe cómo poner límites a determinadas situaciones,
la que tiene trabajos pendientes,
la que se los inventa,
la que tiene miedo  que le ocurra algo terrible a sus seres queridos,   
la que siente como una amenaza el paso del tiempo,
la que tiene que pagar una boleta de luz que olvidó en el bolso y si no lo hace siente que  se termina el mundo,
la que estuvo jugando en sus clases de teatro y ahora se piensa ridícula entre todas las demás,
 la que escribe y en la noche considera que cada una de sus palabras habría que tirarlas a la basura,
la que respeta las instituciones y le dice a la que pinta que es una verdadera caradura, que cómo se atreve a pintar sin haber aprendido, al menos, diez años de técnica,
la que añora el pasado.

Todas juntas,  en la noche,  arman una sinfonía que dimensiona las pequeñeces haciéndolas sonar como la mejor música de Wagner.
Y después, cuando por la mañana volvés a la marea cotidiana, todo te parece posible.
Y cada una vuelve a su lugar esperando aparecer en el momento preciso.
Y tus mujeres, ya más descansadas, creen que todo lo pueden, que siempre es tiempo de empezar aquello que quisieron hacer toda su vida, que no importa el qué dirán.  

Y concluís que en el ruido está el mayor de los silencios.
Y que el silencio está poblado de voces.
Demasiado  lleno de gente.
Al menos eso sentís hoy, que por un rato, sólo sos la que escribe. 

martes, 2 de agosto de 2011

MUJERES DESACATADAS


Mujeres desacatadas, desarmadas, desfachatadas.
Desmadradas, desmedidas, desboladas, desorbitadas, destrabadas.
Siempre, destacadas.
A veces, desatendidas.
Nunca, deslucidas.

Mujeres desubicadas, desprendidas, despojadas.
Desatadas, desfloradas, deshojadas, desaprendidas, despreocupadas.
Siempre despiertas.
A veces, desterradas.
Nunca, desocupadas.

Mujeres destetadas, despechadas, destrozadas.
A veces, desesperadas
Nunca desesperanzadas.
Nunca desestimadas.
Nunca desapercibidas.

domingo, 24 de julio de 2011

Mi bombonazo


Amorcito mío,
terronazo de azúcar,
 miel en mi alma
y todas esas cosas que salen del corazón.

Verduritas en mi panza,
frutita en mi paladar,
lentejuelas en mis pechos
 y todas esas cosas que salen del corazón.

Pendiente en mi bicicleta,
ponchito que da calor,
soldadito de mi cama
y todas esas cosas que salen del corazón.

Milanesita crocante,
nubecita de algodón,
capitán de mi barquito
 y todas esas cosas que salen del corazón.

Explosión en mis entrañas,
puntaditas sin dolor,
canción en mis almohadones
y todas esas cosas que salen del corazón.

Te quiero mi vida,
te quiero un montón,
con mis palabritas,
chiquitas,
tontitas,
hechitas de amor.

viernes, 22 de julio de 2011

Cambios


Ser extranjera en tu propio espacio.
Mutar, mudarse, deambular.

 No pertenecer.

Curiosear en mundos ajenos,
decodificar sus internas
adivinar por dónde viene la cosa
y salir cuando se torna aburrido.

Desacralizar los templos cotidianos,
banalizar las grandes verdades,
crear tu propia aventura,
tejer y destejer mitos,
desrutinizar el minuto,
romper el silencio,
sostener nuevas teorías,  

y hasta cambiar de peinado,
me mantiene viva.  

miércoles, 20 de julio de 2011

La amistad apacigua ¡?

Tengo problemas con el tira y empuje de las puertas.
Con el botón del ascensor: se indica hacia donde voy o desde donde estoy ?
Con los bidés de los hoteles
Con el hardware y el software.
Con estacionar a mitad de cuadra. 
Con estacionar, en general.
Con pedir turno para cualquier cosa.
Con los cajeros automáticos .
Con depositar y transferir.
Con todos los trámites.
Con ahorrar tiempo.
Con reclamar lo que me corresponde.
Con decir no.
Con no creer. 
Con pisar tierra.
Con la culpa. 
Con la seriedad.
 
Con el frío. 
Con los calores. 
Con la edad. 
 
Pero cuando estoy con amigas
los problemas son chistes que nos hacen reír hasta el cansancio

domingo, 17 de julio de 2011

Abrir el grifo y dejar que chorreen

Galería de Mujeres desacatadas
A veces intento deshacerme, pero ni bien me acerco a las mujeres, soy tomada por ellas.
No les alcanza con haber sido presentadas en la red.
Tienen hambre de más.
Y piden y piden encontrar al resto.
Saben que son más y esperaron tanto tiempo para salir.
Un embarazo de años y años aburridas dentro de mi cabeza, que se debatía entre la negación y la incertidumbre. 
Hartas de escucharme decir que no servía para interpretarlas.
Que los lápices habían sido parte de mi frustrada etapa escolar.
Que me habían dicho en la escuela que era mediocre para ese arte, sólo de unos pocos.
Cansadas hasta el hartazgo de mi obsesión  por las citas de autor. Enseñando una y otra vez a mis alumnas a “citar a pie de página”:

Apellidodelautorcomanombreparéntesisañodeedicióncerrarparéntesistítulodelcapítuloentrecomillaspuntotítulodellibroennegritaocursivanuncaentrecomillaslugardeediciónciudadnuncapaíseditorialpágina

Y siempre había alguien para decir algo más interesante que yo.
Y siempre había alguien que tenía metáforas superiores.
Y siempre había alguien que pintaba para hacerte saltar las lágrimas.

Y una vez que abrí el grifo a las mujeres, comenzaron a gotear primero y a chorrear después buscando un continente.
Deseando no ser malgastadas y que alguien bondadoso comparta la bebida con otros sedientos de ellas.
Porque saben que siempre hay un roto para un descosido.
Y entre ellas discuten, se ríen y lloran.
Se divierten obligándome a transgredir cada día, un poco más.
Se deforman para provocarme.
A veces quieren ser burdas, otras sofisticadas.
Pero no me dejan tirarlas una vez que nacen y me clavan la mirada.
Me imploran, me exigen y se me meten en mis sueños para indicarme cuál debe ser la próxima.

Despiertan recuerdos,
abren heridas,
pero también reparan.
De alguna manera, reparan.
Por eso, ellas: 

sábado, 16 de julio de 2011

Dar es dar




Ako

En uno de sus viajes mochileros y hipones, mi hija conoció a Ako, un pibe de esos que se ganan la vida en la calle haciendo malabares y vendiendo artesanías. Hacía ya varios años que se había ido de su casa cargando en su mochila una historia de muchos institutos y poca madre.
Convivimos unas cuantas semanas. En esos días él conoció nuestra ciudad trabajando cada mañana en las esquinas que mejor pagaban con monedas.
Se levantaba a la mañana, tomábamos unos mates.
Luego, él se pintaba la cara, se colocaba una vincha en la frente con una pluma de colores. Y  salía a ganarse el día.
La noche que lo llevamos a la estación terminal, nos agradeció por haber respirado aires de familia.
Lo habíamos llevado a ver distintos paisajes de mar, ya que su primera impresión por las playas del centro lo había desilusionado. Y luego, lo que ya se sabe, cenas, mates, charlas y clases de artesanía.
Antes de irse vio un frasquito sobre un estante de la cocina. En su etiqueta decía “ayuden a Tomi”. Él sacó algunas de las monedas que se había ganado en la esquina.
Y cuando le advertí que era una estrategia de uno de mis hijos para que le banquemos sus gastos, se sorprendió y nos dijo:
-          Ahhh…yo creí que era para algún chico que lo necesitaba.

Luego, sonrió. Después rió más fuerte. Yo lo acompañé con una risa, resignada a las bromas e ironías de mi hijo. Sin darme tiempo, agregó:

-          No importa, se las dejo igual por el ingenio….que es otra manera de ganarse la vida….

Una historia chiquitita, entrañable, de un Ako que – como tantos pibes – pasaron por mi vida.
No supe más de él.
Hoy lo recuerdo con calorcito de madre.  

Los resabios del frasquito:

Más tarde, otro de mis hijos colocó un frasco al lado del de Tomy para competir con su estrategia. Y luego otro hijo hizo lo mismo. Hasta que,  como todo, fueron  perdiendo efectividad y quedaron en el olvido. 
Finalmente, cuando los Submarinos vinieron a vivir a casa terminé siendo yo la que puso un frasco que decía:
“Para los submarinos y afines. No alcohol. No drogas”
Mi intención era que se usara ese dinero en púas, cuerdas, colectivos…
La docente que hay en mí hacía esas cosas: pretendía normatizar el uso de las donaciones.

Otra historia chiquitita, de frasquitos,  que también recuerdo con la misma categoría de calor. 

viernes, 15 de julio de 2011

MUJERES DESACATADAS


Caminan por la cornisa de la ley del hombre.
No respetan formas ni contenidos.
Pierden la cabeza por cualquier cosa.
También la razón.
Aman, sienten.
Cuando se aburren, lo dicen y molestan.
No les importa. 

Sacan los trapos a la intemperie
Piensan sin reparos.
Se desconcentran,se descentran. 
Gritan cuando les duele. Rompe en llanto.
Se irritan, se ofuscan, se bifurcan. 

No pululan por ahí. Arremeten.
No husmean para ver quién viene. Encaran.
No se deslizan. Pisan fuerte.
No chusmean entre sí. Se arañan.
No piden permiso. Avisan.
No observan. Te penetran con la mirada.
No dudan. Se equivocan.
No planifican. Juegan.
No sangran por la herida. Chorrean.
No resignan el placer. Lo obtienen. 

Pierden el rumbo.
Habitan en ellas y en los otros.
Florecen y se marchitan sin pedir permiso.
A veces, en un instante. 

Cuando caen, suenan como un piano desafinado.
Pero cuando se levantan ...
...Cuando se levantan suelen ser la sinfonía mejor tocada. 


miércoles, 13 de julio de 2011

A calzón quitado...


No sé si siempre soñé con casarme y tener una familia feliz.
Si sé que Los Ingalls jamás fueron un modelo a  seguir en mis tiempos jóvenes. Aunque de más chica reconozco haber tenido algunos deslumbramientos fetichistas por esa serie...
...Esa mujer, con una capota que le borraba hasta la vagina; siempre juntando moneditas para llegar no sé a dónde….
…y él, mi  ídolo de una infancia con Bonanza temporada uno, que todo lo comprendía. TODO. ¡TODO! ¿TODO? ...Y esa sonrisa boba...y esa cara de responsabilidad ilimitada...
…las nenas, de tan buenas que eran, me resultaban inalcanzables y me hacían sentir fea y egoísta por no aportar en la casa más que mis impertinencias a la hora de rehusarme a lavar los platos, cada mediodía.
Tanto peor cuando la mayor quedó ciega. ¡Cómo envidiaba esos lentes!, porque lograron un punto de conflicto en franca ascendencia que les hacía fruncir el seño aún más  a los padres y amarrocar una mayor proporción de monedas en ese frasquito mágico.
De alguna manera también envidiaba el frasquito, por mi incapacidad de ahorro en un país que tampoco lo favorecía.
Ni qué hablar de Cándido Pérez y Señora, La Nena, Mis hijos y yo, o La Familia Falcón….
….¡juntitos, juntitos, juntitos…un padre, una madre, unos hijos y un tío solterón!
(Creo que en la canción también nombraban al perro y /o al abuelo, pero no estoy muy segura de ello. Lo mismo da)
 En aquellos tiempos no recuerdo un contra modelo de familia dentro de la oferta televisiva.  Los Simpson y Padres de Familia marcan una etapa en la que ya comenzaba a adivinar mis errores maternos.

Pero me casé y tuve hijos.
Y en los tiempos de crianza nos abrazó el amor.
Y el juego compartido.
Y los mimos.
Y apareció el frasquito que nunca terminaba de llenarse porque siempre nos ganaba la ansiedad de gastar las monedas en algo más pequeño e inmediato. En vez del viaje de vacaciones, con unos chocolates alcanzaba para satisfacer una noche de películas.
Y no hubo “lentes”, ni seños fruncidos por algún problema irresoluble.
Y muchos nos empezaron a llamar Los Ingalls. Aunque, en la medida que fue pasando el tiempo, también nos veíamos en el espejo de Los Simpson. Como les ocurrirá a casi todos, supongo.

Lo cierto es que hoy cargo con el peso de haber criado a mis hijos en un entorno de amor sabido por todos, desde el lenguaje hasta los gestos.¡Si hasta dejé de teñirme el pelo para que la tintura no atravesara la placenta y los intoxicara! 
Y ya grandes, algunos de ellos comentan en determinadas circunstancias, que tuvieron una infancia demasiado feliz y una adolescencia cómoda. Y que a la hora de resolver situaciones difíciles, se pierden un poco en la marea. Más aún, ¡cómo hacer para encontrar a alguien a quien amar durante toda la vida!, siguiendo el modelo de sus padres.

Y es en esos momentos , en los que recuerdo a una mujer con la que luché todos los años que fui directora en un jardín de infantes, porque  llevaba a sus hijos a la playa atados con una correa de perro  y permitía que cuando se quedaban solos en la casa comieran la polenta de la mascota. Y cuando yo la increpaba,  me decía que eso los iba a fortalecer de grandes, pero para eso había que criarlos sufriditos. ¿Qué será de esos niños, hoy?, seguramente portaran títulos y honores logrados a los cachetazos. Tal vez aún siguen atados del cuello de la madre. Quién lo sabe y qué más da.

Lo cierto es que tarde descubrí que no existe la educación perfecta,
ni la vida sin bemoles,
ni la leche sin pelos
ni el pajar sin agujas.

Y que el que amanece más temprano, sólo  se perdió un buen  desayuno en la cama. 

lunes, 11 de julio de 2011

Eventos circulares


Me dejaron seca. Helada.
Me chuparon toda la energía.
Casi  me dejaron sin habla.
Pero aquí estoy.
Poniendo yerba nueva y sacudiendo la modorra.
Intentando seguir el día a día.

Ahora caliento el agua para darme un buen baño.
Y me endulzo la boca con un buen terrón de azúcar.
Y mañana. Sí, tal vez mañana:

¡A empezar de nuevo!

Para que me dejen seca. Helada.
Y vuelvan a chuparme toda la energía.
Y me dejen sin habla.
Pero allí estaré.
Poniendo yerba nueva y sacudiendo de nuevo la modorra. 

Una y otra vez. 

domingo, 10 de julio de 2011

Algún día será un óleo....























En realidad no me dijo nada.
Sólo me miró, pero estaba enfurecida con esta ocurrencia mía de haberla pintado al pastel. ¡Y encima con esos colores…tan tristes!
Así que tuve acceder a sus caprichos de mujer de acrílico para que no entrara en esos silencios profundos que sólo servirían para debilitar la Serie de Mujeres.
Estoy segura de que lo que más le disgustó fue que le pintara las pupilas como si estuvieran manchadas.
Sé que mucho no la va con esas cuestiones del arte contemporáneo.
Le parece desprolijo. Un mamarracho. Lo adivino en sus ojos.

Y aquí está, un poco más colorida, aunque sin sacarme la mirada de encima.
Creo que no dí en la tecla con los colores que ella hubiera deseado.
Tampoco con la orientación en vertical. 
Porque no entiende que todo depende del el ángulo desde donde las cosas se miren. 
Pero, así seguirá.
Sólo puedo leer en sus ojos disconformidad y enojo.
Confieso que hice todo lo que pude, a pesar de no estar en mis mejores días.
¡Si aunque sea gritara, gruñera o llorara desconsoladamente!
Pero no.
El único ruido que le he escuchado últimamente ha sido un largo y profundo  suspiro que viene desde sus entrañas.
Alguna vez hablará….
Y cuando llegue ese día, juro que la pinto al óleo en una tela del tamaño de esta ventana.
Y horizontal. Para que se quede tranquila. 

sábado, 9 de julio de 2011

MEJOR ME CALLO



 Si se esperan que diga algo, van muertos.
No les voy a decir que me tienen cansada.
Sencillamente, no voy a abrir la boca.
Ni para comer.
Cuando llegue la hora de la comida, me van a buscar.
Y ¿qué van a encontrar?, nada. Ni a nadie.

Tampoco pienso tocar ni una sola cosa de la que desordenaron.
Y cuando no tengan más ropa para ponerse, me van a buscar.
Y ¿qué van a encontrar?, nada. Ni a nadie.

¡Ni qué hablar cuando él llegue a la cama! Ni pienso abrir la boca.
Y qué ni se le ocurra pedirme el control remoto. Mucho menos, mencionar que quiere ver el partido.

¡Ahí están!, pidiendo comida en un delivery.
Ni se les ocurrió preguntarme si había algo para comer. ¡Se la ven venir!

-No hijo. Yo no quiero nada. No voy a comer. Me voy a tomar un tecito, nomás.

¡Ahí tienen!. Me quedé sin comer.
 Así aprenden la lección. 
Encima justo empezó mi programa favorito.
Pero no lo voy a ver.
Para que aprendan.

Me voy a quedar así sentada, sin hacer nada.
Y cuando vean que no hablo, ya me van a buscar.
¿Y qué van a encontrar?, nada. Ni a nadie.

Ahí están comiendo empanadas. De las que a mí me gustan. Pero no pienso pedir ni una. Encima se ríen, los desgraciados. ¡Y el padre les festeja!
Parece que yo fuera de vidrio.
Me voy a poner delante del televisor y a vas a ver cómo saltan todos a la vez.

Nada. Siguen hablando.
No importa. Algún día se van a dar cuenta de que no hablo y cuando me pregunten qué me pasa, lo van a tener que adivinar.
Para que aprendan.
  



viernes, 8 de julio de 2011

De Silvita a la Señora Silvia





Cuando nací, mi tío Carlitos me bautizó La Rusa, por lo rubiecita, supongo. Sin embargo, el apodo que más tengo presente es el que – a solas – me decía mi mamá: Patito. De todos modos, mi nombre le ganó a esos apodos durante casi toda mi vida. Y me llamaron Silvia, simplemente, descartando los mami y sus derivados que siempre te rodean en los tiempos de crianza. O los  apodos que devienen del espacio íntimo de la pareja, que cambian con las distintas épocas o climas de ese tercero que se arma entre dos.
Pero hace algunos años, fui Silvita. En los tiempos en los que invitamos a los Submarinos a vivir con nosotros para que hagan su disco. Amigos de nuestro hijo mayor que se sumaron a la familia durante un año largo. De pronto fuimos doce, en vez de seis. Aunque los fines de semana se sumaban los que llegaban a visitarlos. Fusión de neuquinos y marplatenses con un hambre intenso por descubrir con la voracidad con la que lo hacen los jóvenes,  los tesoros de este mundo complejo y maravilloso.
Y de pronto me encontré siendo Silvita. No, una más. Tampoco, una menos. Un pulpo con miles de extensiones para alimentar y alimentarse de todos y de cada uno.   
Muchas  veces - cuando volvía de dar clases a las futuras docentes buscando nuevas estrategias para expresar la importancia del arte en la escuela y me desanimaba por no encontrar la pasión que esperaba, me encontraba con una ronda de mate por algún rincón en donde, a la hora que sea, se discutía acerca de cuál es el proceso de creación de los distintos lenguajes artísticos. Me sumaba a esas fogosas discusiones que muchas veces terminaban en gritos que había que apaciguar.
Unos leían Rayuela por ahí, o descubrían junto conmigo a Murakami o a Kundera. Otros, abrumados con Dostoiewski, Sartre y tantos otros que despertaban discusiones  en las que se ensayaba la vida.
Exploraban instrumentos y de pronto aparecía un bajo, un saxo, una trompeta, un acordeón, entre tantos otros. Y tocaban descaradamente, como si hubieran estudiado toda la vida. Y jugaban, jugaban, jugaban.
Y nuevamente yo, con mis tantísimos años de estudio en el piano, me volví a encontrar con ese instrumento desde otro lugar. El de la improvisación. ¡Qué pecado para alguien a quien torturaron los años de su infancia con la perfección de la partitura en mano y el pecado de errarle a una tecla!
Las chicas pululaban por ahí, también buscando un lugar. ¿Hacemos collares, bolsos, pulseras, yoga, contact, telas, circo? Y aparecían los nuevos estereotipos de una generación con un hipismo setentoso, al que sólo le faltaban aquellos ideales por los que tantos fueron desaparecidos. No se hablaba, en general,  de una política más terrenal y concreta,  por todo esto que ya sabemos y que finalmente, hoy,  ha vuelto a florecer.
Pero se buscaba vivir del arte. Se negaban a trabajar dependiendo de otros que los sacaran de su eje. Ese estilo de vida atravesaba las veinticuatro horas del día.
El trabajo es dignidad era una frase que se contraponía a ¿y, el ocio, no lo es?
Entonces, la romántica idealista que siempre hubo en mí se enfrentaba a la sacrificada que laburó desde que tuvo quince años. Y en esos choques , me perdía en una marea que hacía temblar las columnas que me habían sostenido durante años.
Y sacaba fotos. Porque ese presente, para mí, ya era un relato plagado de nostalgias. Ellos no comprendían la importancia de dejar plasmada y quieta una imagen que a mí me servía para alimentar el alma.
Presente y pasado juntos e inseparables me invadieron en ese día a día que siempre sumaba a alguien más.
Nadie comprendió nunca cómo hicimos posible esa experiencia. Mi psicoanalista me increpaba, mis amigos y parientes olfateaban con un dejo de resignación, que algo no estaba bien, ni en mi cabeza, ni en la de mi marido.
No era correcto tener una casa plagada de hippies que dormían y comían a cualquier hora. No era normal llegar a las cuatro de la tarde del trabajo y ver que recién estaban cocinando para el almuerzo que casi siempre, se concretaba a eso de las seis de la tarde.
No era normal, despertarse y que de cualquier puerta saliera alguien medio dormido y te dijera, hola…yo soy amigo de tu hijo.
No era normal levantarse a la mañana y encontrar los sillones y los pasillos de la casa con las colchonetas inflables o las bolsas de dormir siempre ocupadas.
No era normal, pero pasó.
 Y fueron rosas.
Rosas con espinas.
Dulces aromas de una juventud prestada que siempre agradecí por dentro. Pinchazos que me decían que no era normal.

Y así, de repente, todos se fueron yendo.

Y así, de repente, por esas cosas que la vida te ofrece a las cincuenta y pico, tuve que llevar a mi padre a vivir a casa.
 Y casi sin darme cuenta, pasé de ser Silvita a ser La Señora Silvia, para las mujeres que se instalaron en mi casa a cuidar de mi padre, haciéndose dueñas de un espacio que hasta hace poco había sido un centro cultural.
Si. De un centro cultural a un geriátrico.

Quiero contar que hoy, soy Silvia. Hace pocos días he dejado de ser La Señora.
Pasó el tiempo de los jóvenes, que hoy estarán probando la vida por distintos caminos. Mi padre ha ingresado al mundo de los abuelos y los cuidados intensivos que en casa ya no podíamos ofrecerle.
Y yo me encuentro buscando un nuevo apodo.
Pronto estrenaré mi nariz de Clown y tengo que poner un nombre a mi Payaso.
Pero sé que no será Silvita, ni Señora Silvia.
Busco nombre.
Se aceptan sugerencias.



jueves, 7 de julio de 2011

¡Yo ya tengo una vida, señores!


 
Les voy a decir algo.
Y nada de reírse, que no tengo tiempo para esas cuestiones.
Estoy viendo que mi blog no aumenta la cantidad de lecturas diarias como debería.
¡Hay una curva de crecimiento, ¿me entienden?! ¡Una curva de crecimiento que debe ser respetada!
¡Habrase visto! Cada día escribo más cortito para que me lean y son imposibles, ¡imposibles! ¿me entendieron?
Si hasta les pongo imágenes para que sea menos pesado. Mis estrategias didácticas son las que se utilizan para niñitos de dos años. ¡DOS AÑOS!...¿me entendieron?
Siempre con alguna excusa:
“…no sé, a mi mucho no me va eso de los blog, pero si te hace bien…!
“Es que no tuve tiempo…pero muy lindos tus dibujitos”
¡Qué dibujitos, ni dibujitos! ¡Esto  es arte, señores!
Y al arte no se le falta el respeto. ¡Insolentes!
Así que, desde hoy, quiero que CLICKEEN cada vez que cuelgo algo en el blog.
¿O para qué creen que lo hice? ¿para mí? Noooo…yo ya tengo una vida, señores.
Esto es por vocación… O NO LO ENTENDIERON!?
¡Y no se me hagan los distraídos porque yo sé muy bien lo que están pensando!
¿De qué se ríen?

 A ver: pongan CLICKEEN en el diccionario de sus máquinas. Después pongan BLOG. Después pongan ARTE. Y ahí se van a dar cuenta de lo que les estoy hablando. Y sepan que lo hago por su bien.

Ah!!, y aviso las nuevas reglas. Escuchen con atención, o tiro el mouse por los aires, porque ya me cansé:

Hay premio para aquellos que me hacen comentarios en el blog. Escuchen bien: no van a rendir final. Promocionan ….¡síiii! PROMOCIONAN
Los que sólo me hacen comentarios en el Facebook van a rendir final, pero aprueban con cuatro.
Aquellos que sólo ponen ME GUSTA, sepan que es lo mismo que regalarme  la vieja y tradicional manzana…..aunque todavía funciona.
Pero aquellos que me dicen que me leen y no lo hacen….ahhhh….esos sí….cuando me los encuentre y no sepan decirme la lección…APLAZO Y A MARZO…..
Y todo esto, es por su bien. Yo ya tengo una vida, señores.

martes, 5 de julio de 2011

Dale que éramos...



- ¿Dale que estábamos perdidas por el bosque y que venía un oso y nos quería comer?
- No.
- ¿Y que después con este palo, nosotras le aplastábamos la cabeza y resulta que el oso era bueno y nos invitaba a su casa?
 - No.
- ¿Y dale que entonces festejábamos el cumpleaños con todos los osos y nos metíamos en una cueva en la que había todo tipo de exquisiteces?
- No. Basta.
- ¡Pero de las que te gustan a vos!. Porque dale que los osos eran cheff y sabían hacer creme brulee?, ¿dale?
- No. No quiero. Salí.
- ¿Dale que este sillón era una cueva? Mirá si lo damos vuelta. Uahuuuuuuuu!!! ¡Mirá que buena cueva que tengo! ¡Yo tengo una cueva y vos no tenés nada!. ¡Vos no tenés nada!
- Dejá de hacerme burla. Basta.
- Bueno, entonces dale que como vos no querías estar en el cumpleaños,  nos matabas a todos y te quedabas con la creme brulee?
- No. Dije que no.
- Entonces te voy a matar con esta pistola que es recontra grande y que tiene una bala que desde donde tires, va directo al corazón. …perá…perá que ya te la tiro…perá que me meto adentro de la cueva…..perá, perá….no te vayas….no te vayas!!!,,,,

¡Ufa! Se fue.

Es una aburrida.
Siempre queriendo hablar del trabajo.Como si no pasáramos suficiente tiempo en la oficina.
Y de los hijos que ya no nos dan bola y tendrían que estar laburando.
Y del marido que no la entiende.
Y de los amigos del marido, que son unos hincha pelotas que siempre lo llaman para ir a la cancha.
Y de lo cara que está la ropa.
Y de que después nos van a doler todos los huesos. 
Ya está. No la invito más a jugar a mi casa.  


lunes, 4 de julio de 2011

LA MILITANTE

En una época dio la vida por Perón.
 Y esperaba ansiosamente que viniera de España para convertir nuestro país en un lugar para todos los argentinos.
 Iba a todas las marchas. Bueno, a casi todas.
A veces sus padres se lo prohibían y le cerraban la puerta con llave para que no saliera.
Estudiaba Asistente Social y andaba con sus compañeros por los barrios tomando mate en las villas sin ningún pudor.
Sus profesores le habían dicho que no veían con buenos ojos eso de que no les acepten un mate o una caña. Así que no le hacía asco a nada.
Fumaba Particulares sin filtro y usaba poncho.
Aunque de noche sacaba a relucir los pantalones pata de elefante y alguna túnica hindú para romper los boliches con sus amigos de la adolescencia y algunos que habían quedado de la infancia.
En esas ocasiones fumaba Marlboro o alguna que otra cosita que le convidaran.
Cuando vinieron Ellos tuvo que quedarse quietita y rezar para no haber quedado registrada en la agenda de ningún compañero.
Dejó la carrera y se puso a estudiar maestra jardinera.
Se  dedicó a los chicos.
Luego lo que ya se sabe: se casó, tuvo hijos, muchos.

Y ahora, con esta onda K, anda loca por Evita.
Y quiere comprometerse de nuevo con este país. Pero esta vez, en serio.
El otro día fue al Museo Evita y compró cajitas de fósforos con la foto de ella para regalar a sus amigos y parientes.
También compró tarjetas con las distintas caras de Eva y las colocó en la puerta de la heladera. Y arriba les puso unos imanes ranitas que compró en Plaza Serrano, que no tienen mucho que ver, pero sirven para sostenerla.
Ah, también compró unos imanes, que los tiene al costado del microondas con los delivery de la zona.
Después compró una cajita, también retratada…bueno, ya saben con quién.
Y la tiene arriba del mueble con monedas para el colectivo.
O para darles a los pobres, que siempre te andan pidiendo: en el subte, en las esquinas. Ella siempre les da.
Como Evita, aunque la suma sea proporcionalmente menor.
Pero dice que la intención es lo que vale. 
También estudia teatro. Como Evita, claro.
Y dice “Compañeros” y todo.
Y canta la marcha peronista.
Y va a Perón Perón a cenar con los amigos.
Creo que ahora se está por comprar una máquina de coser. Pero para regalar, claro. A alguna señora que cosa para ella.
Y bueno, por supuesto que en Navidad, a nadie le va a faltar un buen Pan Dulce.
Cada amigo va a tener su souvenir.
A ella le gusta estar en todos los detalles.
Y contribuir por un país mejor.
¡Viva la Patria! ¡Compañeros!

domingo, 3 de julio de 2011

Un dec para Dolores


Con estas piedritas completo el dec que me hice en el balcón para estar bien en onda.
Sólo me falta cargar abono para las plantas y después sí: ¡que la gente mire desde la calle cómo disfruto sentada en el silloncito mientras los veo pasar a ellos, que seguro, no tienen un dec!
Aunque mejor, no sé, creo que ni bien llegue, me voy a acostar. Me duele un poco la espalda.
Y…tambieeén, debe ser el ficus que cargué el otro día, esas cinco cuadras. Bueno, mejor dicho, siete. No, creo que eran once.. a ver…
La cuestión era que no iba a pagar un flete por tan pocas cuadras.
Pero bueno, ahora llego, pongo las piedras alrededor del dec, me tomo un analgésico y antiinflamatorio. Después me acuesto un rato y listo. Renovada para empezar.
Aunque, si no voy a buscar el abono para las plantas y el resto de tierra para el ficus, se me van a secar. ¡Y la verdad, es que con todo lo que me gasté…!
Voy, total después, a la noche, me doy un baño bien calentito, me tomo unas pastillas para dormir y al otro día estoy como si nada.
Y ahí, sí, cuando me levanto, me tomo unos mates en el dec del balcón.
Aunque no creo que haga a tiempo, porque tengo que estar temprano en el trabajo.
Bueno, entonces, cuando vuelva.
Ahhhhh!!!, pero me olvidaba que tengo que cambiar las macetas de las últimas plantas que compré para que queden todas iguales…¡qué macana!.....
Porque ni loca dejo esas macetas de plástico al lado de las de cerámica pintada, que están tan lindas.
Total, cuánto pueden pesar cuatro macetas de cerámica de las que hay en el vivero que está acá nomás, a diez cuadras.
Así que voy a hacer eso. Ni bien me levanto, paso antes por el vivero y llevo las plantas para que me las preparen. Y cuando vuelvo del trabajo, las paso a buscar. Les pido que las pongan en dos bolsas bien reforzadas y joya. Y casi las pago con lo que me ahorro de flete.
Y ahí sí, una vez que esté todo como a mí me gusta, me tomo unos mates en el dec de mi balcón.
Aunque…

miércoles, 29 de junio de 2011

LA PAJARONA

El otro día me encontré una moneda cubana. 
¿Será que voy a viajar a Cuba?, me pregunté. O  ¿qué voy a conocer a un cubano?, ¿o que Fidel se va a morir? No sé si mis señales tienen alcance internacional, pero a lo mejor…
Después, me encontré con una amiga que hace años no veía.  Justo, a la mañana, había pensando en ella. ¿Será una señal?, ¿una predicción?, ¿un anuncio de algo?
Más tarde, un amigo de la adolescencia, del que no sé nada desde hace muchísimos años, me contactó por el facebook y yo justo recordé que tenía guardada una carta de él. ¿Por qué habré guardado la carta durante tanto tiempo?, ¿por qué mi amigo se conectó conmigo?, ¿lo presentiría, de alguna manera?
Pero esto no es nuevo.
Sólo que recién ahora empiezo a darme cuenta de que son señales.
No sé de quién. De algo superior, supongo.
Mi amiga me lo aseguró y me puso al tanto de un mundo que desconocía.
También escuché en un seminario de biodanza que todos conformamos una red invisible que se conecta a través de otros niveles.
No sé bien del tema, así que no voy a arriesgar.
No quiero quedar como una tonta.
¡Ahora que caigo en la cuenta, recuerdo cuando les decía a mis hijos: - si no te abrigás, te vas a enfermar, te vas a enfermar, te vas a enfermar…! ¡y se enfermaban!
¡Yo sabía cuándo finalmente iban a caer en la cama!
O cuando me voy a enfermar yo. ¡También puedo predecirlo!  
Digo – esto me va a caer mal, ¡y me cae mal!
Me pasé años recurriendo al psicoanálisis, para darme cuenta de que aquello que atribuía a las propias elucubraciones del inconsciente, no eran más que señales que nos vienen de ese “algún” lugar.
Por eso el día que encontré esa moneda cubana me alegré como nunca.
Fue como el nacimiento de una Nueva Era.
Y, a medida que la iba levantando iba descubriendo que estaba ingresando al nuevo paradigma de la postmodernidad.
No sé bien cómo voy a comprender el mundo sin culpar a mi padre por todo lo que me pasa, o a la carencia del falo. O a la culpa de no ser lo que él quería.   
Ahora tengo que pensar en señales.
Puras señales que me llevarán por el mundo sin que yo tenga nada que ver.
Es como sacarse la mochila de la culpa y de las obligaciones para empezar a andar liviana, muy liviana, por la vida.
Anoche, mi entusiasmo me llevó a contarle a mi marido las nuevas teorías que me atravesaban. Creí que se iba a poner contento, porque con eso del psicoanálisis lo tengo bastante pasado.
Me dijo: - pajarona… ¡qué pajarona!

lunes, 27 de junio de 2011

Como una Nana

La llamé.
Estaba desesperada por contarle.
Quería desahogarme. Compartir mis novedades.
Y quién mejor que una amiga para eso.
Ni bien me atendió le pregunté cómo estaba; una formalidad sin importancia para empezar a desagotar el rollo.
Me dijo que como siempre.
Que no paraba de trabajar de un lado al otro.
Que vivía cargando cosas y su espalda ya no daba más.
Que la verdad para qué tanto sacrificio y estudio, si después…
Que su ex seguía sin pasarle un centavo y sus hijos gastaban cada día más.
Que-se-i-ba de-via-je-con-una-a-mi-ga-en-las-va-ca-cio-nes-de-ju-lio.
Ante al cambio de rumbo, casi alcanzo a decir que qué suerte.
No  pude.
Su tono era el mismo que el de “la verdad para qué tanto sacrificio” o el de “vivo cargando cosas”.
Quise decirle que dentro de todo era una buena noticia.
Pero ella siguió acompasando el  mismo ritmo, con un acento al inicio de cada compás y una caída hacia el final de cada frase, como si fuera la canción de un autor poco inspirado.
Y sólo pude seguir escuchando…
tata tata tata tá,
tatatatatatatata,
tata tata tata tá,
tatatatatatatata….
Al concentrarme en el ritmo, me di cuenta que si lo analizaba mejor, no se trataba de una mala canción.
Era como una nana, aquellas que les cantaban las criadas a los niños en tiempos de guerra. Temas escabrosos dentro de dulces melodías. Como tan bien lo describía Lorca.
Y en esa nana comencé a dormitar.
Y a soñar con  cargas y pesos, con hijos que gastan y hombres desalmados. Veía a mi amiga viajar con su amiga cargada de cosas, llena de hijos y llorando mientras miraba nuevos paisajes.
Justo en el momento en el que me encontraba en la zona beta de mi sueño y veía cómo ella se asomaba a un precipicio en la cima de una montaña, me sobresalté al escuchar, del otro lado del teléfono, una voz que me preguntaba:
¿Y vos, cómo estás?
Pero ya era tarde.
Muy tarde. 

sábado, 25 de junio de 2011

REINA

Estoy bien. Divina.
Me lo repito hasta el cansancio.
Necesito creerlo y así seguir un día más.
Y después otro.
Aunque cada mañana el Espejo traidor diga lo contrario.
Insolente, despreciativo.
¡Qué  derecho hay a ser tan impiadoso en la hora más vulnerable del día!
A interceptarte sin aviso. Así, de sopetón.
Cada vez que lo miro escucho el tic – tac de su reloj haciéndome burla.
Igual, estoy siendo injusta con él.
En realidad, lo prefiero antes que a otros.
A los  de la peluquería, por ejemplo, que casi no pueden sostenerse en las paredes,  porque ni bien te sentás en la butaca se confabulan con las luces y te hacen notar cada una de tus imperfecciones, que siempre mutan, se reinventan.
Y vos seguís siendo una chica como las que te rodean y se están peinando para salir de noche. Blancas Nieves que ni se enteran que alguna vez, vos también eras amiga del Espejo.
Pero lo que nunca le voy a dar, aunque lo pida de rodillas, es la indignidad del bisturí.
Las anestesias, los dolores, los sedantes, el reposo, la hinchazón, la espera, la falsa ilusión de la juventud.
Por eso cada mañana sostengo la pelea cuerpo a cuerpo. Y muchas veces él termina convencido de que estoy bien.
Divina.
Y así paso un día.
Y después otro.