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ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA

ESCRITURA ESPONTÁNEA Y ROPA VIEJA Unas veces, salen sin pedir permiso y te piden que las pongas en algún lugar, como si estuvieras hablando y a las palabras se las llevara el blog. Otras veces, las encontrás en borradores que habías descartado y las ponés así, revueltas, desordenadas, como la ropa vieja que se cocina con lo que quedó de la noche anterior. Palabras que desean tocar, pellizcar, acariciar, poner la oreja y encontrarse con otras que al igual que ellas desean salir de alguna garganta.

miércoles, 24 de agosto de 2011

MUJERES DESAFORTUNADAS



Mujeres desapercibidas, desgraciadas, descuidadas, desavenidas.
Mujeres desafortunadas, despreciadas, desalineadas, destruidas.
Heroínas cotidianas a las que alguien, alguna vez, les robó un sueño.  
Niñas eternas esperando una mirada que las apruebe,
hembras que necesitan, se les otorgue la palabra,
pobres muchachas, siempre apretando el grito en su garganta.

Mujeres desalentadas, demacradas, deformadas, despatarradas.
Mujeres deterioradas, desposeídas, desprovistas, deslucidas.
Víctimas de aquellos que no reconocen su lenguaje,
huérfanas de protección y resguardo,
Madres de una humanidad que  las ignora.
Memoria de una especie  sin  derechos.

Todavía existen. Todavía esperan.
                                                 todavía están a tiempo de volver a empezar (¿?)
.

martes, 23 de agosto de 2011

Entre la ropa sucia y el Arte




Armó su valija para viajar, como todas las semanas. No puso casi ropa, ya que tiene un poco en cada casa, organizada después de varios años de vivir en dos ciudades. Se limitó a poner una considerable cantidad de libros que llevaría para trabajar el fin de semana, su portfolio con pinturas (que casi siempre la acompaña), sus lápices acuarelables, sus fibras pincel, sus pasteles, sus acrílicos, sus lápices permanentes y algunos otros accesorios artísticos.
Durmió bien, aunque al despertarse sintió que el viaje había sido corto. Aún tenía sueño. Bajó del micro y pidió con decisión su valija plateada al muchacho que tenía tanto frío y sueño como ella.
Llovía  en Mar del Plata.
Llegó a su casa a las seis de la mañana y después de tomarse unos mates se fue a tramitar su DNI. Venía de algunas semanas en las que parecía que las coordenadas de la armonía se le estaban enredando en algún lugar que no alcanzaba a divisar. Mientras que hacía la cola esperando a que abra el Registro  Civil se dispuso a hacer un listado mental de todos los acontecimientos que, en cuestión de semanas, le habían ido ocurriendo, para detectar si alguno de ellos había sido provocado por su impericia o sólo se limitaban a ser acontecimientos externos y casuales.
Se  había muerto su padre,
le habían entrado a robar a su casa,
le habían robado el celular en el subte,
les habían roto los vidrios del auto para robar el estereo,
le habían hackeado su cuenta de correo electrónico,
se le había roto su computadora….
 Cuando cerró la lista pensó que ya era hora de mirar hacia adelante y poner la mejor predisposición para disfrutar de  este fin de semana largo que bien merecido lo tenía.  .
Ya en su casa, se decidió a trabajar, por lo que fue directo a desarmar su valija. Ni bien la vio, se preocupó al observar  que estaba trabada con el seguro (cosa que ella jamás hace por temor a olvidarse de la clave). Y mientras pensaba quién podría haber sido el que lo hiciera (¿el taxista?, ¿el valijero?), le corría un poco de sudor frío en la frente imaginando que quizás tendría que romper la valija que tanto le había costado, como le había ocurrido a una amiga hace tiempo. Aunque al notar  que los números estaban en cero, respiró  y con un simple clic logró solucionar y se dijo a sí misma: - tranquila, todo está en su lugar.
Cuando por fin logró abrir la valija plateada, no comprendió lo que estaba sucediendo. Entró como en una ensoñación que le hacía dificultoso el razonamiento.
Se  encontró con que estaba llena de ropa para lavar y que tenía un sobre negro de nylon (parecido al  que usa su marido para los remedios).
Revolvió la valija y no encontró más que ropa y más ropa. Sucia.
¿Quién habría sido el que puso esa ropa….? ¡.claro! ¡Ahora caía!: se había llevado la valija equivocada. Y ahora que la observaba con un poco más de atención no comprendía cómo no se había dado cuenta de que, además, era mucho más chica que la suya.
Pensó en sus pinturas, sus libros, sus lápices, su fin de semana tirado a la basura. Y comenzó a buscar los números de teléfono de la terminal de Mar del Plata. Luego de algunos intentos fallidos, una voz que, seguramente, esperaba la llamada, le dijo que su valija estaba en Miramar y que, por favor, llevara esa valija a la terminal para hacer el intercambio que sucedería a las cuatro de la tarde.
Sin embargo, ella no pensó en que se sumaba un acontecimiento más a los tantos otros que la habían sucedido. Éste sí era su responsabilidad, quizás producto de la tensión de las últimas semanas. No importaba ahora.
Lo único que no podía dejar de pensar era en su suerte, a pesar de todas las cosas. Porque si esa valija hubiera sido la suya tendría que haber dedicado su tiempo al aseo de la ropa. Y no es que ella no tuviera una vida terrenal en la que no suceden esas cosas. Sólo que ese episodio la ayudó a dimensionar  en qué se había transformado su universo estos últimos años. Un universo de pasteles, acrílicos, libros y accesorios que la ayudaban a procesar cada pequeño acontecimiento de su vida. .
Y pensó en uno de sus personajes favoritos, La Pajarona, que ocupaba cada día más espacio entre todas las mujeres que la habitan.
Y se sintió feliz. 

lunes, 22 de agosto de 2011

LA GESTA DE LLEGAR CON LOS SOQUETES BLANCOS



Tenía que dar una conferencia en la provincia de La Rioja  y varios talleres acerca de la educación los niños más pequeños. Fue tan bien recibida que, además de haber sido declarada ciudadana ilustre, el intendente le dijo al Secretario de Turismo que – antes de dejar la provincia  - la llevarán a conocer las bellezas naturales del lugar. La pasarían a buscar a la madrugada para ir a Talampaya, gran espectáculo de la naturaleza, si los hay en esta tierra.
Nunca hace frío en Talampaya. O casi nunca, al menos así se lo habían expresado. Y como la semana anterior le habían dicho que en La Rioja había una elevada temperatura, llevó ropa adecuada para la ocasión. Sólo que los temblores que acontecieron unos días antes hicieron que la temperatura que había al llegar disminuyera raudamente. Por lo que – de cuarenta y cinco grados se llegó a ocho, de un día para el otro.
Cuando la fueron a buscar para la tan ansiada excursión subió a la camioneta dormida, aunque entusiasmada. Y en la primera parada, cuando se bajó para sacarse una foto con los baqueanos del lugar, todos  se asombraron al ver que llevaba unas sandalias de taco chino y unos soquetes blancos y recién estrenados que no parecían adecuados para el barro rojo de La Rioja que – cuando llueve – se hace como una arcilla ideal para modelar esculturas o cositas por el estilo.  Si bien no fue un reto el que le dio la Directora de Educación del Municipio que gentilmente la acompañaba, su grito sonó como tal haciendo que La Pajarona intentara justificarse, diciendo: - ¡es que no imaginaba que iba a hacer tanto frío y me traje unos soquetes por si acaso! Consideró que no hacía falta explicar lo de las sandalias de taco, ya que este viaje no había sido programado para la aventura. Solo era un viaje de trabajo, como tantos otros.
Finalmente, en uno de los días más fríos que se hayan registrado en  Talampaya y ante esa llovizna insistente recorrieron el lugar, todos caminando, ella patinando, aunque intentando disimular sus deslizamientos como mejor podía.  
Todo podría haber transcurrido en ese silencio que sólo rompían algunas risas disimuladas, dado que La Pajarona no dejaba de ser la especialista que había ido a dictar una conferencia a la provincia. Hasta que en una de las paradas, se cruzaron con unos hombres extranjeros que salían de su camioneta y se disponían a recorrer el lugar, luego de tomarse un vasito de tequila.
Una vez que ellos divisaron a La Pajarona, se le acercaron y haciendo uso de su media lengua española le dijeron algo así como: -¿no nos dejaría sacarnos una foto con usted, con ese calzado tan  inadecuado que trajo para la excursión? Y La Pajarona, lejos de achicarse, aceptó primero un vasito de tequila y luego, posar para una foto con los extranjeros que, seguramente estará formando parte de algún álbum de curiosidades, allá por el continente europeo.   
Pero lo más interesante de esta historia no fue el calzado inadecuado. Fue la gesta de La Pajarona, que se había propuesto salir de ese episodio con todos los honores. Y  para lograrlo, su gran trofeo sería llegar a la camioneta con los soquetes blancos. Por lo que la ridiculez se desplazó del eje del calzado inadecuado  a los intentos de mantener el par de soquetes vírgenes de toda mancha.
¡Y lo logró! Claro que lo logró. Ayudada por el Secretario de Turismo y la Directora de Educación, La Pajarona – tomada del hombro de cada uno de ellos – como en una pista de hielo, pasito a paso y con la frente bien alta logró llegar indemne a la camioneta.
¿Se puede transformar la ridiculez en una gesta?
Otra pregunta inadecuada.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Breves historias...



Ernesto e Isabel jugaban con un pequeño rombo de piedra que, al girarlo, despedía destellos color púrpura. Se miraban, aterciopelados. Se decían tantas cosas a los ojos. Y mientras  el rombo giraba, el tiempo parecía detenerse tan sólo en ese instante.
Ni hacía falta tocarse. Ni había qué decir. Sabían que tan sólo tenían el tiempo que tardara el trompo en dejarse caer.

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Octavio era un ladrón de pergaminos y de todos aquellos viejos objetos,  esenciales para unos y descartables para otros. Elena lo admiraba. Era especialmente básico. Pero a ella sólo la guiaba un instinto que adivinaba maternal por la sensación umbilical que le venía desde adentro. Como si un cordón la atara a él de manera definitiva. Un aire color plúmbeo los acompañaba cada vez que intentaban separarse.

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Una esfera color sangre brillaba en el escenario. Efraín  no podía dejar de sacarle la vista de encima. Estaba alterado. Sus rulos,  aún más acentuados por su estado,  aumentaban su aspecto rotoso y desalineado. De pronto sacó algo parecido a un tenedor de su cajón de trastos viejos. Y se puso dramático. Se pensaba a sí mismo un desterrado. Para los otros, un excluido. Cansado de no encontrar una etiqueta mejor, bajó las luces sin dejar de mirar al coágulo gigante que lo amenazaba.  Lo pinchó y se quedó mirando ese río morado  y gelatinoso hasta morir.

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Era tiempo de soltar. Esther sabía que había que construir las alas. Empezar por ahí, aunque más no sea. Lenta y serena coló en un recipiente cientos de litros de olas del mar más cercano y comenzó  a amasar con sal su futuro aireado y ventoso. Rodeada de rosales se soñaba entera en el aire.

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Ese día me hice una pregunta que jamás obtuvo solución. No me reconocía práctico en ese sentido. Me parecía  hasta ostentoso creer que sin ser sabio podría hallar la respuesta rápida a una inquietud errante y solitaria.  Lo atormentador de esa idea me hacía sentir un arlequín en tiempo y lugar inadecuados. Teresa callada, me juzgaba. Finalmente comprendí que tendría que convivir con  esa incertidumbre.

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Alicia sólo quería aferrarse sin sentido a esa isla que la mantendría aislada de la realidad. Se  quedaba apachurrada en esa ensoñación que si bien le mostraba unas alas transparentes, se sospechaba  mentirosa. Alicia no quería crecer. Quería quedarse en Malasia para siempre.
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Parecía imposible atreverse a pedirle que dejara la prótesis. Habíamos escuchado el rumor de que la necesitaba para sentirse entera. Nunca nos dejó opinar. Para ella, era una compañía. Su presencia daba miedo. Su ausencia daba pena.

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No conocíamos su verdadera identidad. Sólo sabíamos que la llamaban Sabrina. La encontré una vez en el alféizar de mi ventana.  En el alféizar calado de la ventana moruna solía decirme ella, como el poema de José  Martí. No soy buen orador, por tanto la pinté con tinta en un lienzo para no olvidar  que de verdad existía. Era rara, bien oliente y perezosa. Y cuando por las noches se me desdibujaba su cara, rápidamente encendía un fósforo para volver a pintarla. Hoy, cada una de esas caras duermen en mi portafolios, unas sobre otras, cuidadosamente guardadas.  

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Desde el confort de su cuarto le pareció escuchar un grito. Después tuvo la impresión que alguien susurraba un lamento. ¿Era una alucinación, acaso? De pronto vio un arco y seguido a él, un cuerpo roto. Alguien había lanzado la flecha. De fondo se escuchaba como si un glaciar estuviera cayendo estrepitosamente al agua.

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Era un macho en el Emporio de la Risa. Se creía humano pero no pasaba de ser un odioso especimen de la raza. Simplemente, un hombre. 
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En la empresa había un radar que captaba a diario lo que pasaba en su interior. Sólo había una corona. Unión  era una palabra y confusa que se usaba caprichosamente. No había amapolas. Todos estaban en la cuerda floja.

PALOMA



Volé anoche desde una paloma
Desde una paloma te divisé
Te divisé y me cautivaste
Me cautivaste y lloré
Lloré y me descubriste.
Me descubriste y te amé.

Te envié mensajes desde su pico
Su pico te declaró mi amor
Mi amor te pidió que subas
Subiste y fuimos dos
Dos que volamos al viento
Viento que siempre sopló

domingo, 7 de agosto de 2011

Los ruidos del silencio


Después de haber curioseado por distintas soluciones que te proponen las disciplinas orientales: alguien que te cuenta ejercicios de relajación, otros que te sugieren un libro o un video con algún oriental que te va llevando a estados de meditación y etcéteras, finalmente lográs poner la mente en blanco.
Y para ello encontrás el lugar perfecto y el horario específico: hora pico de cualquier lugar del centro de cualquier ciudad,  en donde los autos, subtes y colectivos tocan bocinas y vos cruzás rápido porque llegás tarde a algún lugar o hacés tiempo en librerías para tomar un subte menos ocupado.
Y en ese ruido ensordecedor encontrás el absoluto silencio. Tu mente se pone en blanco y se suspenden los duelos, los dolores, las angustias y preocupaciones.
Sos nadie y eso te hace bien.
Después, cuando llega la noche y todo se apaga comienzan, de a poco, a aparecer todas las que sos. Y cada una viene de la mano de su contexto.

Y aparece la que sos cuando estás en el laburo,
la que has construido después de años de ser esposa y madre,
la que perdió a su padre,
la que no sabe cómo poner límites a determinadas situaciones,
la que tiene trabajos pendientes,
la que se los inventa,
la que tiene miedo  que le ocurra algo terrible a sus seres queridos,   
la que siente como una amenaza el paso del tiempo,
la que tiene que pagar una boleta de luz que olvidó en el bolso y si no lo hace siente que  se termina el mundo,
la que estuvo jugando en sus clases de teatro y ahora se piensa ridícula entre todas las demás,
 la que escribe y en la noche considera que cada una de sus palabras habría que tirarlas a la basura,
la que respeta las instituciones y le dice a la que pinta que es una verdadera caradura, que cómo se atreve a pintar sin haber aprendido, al menos, diez años de técnica,
la que añora el pasado.

Todas juntas,  en la noche,  arman una sinfonía que dimensiona las pequeñeces haciéndolas sonar como la mejor música de Wagner.
Y después, cuando por la mañana volvés a la marea cotidiana, todo te parece posible.
Y cada una vuelve a su lugar esperando aparecer en el momento preciso.
Y tus mujeres, ya más descansadas, creen que todo lo pueden, que siempre es tiempo de empezar aquello que quisieron hacer toda su vida, que no importa el qué dirán.  

Y concluís que en el ruido está el mayor de los silencios.
Y que el silencio está poblado de voces.
Demasiado  lleno de gente.
Al menos eso sentís hoy, que por un rato, sólo sos la que escribe. 

martes, 2 de agosto de 2011

MUJERES DESACATADAS


Mujeres desacatadas, desarmadas, desfachatadas.
Desmadradas, desmedidas, desboladas, desorbitadas, destrabadas.
Siempre, destacadas.
A veces, desatendidas.
Nunca, deslucidas.

Mujeres desubicadas, desprendidas, despojadas.
Desatadas, desfloradas, deshojadas, desaprendidas, despreocupadas.
Siempre despiertas.
A veces, desterradas.
Nunca, desocupadas.

Mujeres destetadas, despechadas, destrozadas.
A veces, desesperadas
Nunca desesperanzadas.
Nunca desestimadas.
Nunca desapercibidas.

domingo, 24 de julio de 2011

Mi bombonazo


Amorcito mío,
terronazo de azúcar,
 miel en mi alma
y todas esas cosas que salen del corazón.

Verduritas en mi panza,
frutita en mi paladar,
lentejuelas en mis pechos
 y todas esas cosas que salen del corazón.

Pendiente en mi bicicleta,
ponchito que da calor,
soldadito de mi cama
y todas esas cosas que salen del corazón.

Milanesita crocante,
nubecita de algodón,
capitán de mi barquito
 y todas esas cosas que salen del corazón.

Explosión en mis entrañas,
puntaditas sin dolor,
canción en mis almohadones
y todas esas cosas que salen del corazón.

Te quiero mi vida,
te quiero un montón,
con mis palabritas,
chiquitas,
tontitas,
hechitas de amor.

viernes, 22 de julio de 2011

Cambios


Ser extranjera en tu propio espacio.
Mutar, mudarse, deambular.

 No pertenecer.

Curiosear en mundos ajenos,
decodificar sus internas
adivinar por dónde viene la cosa
y salir cuando se torna aburrido.

Desacralizar los templos cotidianos,
banalizar las grandes verdades,
crear tu propia aventura,
tejer y destejer mitos,
desrutinizar el minuto,
romper el silencio,
sostener nuevas teorías,  

y hasta cambiar de peinado,
me mantiene viva.  

miércoles, 20 de julio de 2011

La amistad apacigua ¡?

Tengo problemas con el tira y empuje de las puertas.
Con el botón del ascensor: se indica hacia donde voy o desde donde estoy ?
Con los bidés de los hoteles
Con el hardware y el software.
Con estacionar a mitad de cuadra. 
Con estacionar, en general.
Con pedir turno para cualquier cosa.
Con los cajeros automáticos .
Con depositar y transferir.
Con todos los trámites.
Con ahorrar tiempo.
Con reclamar lo que me corresponde.
Con decir no.
Con no creer. 
Con pisar tierra.
Con la culpa. 
Con la seriedad.
 
Con el frío. 
Con los calores. 
Con la edad. 
 
Pero cuando estoy con amigas
los problemas son chistes que nos hacen reír hasta el cansancio

domingo, 17 de julio de 2011

Abrir el grifo y dejar que chorreen

Galería de Mujeres desacatadas
A veces intento deshacerme, pero ni bien me acerco a las mujeres, soy tomada por ellas.
No les alcanza con haber sido presentadas en la red.
Tienen hambre de más.
Y piden y piden encontrar al resto.
Saben que son más y esperaron tanto tiempo para salir.
Un embarazo de años y años aburridas dentro de mi cabeza, que se debatía entre la negación y la incertidumbre. 
Hartas de escucharme decir que no servía para interpretarlas.
Que los lápices habían sido parte de mi frustrada etapa escolar.
Que me habían dicho en la escuela que era mediocre para ese arte, sólo de unos pocos.
Cansadas hasta el hartazgo de mi obsesión  por las citas de autor. Enseñando una y otra vez a mis alumnas a “citar a pie de página”:

Apellidodelautorcomanombreparéntesisañodeedicióncerrarparéntesistítulodelcapítuloentrecomillaspuntotítulodellibroennegritaocursivanuncaentrecomillaslugardeediciónciudadnuncapaíseditorialpágina

Y siempre había alguien para decir algo más interesante que yo.
Y siempre había alguien que tenía metáforas superiores.
Y siempre había alguien que pintaba para hacerte saltar las lágrimas.

Y una vez que abrí el grifo a las mujeres, comenzaron a gotear primero y a chorrear después buscando un continente.
Deseando no ser malgastadas y que alguien bondadoso comparta la bebida con otros sedientos de ellas.
Porque saben que siempre hay un roto para un descosido.
Y entre ellas discuten, se ríen y lloran.
Se divierten obligándome a transgredir cada día, un poco más.
Se deforman para provocarme.
A veces quieren ser burdas, otras sofisticadas.
Pero no me dejan tirarlas una vez que nacen y me clavan la mirada.
Me imploran, me exigen y se me meten en mis sueños para indicarme cuál debe ser la próxima.

Despiertan recuerdos,
abren heridas,
pero también reparan.
De alguna manera, reparan.
Por eso, ellas: 

sábado, 16 de julio de 2011

Dar es dar




Ako

En uno de sus viajes mochileros y hipones, mi hija conoció a Ako, un pibe de esos que se ganan la vida en la calle haciendo malabares y vendiendo artesanías. Hacía ya varios años que se había ido de su casa cargando en su mochila una historia de muchos institutos y poca madre.
Convivimos unas cuantas semanas. En esos días él conoció nuestra ciudad trabajando cada mañana en las esquinas que mejor pagaban con monedas.
Se levantaba a la mañana, tomábamos unos mates.
Luego, él se pintaba la cara, se colocaba una vincha en la frente con una pluma de colores. Y  salía a ganarse el día.
La noche que lo llevamos a la estación terminal, nos agradeció por haber respirado aires de familia.
Lo habíamos llevado a ver distintos paisajes de mar, ya que su primera impresión por las playas del centro lo había desilusionado. Y luego, lo que ya se sabe, cenas, mates, charlas y clases de artesanía.
Antes de irse vio un frasquito sobre un estante de la cocina. En su etiqueta decía “ayuden a Tomi”. Él sacó algunas de las monedas que se había ganado en la esquina.
Y cuando le advertí que era una estrategia de uno de mis hijos para que le banquemos sus gastos, se sorprendió y nos dijo:
-          Ahhh…yo creí que era para algún chico que lo necesitaba.

Luego, sonrió. Después rió más fuerte. Yo lo acompañé con una risa, resignada a las bromas e ironías de mi hijo. Sin darme tiempo, agregó:

-          No importa, se las dejo igual por el ingenio….que es otra manera de ganarse la vida….

Una historia chiquitita, entrañable, de un Ako que – como tantos pibes – pasaron por mi vida.
No supe más de él.
Hoy lo recuerdo con calorcito de madre.  

Los resabios del frasquito:

Más tarde, otro de mis hijos colocó un frasco al lado del de Tomy para competir con su estrategia. Y luego otro hijo hizo lo mismo. Hasta que,  como todo, fueron  perdiendo efectividad y quedaron en el olvido. 
Finalmente, cuando los Submarinos vinieron a vivir a casa terminé siendo yo la que puso un frasco que decía:
“Para los submarinos y afines. No alcohol. No drogas”
Mi intención era que se usara ese dinero en púas, cuerdas, colectivos…
La docente que hay en mí hacía esas cosas: pretendía normatizar el uso de las donaciones.

Otra historia chiquitita, de frasquitos,  que también recuerdo con la misma categoría de calor. 

viernes, 15 de julio de 2011

MUJERES DESACATADAS


Caminan por la cornisa de la ley del hombre.
No respetan formas ni contenidos.
Pierden la cabeza por cualquier cosa.
También la razón.
Aman, sienten.
Cuando se aburren, lo dicen y molestan.
No les importa. 

Sacan los trapos a la intemperie
Piensan sin reparos.
Se desconcentran,se descentran. 
Gritan cuando les duele. Rompe en llanto.
Se irritan, se ofuscan, se bifurcan. 

No pululan por ahí. Arremeten.
No husmean para ver quién viene. Encaran.
No se deslizan. Pisan fuerte.
No chusmean entre sí. Se arañan.
No piden permiso. Avisan.
No observan. Te penetran con la mirada.
No dudan. Se equivocan.
No planifican. Juegan.
No sangran por la herida. Chorrean.
No resignan el placer. Lo obtienen. 

Pierden el rumbo.
Habitan en ellas y en los otros.
Florecen y se marchitan sin pedir permiso.
A veces, en un instante. 

Cuando caen, suenan como un piano desafinado.
Pero cuando se levantan ...
...Cuando se levantan suelen ser la sinfonía mejor tocada. 


miércoles, 13 de julio de 2011

A calzón quitado...


No sé si siempre soñé con casarme y tener una familia feliz.
Si sé que Los Ingalls jamás fueron un modelo a  seguir en mis tiempos jóvenes. Aunque de más chica reconozco haber tenido algunos deslumbramientos fetichistas por esa serie...
...Esa mujer, con una capota que le borraba hasta la vagina; siempre juntando moneditas para llegar no sé a dónde….
…y él, mi  ídolo de una infancia con Bonanza temporada uno, que todo lo comprendía. TODO. ¡TODO! ¿TODO? ...Y esa sonrisa boba...y esa cara de responsabilidad ilimitada...
…las nenas, de tan buenas que eran, me resultaban inalcanzables y me hacían sentir fea y egoísta por no aportar en la casa más que mis impertinencias a la hora de rehusarme a lavar los platos, cada mediodía.
Tanto peor cuando la mayor quedó ciega. ¡Cómo envidiaba esos lentes!, porque lograron un punto de conflicto en franca ascendencia que les hacía fruncir el seño aún más  a los padres y amarrocar una mayor proporción de monedas en ese frasquito mágico.
De alguna manera también envidiaba el frasquito, por mi incapacidad de ahorro en un país que tampoco lo favorecía.
Ni qué hablar de Cándido Pérez y Señora, La Nena, Mis hijos y yo, o La Familia Falcón….
….¡juntitos, juntitos, juntitos…un padre, una madre, unos hijos y un tío solterón!
(Creo que en la canción también nombraban al perro y /o al abuelo, pero no estoy muy segura de ello. Lo mismo da)
 En aquellos tiempos no recuerdo un contra modelo de familia dentro de la oferta televisiva.  Los Simpson y Padres de Familia marcan una etapa en la que ya comenzaba a adivinar mis errores maternos.

Pero me casé y tuve hijos.
Y en los tiempos de crianza nos abrazó el amor.
Y el juego compartido.
Y los mimos.
Y apareció el frasquito que nunca terminaba de llenarse porque siempre nos ganaba la ansiedad de gastar las monedas en algo más pequeño e inmediato. En vez del viaje de vacaciones, con unos chocolates alcanzaba para satisfacer una noche de películas.
Y no hubo “lentes”, ni seños fruncidos por algún problema irresoluble.
Y muchos nos empezaron a llamar Los Ingalls. Aunque, en la medida que fue pasando el tiempo, también nos veíamos en el espejo de Los Simpson. Como les ocurrirá a casi todos, supongo.

Lo cierto es que hoy cargo con el peso de haber criado a mis hijos en un entorno de amor sabido por todos, desde el lenguaje hasta los gestos.¡Si hasta dejé de teñirme el pelo para que la tintura no atravesara la placenta y los intoxicara! 
Y ya grandes, algunos de ellos comentan en determinadas circunstancias, que tuvieron una infancia demasiado feliz y una adolescencia cómoda. Y que a la hora de resolver situaciones difíciles, se pierden un poco en la marea. Más aún, ¡cómo hacer para encontrar a alguien a quien amar durante toda la vida!, siguiendo el modelo de sus padres.

Y es en esos momentos , en los que recuerdo a una mujer con la que luché todos los años que fui directora en un jardín de infantes, porque  llevaba a sus hijos a la playa atados con una correa de perro  y permitía que cuando se quedaban solos en la casa comieran la polenta de la mascota. Y cuando yo la increpaba,  me decía que eso los iba a fortalecer de grandes, pero para eso había que criarlos sufriditos. ¿Qué será de esos niños, hoy?, seguramente portaran títulos y honores logrados a los cachetazos. Tal vez aún siguen atados del cuello de la madre. Quién lo sabe y qué más da.

Lo cierto es que tarde descubrí que no existe la educación perfecta,
ni la vida sin bemoles,
ni la leche sin pelos
ni el pajar sin agujas.

Y que el que amanece más temprano, sólo  se perdió un buen  desayuno en la cama. 

lunes, 11 de julio de 2011

Eventos circulares


Me dejaron seca. Helada.
Me chuparon toda la energía.
Casi  me dejaron sin habla.
Pero aquí estoy.
Poniendo yerba nueva y sacudiendo la modorra.
Intentando seguir el día a día.

Ahora caliento el agua para darme un buen baño.
Y me endulzo la boca con un buen terrón de azúcar.
Y mañana. Sí, tal vez mañana:

¡A empezar de nuevo!

Para que me dejen seca. Helada.
Y vuelvan a chuparme toda la energía.
Y me dejen sin habla.
Pero allí estaré.
Poniendo yerba nueva y sacudiendo de nuevo la modorra. 

Una y otra vez. 

domingo, 10 de julio de 2011

Algún día será un óleo....























En realidad no me dijo nada.
Sólo me miró, pero estaba enfurecida con esta ocurrencia mía de haberla pintado al pastel. ¡Y encima con esos colores…tan tristes!
Así que tuve acceder a sus caprichos de mujer de acrílico para que no entrara en esos silencios profundos que sólo servirían para debilitar la Serie de Mujeres.
Estoy segura de que lo que más le disgustó fue que le pintara las pupilas como si estuvieran manchadas.
Sé que mucho no la va con esas cuestiones del arte contemporáneo.
Le parece desprolijo. Un mamarracho. Lo adivino en sus ojos.

Y aquí está, un poco más colorida, aunque sin sacarme la mirada de encima.
Creo que no dí en la tecla con los colores que ella hubiera deseado.
Tampoco con la orientación en vertical. 
Porque no entiende que todo depende del el ángulo desde donde las cosas se miren. 
Pero, así seguirá.
Sólo puedo leer en sus ojos disconformidad y enojo.
Confieso que hice todo lo que pude, a pesar de no estar en mis mejores días.
¡Si aunque sea gritara, gruñera o llorara desconsoladamente!
Pero no.
El único ruido que le he escuchado últimamente ha sido un largo y profundo  suspiro que viene desde sus entrañas.
Alguna vez hablará….
Y cuando llegue ese día, juro que la pinto al óleo en una tela del tamaño de esta ventana.
Y horizontal. Para que se quede tranquila. 

sábado, 9 de julio de 2011

MEJOR ME CALLO



 Si se esperan que diga algo, van muertos.
No les voy a decir que me tienen cansada.
Sencillamente, no voy a abrir la boca.
Ni para comer.
Cuando llegue la hora de la comida, me van a buscar.
Y ¿qué van a encontrar?, nada. Ni a nadie.

Tampoco pienso tocar ni una sola cosa de la que desordenaron.
Y cuando no tengan más ropa para ponerse, me van a buscar.
Y ¿qué van a encontrar?, nada. Ni a nadie.

¡Ni qué hablar cuando él llegue a la cama! Ni pienso abrir la boca.
Y qué ni se le ocurra pedirme el control remoto. Mucho menos, mencionar que quiere ver el partido.

¡Ahí están!, pidiendo comida en un delivery.
Ni se les ocurrió preguntarme si había algo para comer. ¡Se la ven venir!

-No hijo. Yo no quiero nada. No voy a comer. Me voy a tomar un tecito, nomás.

¡Ahí tienen!. Me quedé sin comer.
 Así aprenden la lección. 
Encima justo empezó mi programa favorito.
Pero no lo voy a ver.
Para que aprendan.

Me voy a quedar así sentada, sin hacer nada.
Y cuando vean que no hablo, ya me van a buscar.
¿Y qué van a encontrar?, nada. Ni a nadie.

Ahí están comiendo empanadas. De las que a mí me gustan. Pero no pienso pedir ni una. Encima se ríen, los desgraciados. ¡Y el padre les festeja!
Parece que yo fuera de vidrio.
Me voy a poner delante del televisor y a vas a ver cómo saltan todos a la vez.

Nada. Siguen hablando.
No importa. Algún día se van a dar cuenta de que no hablo y cuando me pregunten qué me pasa, lo van a tener que adivinar.
Para que aprendan.
  



viernes, 8 de julio de 2011

De Silvita a la Señora Silvia





Cuando nací, mi tío Carlitos me bautizó La Rusa, por lo rubiecita, supongo. Sin embargo, el apodo que más tengo presente es el que – a solas – me decía mi mamá: Patito. De todos modos, mi nombre le ganó a esos apodos durante casi toda mi vida. Y me llamaron Silvia, simplemente, descartando los mami y sus derivados que siempre te rodean en los tiempos de crianza. O los  apodos que devienen del espacio íntimo de la pareja, que cambian con las distintas épocas o climas de ese tercero que se arma entre dos.
Pero hace algunos años, fui Silvita. En los tiempos en los que invitamos a los Submarinos a vivir con nosotros para que hagan su disco. Amigos de nuestro hijo mayor que se sumaron a la familia durante un año largo. De pronto fuimos doce, en vez de seis. Aunque los fines de semana se sumaban los que llegaban a visitarlos. Fusión de neuquinos y marplatenses con un hambre intenso por descubrir con la voracidad con la que lo hacen los jóvenes,  los tesoros de este mundo complejo y maravilloso.
Y de pronto me encontré siendo Silvita. No, una más. Tampoco, una menos. Un pulpo con miles de extensiones para alimentar y alimentarse de todos y de cada uno.   
Muchas  veces - cuando volvía de dar clases a las futuras docentes buscando nuevas estrategias para expresar la importancia del arte en la escuela y me desanimaba por no encontrar la pasión que esperaba, me encontraba con una ronda de mate por algún rincón en donde, a la hora que sea, se discutía acerca de cuál es el proceso de creación de los distintos lenguajes artísticos. Me sumaba a esas fogosas discusiones que muchas veces terminaban en gritos que había que apaciguar.
Unos leían Rayuela por ahí, o descubrían junto conmigo a Murakami o a Kundera. Otros, abrumados con Dostoiewski, Sartre y tantos otros que despertaban discusiones  en las que se ensayaba la vida.
Exploraban instrumentos y de pronto aparecía un bajo, un saxo, una trompeta, un acordeón, entre tantos otros. Y tocaban descaradamente, como si hubieran estudiado toda la vida. Y jugaban, jugaban, jugaban.
Y nuevamente yo, con mis tantísimos años de estudio en el piano, me volví a encontrar con ese instrumento desde otro lugar. El de la improvisación. ¡Qué pecado para alguien a quien torturaron los años de su infancia con la perfección de la partitura en mano y el pecado de errarle a una tecla!
Las chicas pululaban por ahí, también buscando un lugar. ¿Hacemos collares, bolsos, pulseras, yoga, contact, telas, circo? Y aparecían los nuevos estereotipos de una generación con un hipismo setentoso, al que sólo le faltaban aquellos ideales por los que tantos fueron desaparecidos. No se hablaba, en general,  de una política más terrenal y concreta,  por todo esto que ya sabemos y que finalmente, hoy,  ha vuelto a florecer.
Pero se buscaba vivir del arte. Se negaban a trabajar dependiendo de otros que los sacaran de su eje. Ese estilo de vida atravesaba las veinticuatro horas del día.
El trabajo es dignidad era una frase que se contraponía a ¿y, el ocio, no lo es?
Entonces, la romántica idealista que siempre hubo en mí se enfrentaba a la sacrificada que laburó desde que tuvo quince años. Y en esos choques , me perdía en una marea que hacía temblar las columnas que me habían sostenido durante años.
Y sacaba fotos. Porque ese presente, para mí, ya era un relato plagado de nostalgias. Ellos no comprendían la importancia de dejar plasmada y quieta una imagen que a mí me servía para alimentar el alma.
Presente y pasado juntos e inseparables me invadieron en ese día a día que siempre sumaba a alguien más.
Nadie comprendió nunca cómo hicimos posible esa experiencia. Mi psicoanalista me increpaba, mis amigos y parientes olfateaban con un dejo de resignación, que algo no estaba bien, ni en mi cabeza, ni en la de mi marido.
No era correcto tener una casa plagada de hippies que dormían y comían a cualquier hora. No era normal llegar a las cuatro de la tarde del trabajo y ver que recién estaban cocinando para el almuerzo que casi siempre, se concretaba a eso de las seis de la tarde.
No era normal, despertarse y que de cualquier puerta saliera alguien medio dormido y te dijera, hola…yo soy amigo de tu hijo.
No era normal levantarse a la mañana y encontrar los sillones y los pasillos de la casa con las colchonetas inflables o las bolsas de dormir siempre ocupadas.
No era normal, pero pasó.
 Y fueron rosas.
Rosas con espinas.
Dulces aromas de una juventud prestada que siempre agradecí por dentro. Pinchazos que me decían que no era normal.

Y así, de repente, todos se fueron yendo.

Y así, de repente, por esas cosas que la vida te ofrece a las cincuenta y pico, tuve que llevar a mi padre a vivir a casa.
 Y casi sin darme cuenta, pasé de ser Silvita a ser La Señora Silvia, para las mujeres que se instalaron en mi casa a cuidar de mi padre, haciéndose dueñas de un espacio que hasta hace poco había sido un centro cultural.
Si. De un centro cultural a un geriátrico.

Quiero contar que hoy, soy Silvia. Hace pocos días he dejado de ser La Señora.
Pasó el tiempo de los jóvenes, que hoy estarán probando la vida por distintos caminos. Mi padre ha ingresado al mundo de los abuelos y los cuidados intensivos que en casa ya no podíamos ofrecerle.
Y yo me encuentro buscando un nuevo apodo.
Pronto estrenaré mi nariz de Clown y tengo que poner un nombre a mi Payaso.
Pero sé que no será Silvita, ni Señora Silvia.
Busco nombre.
Se aceptan sugerencias.



jueves, 7 de julio de 2011

¡Yo ya tengo una vida, señores!


 
Les voy a decir algo.
Y nada de reírse, que no tengo tiempo para esas cuestiones.
Estoy viendo que mi blog no aumenta la cantidad de lecturas diarias como debería.
¡Hay una curva de crecimiento, ¿me entienden?! ¡Una curva de crecimiento que debe ser respetada!
¡Habrase visto! Cada día escribo más cortito para que me lean y son imposibles, ¡imposibles! ¿me entendieron?
Si hasta les pongo imágenes para que sea menos pesado. Mis estrategias didácticas son las que se utilizan para niñitos de dos años. ¡DOS AÑOS!...¿me entendieron?
Siempre con alguna excusa:
“…no sé, a mi mucho no me va eso de los blog, pero si te hace bien…!
“Es que no tuve tiempo…pero muy lindos tus dibujitos”
¡Qué dibujitos, ni dibujitos! ¡Esto  es arte, señores!
Y al arte no se le falta el respeto. ¡Insolentes!
Así que, desde hoy, quiero que CLICKEEN cada vez que cuelgo algo en el blog.
¿O para qué creen que lo hice? ¿para mí? Noooo…yo ya tengo una vida, señores.
Esto es por vocación… O NO LO ENTENDIERON!?
¡Y no se me hagan los distraídos porque yo sé muy bien lo que están pensando!
¿De qué se ríen?

 A ver: pongan CLICKEEN en el diccionario de sus máquinas. Después pongan BLOG. Después pongan ARTE. Y ahí se van a dar cuenta de lo que les estoy hablando. Y sepan que lo hago por su bien.

Ah!!, y aviso las nuevas reglas. Escuchen con atención, o tiro el mouse por los aires, porque ya me cansé:

Hay premio para aquellos que me hacen comentarios en el blog. Escuchen bien: no van a rendir final. Promocionan ….¡síiii! PROMOCIONAN
Los que sólo me hacen comentarios en el Facebook van a rendir final, pero aprueban con cuatro.
Aquellos que sólo ponen ME GUSTA, sepan que es lo mismo que regalarme  la vieja y tradicional manzana…..aunque todavía funciona.
Pero aquellos que me dicen que me leen y no lo hacen….ahhhh….esos sí….cuando me los encuentre y no sepan decirme la lección…APLAZO Y A MARZO…..
Y todo esto, es por su bien. Yo ya tengo una vida, señores.

martes, 5 de julio de 2011

Dale que éramos...



- ¿Dale que estábamos perdidas por el bosque y que venía un oso y nos quería comer?
- No.
- ¿Y que después con este palo, nosotras le aplastábamos la cabeza y resulta que el oso era bueno y nos invitaba a su casa?
 - No.
- ¿Y dale que entonces festejábamos el cumpleaños con todos los osos y nos metíamos en una cueva en la que había todo tipo de exquisiteces?
- No. Basta.
- ¡Pero de las que te gustan a vos!. Porque dale que los osos eran cheff y sabían hacer creme brulee?, ¿dale?
- No. No quiero. Salí.
- ¿Dale que este sillón era una cueva? Mirá si lo damos vuelta. Uahuuuuuuuu!!! ¡Mirá que buena cueva que tengo! ¡Yo tengo una cueva y vos no tenés nada!. ¡Vos no tenés nada!
- Dejá de hacerme burla. Basta.
- Bueno, entonces dale que como vos no querías estar en el cumpleaños,  nos matabas a todos y te quedabas con la creme brulee?
- No. Dije que no.
- Entonces te voy a matar con esta pistola que es recontra grande y que tiene una bala que desde donde tires, va directo al corazón. …perá…perá que ya te la tiro…perá que me meto adentro de la cueva…..perá, perá….no te vayas….no te vayas!!!,,,,

¡Ufa! Se fue.

Es una aburrida.
Siempre queriendo hablar del trabajo.Como si no pasáramos suficiente tiempo en la oficina.
Y de los hijos que ya no nos dan bola y tendrían que estar laburando.
Y del marido que no la entiende.
Y de los amigos del marido, que son unos hincha pelotas que siempre lo llaman para ir a la cancha.
Y de lo cara que está la ropa.
Y de que después nos van a doler todos los huesos. 
Ya está. No la invito más a jugar a mi casa.